Editorial: El costo de la codicia

Editorial: El costo de la codicia

03 de noviembre 2013 , 06:51 p.m.

Hay aniversarios que no ameritan celebrarse. Tal es el caso del derrumbe de la firma InterBolsa, la que era la principal comisionista del mercado de valores, cuya intervención tuvo lugar hace un año, lo que afectó seriamente la confianza de los inversionistas y dejó una estela de pérdidas cuantiosas.

Desde entonces, no solo se hundió la nave insignia de un grupo que administraba nueve billones de pesos y tenía a su cargo buena parte de las negociaciones de deuda pública. También cayó un entramado de medio centenar de sociedades, de dentro y fuera de Colombia.

El estallido obligó a la intervención de las autoridades, que lograron, no sin angustias, evitar una reacción en cadena, que habría tenido consecuencias nefastas, sobre todo en el sistema financiero, debido a los vasos comunicantes que existen entre diversos tipos de entidades. El haber podido atajar la avalancha es quizás lo único salvable de una situación indeseable, cuya causa primordial fue la codicia de los directivos del conglomerado.

Y es que en lo que hace a InterBolsa no se puede hablar de un hecho externo que afectara el curso de los negocios en forma inesperada. En cambio, lo que hubo fue el interés de obtener ganancias extraordinarias apalancándose con el dinero del público, como sucedió con el uso de los mecanismos de venta con pacto de recompra de acciones, concentrados en títulos de Fabricato.

Esa, ha quedado claro, no fue la única infracción. El largo proceso de atar los cabos que han realizado las superintendencias Financiera y de Sociedades demuestra que en más de una ocasión fue violada la normativa vigente y que el compromiso fiduciario adquirido, consistente en respetar los derechos de los clientes, se rompió en múltiples ocasiones. También fueron adoptados esquemas para evadir impuestos o mover dineros de aquí y allá por debajo del radar de los organismos de supervisión.

Particularmente escandaloso es lo sucedido con el Fondo Premium, un vehículo de inversión domiciliado en Curazao, con el cual había un cordón umbilical que muchas veces fue negado por los voceros de InterBolsa. En forma censurable, decenas de personas naturales y jurídicas fueron convencidas de trasladar sus recursos a la isla caribeña con la promesa de rentabilidades que no se materializaron.

Según las cuentas de los funcionarios encargados de liquidar las sociedades intervenidas, hay todavía unos 600.000 millones de pesos en riesgo, de los cuales serían recuperables hasta dos terceras partes. En ese sentido, se podría hablar de que el costo de la debacle sería mucho menor que lo calculado inicialmente.

Aun así, es incuestionable que la justicia debe hacer su trabajo, sobre todo en el plano penal. Resulta increíble que, tras meses de titulares y revelaciones, las personas que se enriquecieron de manera fraudulenta sigan orondas en la calle, mientras algunas de sus víctimas no se reponen del impacto de haber perdido los ahorros de toda una vida. Por tal motivo, hay que hacer un nuevo llamado para que después del crimen venga el castigo, y ojalá en forma ejemplar.

Al mismo tiempo, es necesario aprender las lecciones de lo ocurrido con el fin de minimizar las probabilidades de que algo parecido suceda. Así, no basta con las resoluciones que se han expedido hasta la fecha, sino que tanto la propia Bolsa como los organismos estatales deben mejorar instrumentos y tiempos de respuesta para que tan lamentable historia no se repita.

editorial@eltiempo.com.co

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.