El Presidente resolvió su encrucijada a favor de mesa de La Habana

El Presidente resolvió su encrucijada a favor de mesa de La Habana

Este ciclo de la negociación irá hasta lograr el acuerdo sobre participación política.

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02 de noviembre 2013 , 08:27 p.m.

El presidente Juan Manuel Santos decantó y se quedó con el proceso de paz. Y al resolver así la encrucijada en la que estaba a mediados de octubre, cuando algunos le decían que era hora de romper con las Farc, dejó planteado el dilema de la campaña presidencial.

Quiera o no, el país votará a favor o en contra de la paz como se está negociando hoy.

De la decisión del Presidente de ir hasta el fondo con su apuesta de cerrar el conflicto armado de 50 años han sido muestras contundentes sus recientes pronunciamientos contra los “buitres” que solo quieren ver “sangre derramada”.

Otras veces ha dicho que a la paz se llega “por las buenas o las malas”, pero todo indica que el mensaje por la paz con diálogo será sostenido de aquí hacia adelante, aunque no ha anunciado si será candidato.

Otra evidencia de su decisión por los diálogos con las Farc es la extensión del ciclo 16 de la mesa de negociación de La Habana, que debía concluir ayer. En principio hasta mañana, pero podría ser algo más si no se alcanza a cerrar el acuerdo con la guerrilla sobre su participación política tras un eventual pacto definitivo de paz.

La idea es no salir de la isla hasta tener listo este punto, el número dos de una agenda de seis.

Nuevo ritmo

Y es aquí donde está una de las razones del presidente Santos para mantener la negociación con las Farc, a pesar de los críticas por los resultados hasta ahora modestos del proceso de paz.

Como era obvio, tenía que haber algo que le indicara que valía la pena seguir, y será el cambio en el ritmo de la mesa de diálogos. Para ser más exactos, en el ritmo del grupo guerrillero.

Según supo EL TIEMPO, por lo menos este resto de año, y hasta que se decida si el proceso de paz se suspende o entra en una condición especial (por definir) durante la campaña electoral, los recesos no serán de nueve días. Serán de tres o cuatro días máximo.

La mesa de paz entrará entonces en trabajo intensivo.

Aunque en público las Farc han dicho que por ellas siempre habría sido así, la realidad es que en varias ocasiones las pausas han sido más largas porque el grupo armado ha pedido tiempo para hacer consultas.

En palabras de ‘Timochenko’, máximo jefe de las Farc, “la continuidad del proceso de La Habana (…) no está en dependencia de los intereses de Santos, sino que reposa en la voz (…) de los millones y millones de compatriotas que no quieren más esta guerra”. Pero no es descartable que en privado las Farc estén aceptando que políticamente les hace bien sintonizarse con la onda del Gobierno de mostrar resultados.

Al final, esto es lo que importa, independientemente de lo que las motive.

Esta guerrilla difícilmente reconocería que la popularidad del expresidente Álvaro Uribe haría mella en sus ritmos, pero no ha pasado por alto lo que su candidato presidencial, Óscar Iván Zuluaga, le dijo a María Isabel Rueda el pasado lunes. Que de ser elegido acabaría con el proceso de paz de La Habana.

Hasta un poema, por supuesto lleno de ironía, le dedicó ‘Jesús Santrich’ al tema.

Es claro para las Farc que las fórmulas intermedias entre santismo y uribismo, con opción electoral, como la Alianza Verde (unión de Progresistas y Verdes), no están en contra de la manera como se está llevando a cabo el actual proceso de paz.

Es de esperarse entonces que con un nuevo ritmo en La Habana, el punto siguiente en la negociación, narcotráfico y cultivos ilícitos, no se lleve los cuatro meses que se ha gastado el de participación política, y menos, los seis que se gastó el acuerdo parcial en tierras.

Incluso, comenzar a hablar este año de la dejación de armas, un tema que nunca había entrado en una agenda con las Farc, es parte de las metas dentro del renovado momento del proceso de paz, que ya se metió en la campaña electoral.

Lo grueso en participación política

Si bien el país ha oído muchas propuestas de las Farc en el tema de participación política, el plato fuerte en este punto es el número de curules que tendrían en escenarios como el Congreso.

De hecho, el grupo guerrillero fue explícito y concreto al pedir curules por asignación directa y por un tiempo específico en el Legislativo, las asambleas departamentales y los concejos municipales.

Esta solicitud no riñe para nada con la agenda de negociación, pero no es claro si el número de curules quedará especificado en el acuerdo sobre participación política o será una discusión para más adelante.

Los otros temas gruesos del punto dos de la agenda con las Farc son el estatuto de la oposición y las garantías que el Gobierno ofrecerá para la protesta social.

MARISOL GÓMEZ GIRALDO
Editora EL TIEMPO
En Twitter: @margogir

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