El activista que se volvió alcalde de Nueva York

El activista que se volvió alcalde de Nueva York

De Blasio rompe el molde: seguidor sandinista, de familia interracial y amante de la escuela pública

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09 de noviembre 2013 , 10:15 p.m.

Cuando Bill de Blasio lanzó su candidatura, los sondeos indicaron que no atraía ni el 10 por ciento de los electores. “Amigos y enemigos creyeron que no tenía ningún chance”, reconoció su propia hija, Chiara de Blasio, durante las elecciones primarias en septiembre. “Pero acá estamos”, agregó.

Efectivamente, el defensor del pueblo que hasta hace poco era un desconocido para la gran mayoría de los neoyorquinos será el encargado, desde enero, de dirigir la ciudad más grande de Estados Unidos durante los próximos cuatro años. Con un discurso liberal, que muchos tacharon de izquierdista, y la promesa de reducir la desigualdad social, de Blasio, de 52 años, aseguró la victoria más amplia que ha registrado la alcaldía de Nueva York desde 1985, con un margen de casi 50 por ciento sobre su oponente republicano, Joe Lhota. Pero también es cierto que las elecciones del martes fueron unas de las de más baja participación electoral, con apenas 24 por ciento de asistencia a las urnas entre las personas inscritas para votar.

Cuando, en enero de este año, De Blasio lanzó su campaña frente a su casa en Brooklyn, una residencia modesta comparada con la mansión cerca del Parque Central, en Manhattan, del actual alcalde Michael Bloomberg, pocos neoyorquinos habían escuchado hablar del aspirante demócrata. Su trabajo como defensor del pueblo de la ciudad y periodos en el concejo municipal habían elevado su perfil político, pero dentro de círculos muy específicos. Hasta agosto de este año, su candidatura estaba rezagada, de cuarta, en la contienda interna demócrata, detrás de la del excontralor William Thompson, de la de la líder del concejo municipal, Christine Quinn, y de la del exrepresentante a la Cámara Anthony Weiner.

Pero su agenda progresista, sus raíces como activista y su familia multirracial lograron mover la balanza.

Michael Bloomberg luchó contra los fumadores, las comidas altas en calorías y las bebidas endulzadas. El blanco de De Blasio son quienes tienen ingresos anuales de más de medio millón de dólares, a quienes piensa gravar con más impuestos. La idea es usar esos fondos adicionales en la implementación de un programa universal de preescolar gratuito e iniciativas de actividades extracurriculares para los estudiantes de secundaria. El alcalde electo también prometió la construcción de unas 200.000 unidades de vivienda de interés social en los condados fuera de Manhattan, los cuales, a su juicio, fueron ignorados por el alcalde actual.

Y aunque ha expresado su apoyo a las medidas de Bloomberg contra el tabaco y las calorías, dijo que suspenderá la polémica práctica de la policía de realizar requisas sin motivo alguno, porque de forma abrumadora y discriminatoria apunta a afroamericanos e hispanos.

De Blasio llega a la alcaldía marcando muchos precedentes. Es el primer demócrata en dirigir la ciudad en dos décadas. Es el primero que asume el cargo mientras uno de sus hijos estudia en una escuela pública. Es el primero que instala a una primera dama afroamericana, Chirlane McCray, en la residencia oficial y el primero con hijos de raza mixta: Charlene, de 18 años, y Dante, de 16. “Somos una familia convencional muy poco convencional”, dijo su esposa. Muchos aseguran que el masivo afro de Dante fue clave para ganar la alcaldía, gracias a su aparición en un efectivo comercial de televisión lanzado en agosto y dirigido a los afroamericanos y latinos de la ciudad.

De Blasio también es el primer alcalde que comete el sacrilegio de ser hincha a muerte de los Medias Rojas de Boston, los archirrivales de los Yankees. En menos de 10 días tuvo la fortuna de celebrar el triunfo de su equipo en la Serie Mundial y su victoria electoral. Claro, el entonces candidato tuvo que contener su júbilo en plena campaña diciendo que el último partido fue “algo especial” y que le trajo a la mente muchos recuerdos.

Su afinidad deportiva responde a sus raíces en Cambridge (Massachusetts), donde se crió luego de que su familia dejó Nueva York, a comienzos de los años 60. Sus padres se separaron cuando él tenía 8 años, y De Blasio ha reconocido que la relación con su padre, un veterano de la Segunda Guerra Mundial que se suicidó en 1979, fue casi inexistente. En 1983 (y más adelante en una enmienda, en el 2001), el alcalde electo abandonó legalmente su nombre original y apellido paterno, Warren Wilhelm, a cambio de Bill de Blasio. Su argumento ante el juez: “Debido al divorcio de mis padres cuando yo tenía 8 años, fui criado esencialmente por mi madre y su familia. Estos individuos y su herencia italiana han sido la influencia más importante en mi vida”.

