Vía al centrismo

Vía al centrismo

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08 de noviembre 2013 , 04:42 p.m.

Al diálogo de paz se le exige lo que no puede dar, a no ser por milagro. Lo inmediato al alcance es parar la guerra, que la gente no huya despavorida, ni mueran más combatientes, ni haya más mutilados. Otra cosa es que abra posibilidades sociopolíticas cuya realización toma tanto tiempo como opacar mentalidad y causa que produjeron la guerra, o sea traslado a política de la violencia cuya configuración nunca se incorporó adecuadamente a la vida pública. A modernizarla contribuiría que los extremismos de guerra fría, macartismo y sovietismo se resolvieran en centrismo pluralista. Son normales los sectarismos, que se emparentan, los hay en todas partes, pero es tiempo de que aquí dejen de polarizar la opinión y bloquear criterios que convencionalmente son un término medio, otra convención como derecha o izquierda, pero que es fácil identificar.

No que hayan tenido el mismo espacio una y otra colombianas; menos fuerte y dogmática, la izquierda robusteció casi hasta el monopolio la reacción que domina aún mucho discurso. Izquierdas y derechas locales, por lo demás, reflejan su congelamiento en la región, todavía vigoroso, que la debilita en la competencia global donde la asociación es necesidad de supervivencia. Esa inercia ideológica del medio siglo es paradigmática en la Colombia encasillada en pareceres anacrónicos que la alejan de la actualización en la que la conflictividad se ve desde perspectiva diferente al esquematismo bipolar. Si algo positivo queda del sectarismo es haber estimulado la ciencia social de que ahora es torpe prescindir en nombre de populismos y caudillismos.

La disposición a dialogar y ceder avanza en ese sentido; el esfuerzo, debilitando la polarización y el debate, descubriendo realidades recluidas en un encono cuyos extremos se tocan. Precedido por otros y precedente para otros, el proceso obliga a acercamientos que necesitan experimentarse, de pronto sin resultado espectacular y sí altibajos, pero con pautas difícilmente reversibles. Mientras el mundo reclama acercar extremos de desigualdad, el país mantiene su rezago feudal en política, el campo y su producción, fomento de violencia; por su parte, su socialización con apenas atisbos de libre examen, debido a la rendición del liberalismo al unanimismo del Frente Nacional, dividido por eso hoy en reacción latifundista y tímida burguesía progresista, evidente el atraso que en otras partes se ha resuelto en la vía intermedia entre capitalismo salvaje y socialismo totalitario. La sectarización además impide oír la presión internacional contra la barbarie que desacuerda el país de la institucionalidad mundial.

El centro desvanece choque y aniquilamiento, legalidad en vez de fuerza, pero sobre todo reconoce extremos reales en calidad de vida. Electoralmente, expresiones nuevas intentan abrirse paso, tampoco la tierra prometida, pero sí posibilidad de dejar atrás la época nefasta del dogmatismo colonial, luego de beligerancia bipartidista, ahora de guerra fría.

Jorge Restrepo

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