Del amor y el dinero

Del amor y el dinero

04 de noviembre 2013 , 06:13 p.m.

Es, sin duda, triunfal el regreso de Woody Allen a la escena norteamericana. Después de una larga serie europea con rodajes en Londres, Barcelona, París y Roma, las calles neoyorquinas vuelven a recibir a este prolífico director, que en las últimas décadas ha dado a luz en promedio una película por año. Y a la escena neoyorquina, que tan bien conoce, le suma en esta ocasión a la imponente San Francisco, la culta, refinada y hermosa ciudad de la costa oeste.

Controvertida como muchas de sus creaciones y, como casi todas, capaz de enfrentar y de dividir a la crítica, Blue Jasmine es otro derroche de genialidad de Allen. Aunque es muy difícil establecer listados de las mejores y darle a esta película un lugar en ellos, me atrevo a decir que está en el top five de este polémico director, muy cerca de la magistral Medianoche en París.

Blue Jasmine recrea, de manera paralela, las historias de amor de dos hermanas: una que ha tenido fortuna con el dinero, y otra que ha carecido de él; una que vive de las apariencias y las marcas, y otra que anda por la vida sin la presión del qué dirán. Sin embargo, estas historias no son más que la disculpa para hablar de la ambición, del consumismo, del engaño. Se trata de una dura, durísima, crítica al esquema consumista que terminó por imponerse en el mundo, y una crítica mordaz a los que buscan el dinero sin consultar ética ni moral, y a los que se venden y soportan mentira y maltrato a cambio de una efímera tranquilidad económica.

Sobrecogedora y apabullante, Blue Jasmine retoma algunas de las viejas historias neoyorquinas de Woody Allen, dibuja personajes atormentados y dependientes, cuestiona la institución del matrimonio y señala algunos de los caminos que llevan a la soledad y la locura del mundo contemporáneo, pero lo hace con el estilo depurado que consiguió en Europa y con el cual le dio un giro a su producción sin abandonar su esencia. Cuenta en Blue Jasmine con la increíble complicidad de un elenco sólido y talentoso, pero en especial con Cate Blanchett –la triste Jasmine–, que se convierte en uno de los más conmovedores personajes de la cinematografía de Allen, y sobre el cual con seguridad lloverán los más codiciados premios.

Uno sale de ver Blue Jasmine con ganas de repetirla pronto y con la ilusión de que la próxima de Woody Allen llegue sin demora.

Fernando Quiroz
@quirozfquiroz

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