Ese inconformismo con lo establecido fue evidente desde su juventud, que estuvo marcada por un espíritu activista. De Blasio era del tipo que organizaba movimientos y peticiones ante los directivos de su colegio cuando él o sus compañeros consideraban que algo no estaba funcionando. Por ejemplo, en la secundaria llevó a cabo exitosamente una campaña por una mejor clase de gramática. Sus actividades en defensa de los derechos de los estudiantes le merecieron un perfil en el diario Boston Globe a los 17 años.

Esa conciencia social lo llevó más adelante, cuando ya estudiaba en la Universidad de Nueva York, a unirse a movimientos socialistas. Durante la campaña a la alcaldía salió a flote un viaje que realizó en 1988 a Nicaragua, en apoyo de los sandinistas. Su afiliación con un régimen que empezó con aspiraciones revolucionarias y degeneró en tácticas represivas sirvió de munición para sus oponentes.

De Blasio defendió este episodio en el contexto de la época. “Mi motivación fue la política exterior de Estados Unidos, la cual consideraba iba en la dirección equivocada al intervenir en los asuntos de otro país de forma incorrecta, apoyando dictadores y fuerzas negativas que no se ajustaban a los valores de este país”, le dijo a la revista The New Yorker. Esto no evitó que muchos de sus rivales lo tacharan de marxista.

Irónicamente, esa tendencia de estar siempre defendiendo una causa no resultó en una actitud beligerante. Si algo, una de las críticas es que su personalidad es un poco plana. Él lo ve como un activo, y destaca que no quiere decir que carece de capacidad de decisión. Cita el estilo de consenso y poco controvertido del gobernador de Nueva York, Andrew Cuomo, como un ejemplo de lo efectivo que puede ser ese estilo.

Sus habilidades organizacionales fueron puestas en buen uso en la gerencia de campañas para entidades sin ánimo de lucro y políticos, incluyendo la de Hillary Clinton, en el 2000, cuando la exprimera dama se lanzó al senado de EE. UU. por el estado de Nueva York.

Su familiaridad con el tejemaneje político le ayudó a determinar desde el principio que solo con un discurso marcadamente diferente, en términos de desarrollo social, al de Bloomberg tendría una oportunidad y así se lo dijo a The New Yorker.

“Lo que se dio con Bloomberg fue un elitismo que no quiero repetir... Tengo la esperanza de haber mostrado mi habilidad para conectarme con la gente... Ellos quieren un liderazgo que pueda identificarse con su realidad, especialmente dadas las dificultades económicas de los últimos cinco años... Los neoyorquinos quieren a alguien que los escuche”.

Esa actitud más aterrizada fue evidente durante la celebración de su victoria, que se realizó en un antiguo depósito de armas en Brooklyn, en lugar del típico salón de hotel en Manhattan.

“Estamos muy orgullosos de lo que hemos logrado en esta campaña. Seré claro: nuestro trabajo acaba de empezar. Los problemas de nuestra ciudad no serán fáciles de resolver. Pero una cosa es clara: la gente de esta ciudad ha elegido el camino progresista, y esta noche empezamos a caminar”, dijo en español el alcalde electo en su discurso triunfal. La noche de celebración concluyó con un smack down, un paso de baile con su familia que consiste en agacharse, tocar el piso y levantarse de un salto. Los neoyorquinos esperan que esa habilidad para bajar a tocar las bases y luego subir para hacer algo por ellas sea puesta en práctica en la dirección de la ciudad.

El político, en datos

Es uno de los alcaldes más altos de EE. UU. Y uno de los más jóvenes. Tiene 52 años y mide casi 1,90 metros.

Tiene mejor relación con América Latina que su predecesor. De Blasio pasó su luna de miel en Cuba, estuvo vinculado a varias entidades con lazos en América Central y justo después de su victoria, el martes pasado, viajó a Puerto Rico a descansar.

Será el primero en ocupar la residencia oficial, Gracie Mansion, en 12 años. Bloomberg decidió quedarse en su lujosa casa durante sus tres periodos al frente de la ciudad.

Su esposa, Chirlane McCray, una poeta de 58 años, declaró en un ensayo en la revista ‘Essence’, en 1979, que era lesbiana. A la pregunta, en junio de este año, de cómo pasó de ser lesbiana a enamorarse de un hombre respondió: “Poniendo de lado las suposiciones que tenía sobre la forma y el paquete en el que vendría mi amor”.

CLAUDIA SANDOVAL GÓMEZ
EL TIEMPO

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