Editorial: Cien años de compañía

Editorial: Cien años de compañía

06 de noviembre 2013 , 06:56 p.m.

Albert Camus está cumpliendo cien años. No hace falta decir que “tendría un siglo si no hubiera muerto tan temprano”, porque su obra, una extraordinaria suma de ensayos, dramas y novelas que reivindican al hombre en medio de la deshumanización y de lo que él mismo llamó “el sentimiento del absurdo”, lo ha convertido en uno de esos escritores que nunca dejan de ser relevantes. Aún hoy novelas desencantadas y tensas como El extranjero (1942), La peste (1947) y La caída (1956); obras de teatro tan reveladoras como Calígula (1944), Estado de sitio (1948) o Los justos (1950), y ensayos vigentes y cuestionadores como El mito de Sísifo (1942), Cartas a un amigo alemán (1948) y El hombre rebelde (1951) que siguen llamando a sus lectores a no permitir que la violencia y el despotismo vayan minando sus conciencias.

Camus, nacido el 7 de noviembre de 1913 en Argelia, en una familia de colonos franceses, y que desde muy joven demostró su talento para la escritura y su intuición para la filosofía, fue testigo de los peores horrores del siglo XX. Enfrentó los desmanes del nazismo, el capitalismo y el comunismo con el mismo coraje. En sus textos valientes, que en su tiempo causaron revuelo y hoy son una invitación a la sensatez, reivindicó la resistencia contra los totalitarismos. En parte porque el mundo estaba en suspenso en los días de la Guerra Fría, en parte porque supo diagnosticar a tiempo los males de la época, su influencia llegó a todos los lugares del mundo. En Colombia fue respetado por los escritores del grupo de Barranquilla, por los poetas de la revista Mito y por los nadaístas. Y tuvo un amigo en el entonces propietario de EL TIEMPO, el expresidente Eduardo Santos, a quien homenajeó como orador en un encuentro de 1955.

Quiso ser futbolista, pero una tuberculosis se lo impidió. Y sin embargo fue en el fútbol, según dijo, donde aprendió muchas de las convicciones –el coraje, la resistencia, la recuperación de lo humano– que, sumadas a la innegable calidad de sus textos, lo hicieron merecedor del Premio Nobel a los 44 años. Murió el 4 de enero de 1960, a los 46, en accidente automovilístico. Su nombre y su obra siguen articulando la extrañeza de un mundo en guerra que aún no aprende sus más duras lecciones.

editorial@eltiempo.com.co

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