Pánico y placer

Pánico y placer

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08 de noviembre 2013 , 07:10 p.m.

Hay que tomar aire, armarse de paciencia con el maldito tráfico de Bogotá y recorrer la mayoría de galerías de la ciudad. Hay de todo. Es imposible no agachar la cabeza ante la gran exposición del chino Liu Bolin en la Galería La Cometa. O no ver el color y las caras desconocidas de Nadín Ospina en la Galería El Museo. O no ir al Museo de la Universidad Nacional y no quedar con un vacío en el estómago luego de ver las desoladoras piezas de artistas como José Alejandro Castaño, Luis Ángel Rengifo y Feliza Bursztyn. O no sonreír con cada dibujo de Kevin Mancera en Nueveochenta.

No pude decidir de qué quería escribir. Me encantaría gastar miles de palabras hablando de la potencia técnica de Liu Bolin y tratar de describir la manera en que su figura se camufla en un grafiti en París o en una biblioteca pública de Verona. O hablar de la exposición del Museo de la Universidad Nacional –y creemos en el mismo Dios–, que, una vez más, logra presentar una muestra de antología y repasa la violencia colombiana con obras tan impactantes como la videoinstalación de José Alejandro Restrepo, que –con un prodigio técnico– convierte la sala principal en una piscina, en la que se reflejan seis cruces de cementerio. El sonido de fondo de la obra es la voz de varios paramilitares que piden perdón. Y la sensación es escalofriante.

La misma sensación que produce la obra de Clemencia Echeverri con las imágenes y el sonido de un río donde pueden flotar todos nuestros muertos. Y la misma Clemencia Echeverri expone otra videoinstalación en la Galería Alonso Garcés que muestra el horror que puede vivirse en el interior de una finca de campesinos en Colombia. Las seis pantallas que conforman la muestra presentan imágenes de paisajes alucinantes, caminatas de personajes de dudosa procedencia en el campo y, en su momento cumbre, una imparable persecución dentro de una finca. No se sabe si los personajes huyen o se esconden, pero cada imagen transmite la angustia, el pánico y la tensión con los que se vive en las zonas rurales del país.

Y, entre otras cosas, está la muestra de Marcius Galan en Nc-Arte. Y su obra es el placer total de los sentidos; no hay manera de resistirse ante unas líneas en el piso que se convierten en paredes, o ante una lámina de cristal que, tras pasar la mano, queda claro que no existe y es solo la ilusión de un mago.

Fernando Gómez Echeverry
@LaFeriaDelArte

 

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