La mamá ante su hijo borracho

La mamá ante su hijo borracho

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01 de noviembre 2013 , 06:35 p.m.

¿Por qué el colombiano no asimila que beber manejando es delictivo? Esta semana, supimos que un ebrio condujo una tanqueta de la policía y arrolló transeúntes. Antes, el concejal Martínez, de Chía, demostró que no les teme a Dios ni a la policía. En el video de RCN vimos su insensatez, huyendo en contravía por las principales calles de Bogotá con otro caballero bizarro, vestido de gala, que no abría ojo de la borrachera. En el último informe de accidentalidad nacional, el único ítem que no bajó fueron los homicidios por embriaguez. Campañas hacen los medios sobre el ‘manejo inteligente’ y ‘entregue la llaves’. Pero se hacen invisibles.

Entonces, hay algo más profundo. En estudio sobre álbumes de familia comprobamos que de los principales ritos, cumpleaños, paseos y fiestas, no hay uno sin licor; muchas fotos muestran la botella en primer plano, como tótem sagrado. La iniciación se hace desde muy jóvenes. Recuerdo el asombro de mi hija cuando la llevaba a sus primeras fiestas y padres liberales ponían mesa para que bebieran a voluntad los pequeños de 12 años y así ganar camaradería. En una ocasión pregunté por qué escogían guaro, el más agresivo de todos: porque “coge rápido”, dijeron. También porque da alegría veloz. Y en esto no están lejos de los adultos, que en sus épocas bebían guaro para bailar embriagados por toda la casa.

El lenguaje, igual, es revelador. Es usual escuchar con dulzura “Dios cuida a sus borrachitos”, extraña conexión divina con el bebedor temerario. Una pena de amor se liquida con una borrachera, un triunfo familiar o deportivo es otra más. En las fiestas de Navidad, según Fenalco, lo que más se regala es ropa y licor, y las anchetas son galletas y botellas. La Federación de Departamentos dice que el país pierde al año por contrabando de licores un billón de pesos; que la adulteración de licores se ha incrementado en un 40 por ciento en los últimos tres años.

En fin, el trago en Colombia es un imaginario familiar, forma de vida ligada a las tradiciones, y ahí se hace difícil para el Estado o los medios arrebatar la alegría íntima del grupo primario. La defensa ante los medios del concejal Martínez, por caso, la hace su propia mamá, quien no entiende cómo los demás no comprendemos la felicidad que irradian las aventuras urbanas de su fogoso vástago.

Armando Silva
ciudadesimaginadas@gmail.com

 

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