Miseria y rebusque, alimento de la incultura ciudadana en TransMilenio

Miseria y rebusque, alimento de la incultura ciudadana en TransMilenio

El sistema, ícono de la cultura en Bogotá, está hoy a merced de limosneros y habitantes de calle.

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11 de noviembre 2013 , 07:42 p. m.

Hace apenas cinco años era impensable escuchar a un histriónico pasajero de TransMilenio entonar palabras como “Buenas noches damas y caballeros, de verdad, mi intención no es incomodar. Vengo a ofrecerles…”. Hoy, esta escena es cotidiana.

Y no solo venden: cantan, tocan instrumentos, rapean o piden por pedir; mañas del viejo sistema de transporte público del que muchos huían en buses articulados. Pero hay costumbres que no se pierden, para el desagrado de algunos de los pasajeros del sistema. (Vea en imágenes: Mendigos, vendedores y músicos: cultura pedigüeña en TransMilenio)

La Policía de TransMilenio ha identificado 119 vendedores ambulantes, 236 habitantes de calle y 70 músicos que deambulan de una estación a otra aprovechando que en los articulados y biarticulados hacen lo de dos o tres buses.

EL TIEMPO recorrió todas las troncales del sistema por varios días e hizo algunas cuentas. En promedio, cada vendedor, mendigo o músico tarda siete minutos en cada bus. Como tienen entre dos y tres vagones, reducen el trabajo a la mitad.

En un panorama pesimista, si en cada vagón hay tres personas que les dan 200 pesos cada una, en una sola subida se ganan 1.800 pesos. Así, en una hora hacen 14.400 pesos y en una jornada de ocho horas pueden llevarse hasta 115.000 pesos.

Uno de los personajes que se están convirtiendo en parte del paisaje es una mujer de unos 35 años, morena y de cabello negro. Muestra su brazo hinchado y amoratado, con señales de quemadura. Se ve todos los días en el servicio K 23, a la altura de la avenida Caracas en las estaciones de las calles 26 y 45.

Su discurso siempre es el mismo: una pipeta de gas estalló, dejó a sus hijos con el Instituto de Bienestar Familiar (ICBF) y se rebusca la vida en TransMilenio para pagarse los medicamentos. En tres meses de seguimiento, sus heridas, sospechosamente, no mejoraron.

Otro es el caso de una señora de la tercera edad que vende golosinas. Deambula entre las estaciones de Ricaurte, en la troncal de la NQS, y en la de la Avenida Jiménez, dos de las más afectadas por la presencia de vendedores ambulantes. Como estos casos hay muchos que las autoridades han sido impotentes de controlar.

Crisis de la cultura: un problema de seguridad

Claro que los ingredientes que han ayudado a fortalecer el fenómeno son las justificaciones y la permisividad de parte de pasajeros, que incluso regañan a los usuarios que protestan contra quienes dan plata en el sistema. “No hay empleo”, “el gobierno no les da trabajo”, “así es el rebusque”, se les escucha decir. Este es uno de los síntomas de la pérdida de cultura ciudadana que expone a los mismos usuarios solidarios a situaciones de inseguridad.

Denme plata pa’ la pieza que hoy no quiero dormir en la calle. ¿No cree en Dios? ¿No le teme?”, reniega un habitante de calle de unos 20 años con un tono intimidante. No mostró armas, pero las miradas de los pasajeros se clavaron en el piso, evitando que el hombre leyera el miedo en sus ojos. Uno cedió y le dio unas monedas, tal vez por temor.

Según Humberto Gómez, gerente de comunicaciones de TransMilenio,“la situación no solo les incomoda a muchos de los usuarios, sino que fomenta la inseguridad. Detrás de estas personas pueden subirse los ladrones para delinquir”. Y las cifras preocupan, pues a septiembre de este año, la Policía ya había capturado a 551 atracadores, agresores y personas que portaban armas ilegalmente dentro del sistema.

El coronel José Luis Palomino, comandante de Policía de TransMilenio, dice que “la mendicidad no está permitida, pero es una vieja costumbre que se ha subido del viejo sistema”. Este año han amonestado a 1.750 personas por incurrir en esta práctica, y ya existe un programa de atención para el habitante de calle.

El experto Fabián Sanabria, director del Instituto Nacional Colombiano de Antropología e Historia, señaló que “no debe extrañar que el rebusque, la economía de buseta, se suba a los articulados. Es un reflejo de los indicadores económicos del país y la ciudad. Sucede incluso en París”.

En su concepto, los usuarios deben rechazar estas actividades dentro del sistema. “El llamado es a no dar plata a la mendicidad ni comprar, porque esto fomenta la actitud”, dijo.

Natalia Gómez
Redactora EL TIEMPO

 

 

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