El desafío de una mujer al volante en Arabia Saudí

El desafío de una mujer al volante en Arabia Saudí

Las mujeres no pueden obtener una licencia de conducción en ese país.

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03 de noviembre 2013 , 04:44 p. m.

Con llavero en mano, lentes de sol de diseñador y acicalada con su abaya (túnica islámica), se prepara cada día, casi como un rito, para subir a su auto Manal Al Sharif, para quien esos simples gestos son parte de su odisea por desafiar la prohibición de conducir que las mujeres tienen en Arabia Saudí.

“El sonido del motor, cuando enciendo mi auto, es un pequeño triunfo para mí”, contó a EL TIEMPO la mujer saudí de tez morena y de inglés fluido, que se convirtió en la activista más reconocida y también más perseguida en su país por promover la campaña Women2Drive, que ha llevado en los dos últimos años a centenares de mujeres de su país a atreverse a conducir y publicar en Internet su ‘osadía’.

Manal fue encarcelada en junio del 2011; su hermano, golpeado, y su padre, expuesto al escarnio público por las autoridades religiosas de línea dura musulmana. Ahora vive entre Dubái, la ciudad más famosa de los Emiratos Árabes Unidos, y ‘el reino de los machos’, como llaman a Arabia Saudí, mientras da conferencias y sigue siendo la abanderada de la defensa de los derechos de las mujeres en su país.

Pese a las férreas represalias, Manal volvió a encabezar, el pasado 26 de octubre, la campaña de mujeres al volante en el país petrolero. “Esta lucha va más a allá de abogar por el derecho de la mujer a conducir”, recalcó la activista, de 30 años.

La prohibición de conducción en Arabia Saudí sobre la mujer no se basa en una ley escrita, sino en sentencias religiosas impuestas por la Policía que han impedido que la mayoría de ellas –saudíes y extranjeras– obtenga la licencia.

Conducir es una de las tantas restricciones que padecen las mujeres en este país, donde rige una estricta interpretación de la ley islámica o sharia, que impone la segregación en espacios públicos. Las mujeres no pueden salir del país sin un varón de la familia.

En el país, miembros del Mutawa, o Policía moral, recorren vestidos de civil las calles para reprimir cualquier acto que consideren inmoral. Grupos conservadores también han emprendido su propia campaña en Internet, incitando a que golpeen a las mujeres que conducen, propuesta respaldada por algunos predicadores, que han calificado de “corrupta e inmoral” la campaña por el derecho femenino a conducir.

Manal mantiene la misma actitud retadora que la movió cuando se atrevió a conducir, frustrada de depender de los hombres de su familia para movilizarse. “En Dubái me siento tranquila, trabajo, conduzco, salgo con amigos y comparto la vida con mi hijo Abudi”.

Así como Manal, muchos saudíes viajan a Emiratos Árabes Unidos (EAU), país menos riguroso con las leyes islámicas, para hacer muchas cosas que serían impensables en su propia patria. Los EAU se han convertido en el centro de relax para los saudíes, cuya presencia se ha hecho familiar en hoteles, centros comerciales y restaurantes, además de invertir en propiedades y negocios.

“Me encanta Dubái porque acá puedo salir sola, sin tantas restricciones. Puedo conducir, ir de compras y hasta ir a la playa”, dice May Wardi, una universitaria saudí cuyos padres decidieron mudarse a Dubái para que ella pudiera tener “una vida normal” y no restringida, como la que se vive en la conservadora sociedad saudí. Lo primero que hizo el padre de May fue enviarla a una escuela de conducción y sacar su licencia.

De acuerdo con las estadísticas del departamento de licencias, la Autoridad de Carreteras y Tráfico, hay unas 120 mujeres saudíes que tienen licencia de conducir en los Emiratos. Las nacionalidades que ostentan más licencias de conducir corresponden a las europeas, con 211.310 licencias; las emiratíes, con 37.478, y otras nacionalidades, con 57.243.

Las mujeres saudís también viajan a Bahréin para aprender a manejar y conseguir sus licencias. “Mi papá me enseñó a manejar desde que tenía 16 años y decía que algún día me sería útil. Al anochecer, mi papá me acompañaba por el vecindario y cuando cumplí 21 años, conducimos hasta Bahréin y tomé clases y me dieron mi licencia internacional que aún uso”, cuenta Afaf Al’Yafi, una profesora universitaria que vive ahora en Dubái.

“Las mujeres saudís están consiguiendo licencias en el extranjero porque en su propio país es impensable”, dice resignada la columnista Sabria Jawhar, quien espera que un día cercano el drama de las mujeres al volante sea solo una historia del pasado.

MARÍA VICTORIA CRISTANCHO
Para EL TIEMPO
ABU DABI

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