Viáticos de 5'264.000

Viáticos de 5'264.000

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02 de noviembre 2013 , 07:10 p.m.

En el 2006, Semana destapó un paseo a Neiva de magistrados de altas cortes con sus esposas, costeado por un empresario –hotel, avión y gastos–. Después vino lo de Giorgio Sale, sus regalos y manoseos varios. Más tarde, los roscogramas judiciales: yo le nombro, usted me nombra, todos nos nombramos. A continuación, el escándalo de los multiviajes al exterior y las puertas giratorias. La guinda fue el vulgar arreglo pactado con sus amigos de las cámaras legislativas para ampliar privilegios en la fallida reforma de la justicia. Y ahora, unas conversaciones comprometedoras de un magistrado de dudosa reputación.

¿Y todo lo que se les ocurre proponer para enterrar tanta vagabundería es liquidar la pestilente Sala Disciplinaria del Consejo Superior de la Judicatura? Sería imitar la estrategia favorita de los gobiernos: cambiar de nombre las entidades corruptas para que la opinión pública se calme, aunque después todo siga tan turbio como antes.

Yo insisto en mi vieja tesis: mientras las altas cortes, todas sin excepción, no tengan voluntad de abandonar el reino de las malas prácticas para pasarse al imperio del bien, toda medida será inútil.

Las actuales reglas del juego son tramposas y, aunque lleguen magistrados honestos, siempre terminarán contaminados por las manzanas podridas, ya sea por acción, omisión o por imposibilidad de derrotar una hidra de siete cabezas.

Vean el ejemplo de la Corte Suprema. Tras tamaño escándalo por el crucero de su presidenta, la Sala Penal en pleno realiza un periplo que incluye una semana en Washington y diez días en Puerto Rico.

Aparte de que no trabajan en lo que al colombiano le importa, que son la montaña de procesos sin resolver, cada turista de toga recibe la módica cifra de 752.000 de pesos diarios de viáticos y como en esos tures hay mucha vaina pagada, siempre les queda una buena plata para llevarse a casa.

Ante la avalancha de críticas, se la pasaron estos días prometiendo corregirse, pero antes que palabras necesitamos acción y hay una a la vista. El Consejo de Estado decidirá pronto qué hace con el chicharrón de dos magistrados de la rosca de las altas cortes que desconocen el significado de la palabra “vergüenza”.

Pedro Munar y Francisco Ricaurte pasaron de la Corte Suprema al Consejo Superior de la Judicatura gracias al voto de sus colegas. Alguien demandó el abuso y, si bien la ponencia inicial de la sala 5.ª del Consejo beneficiaba a la pareja, unos magistrados encontraron impresentable la puerta giratoria y prefirieron estudiar el fallo en Sala Plena. Por cierto, ¿recuerdan que Munar fue aquel elegido presidente de la Corte Suprema para que le dieran pasaporte diplomático? Nunca ejerció, ya que su palomita de 4 semanas, regalo de su antecesor, Arrubla, coincidió con las vacaciones de diciembre. A uno que lo preocupa lo que decidan es al magistrado Camilo Tarquino porque se le puede dañar la vuelta. Aspira a pasar de la Corte Suprema a la Constitucional de su íntimo Jorge Iván Palacio, siguiendo el ejemplo de Munar y Ricaurte.

Casi al mismo tiempo, el Consejo de Estado decidirá si suspende a los 12 parlamentarios que conciliaron la reforma de la justicia. Si los condenan, ¿qué harán con los magistrados que metieron ‘micos’ y cuadraron artículos con los congresistas?

En manos del Consejo está frenar tanta vagabundería, sin necesidad de tocar la Constitución, y demostrarnos que les queda un resquicio de pudor.

Salud Hernández-Mora

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