Acerca de mi encuentro con la felicidad

Acerca de mi encuentro con la felicidad

01 de noviembre 2013 , 11:40 a.m.

 

Por esos días, estaba llena de trabajo, estresada hasta la médula, un sinfín de obligaciones, presiones y como siempre… todo es de ya para ya!. Lo único que tenía claro era que necesitaba cortar la rutina.

De modo que cuando en la casa de Felipe, Marcela y Lorenzo nos contaron de todas sus vivencias en su último viaje, según ellos “el más maravilloso de su vida en pareja” , miré a Felipe de inmediato y sentí que asentía con su mirada cómplice.

Planeamos muy rápidamente todo y 15 días después de aquella conversación estábamos en un avión en un vuelo de tan solo hora y media.

De cómo me enteré de que la felicidad si existe:

Al llegar a Aruba me di cuenta que disfrutaríamos de la cercanía de gente alegre, amable y afectuosa durante nuestra estancia, gracias a unos ojos alegres y una sonrisa inmensa de un hombre moreno de alta estatura enfundado en su uniforme de migración, que nos dio la bienvenida. Rápidamente, en el mismo espacio pude ver personas de todas las edades, culturas y orígenes. Importante dato ya que un viaje para mí, implica conocer nuevas culturas, compartir experiencias con personas que viven vidas diferentes a la mía, aunque no le resto importancia al placer de un hermoso paisaje y a la posibilidad de experimentar y realizar diversas actividades. Todo esto en Aruba, ya estaba al alcance de mi mano.

Unos kilos de más no afectan la sensación de felicidad.

Mientras nos registramos en el moderno y confortable hotel que habíamos escogido, un fresco y delicioso “Ariba Aruba” nos dio la bienvenida. Desde entonces fue mi cóctel favorito durante toda mi estadía. La habitación… con vista al mar, confortable y acogedora. Cuando salí al balcón, sentí el abrazo de la suave brisa y la caricia del cálido sol. De inmediato salimos a explorar, pues teníamos hambre y queríamos degustar lo más típico de la gastronomía isleña que como todo en Aruba es la resultante de una mezcla de muchas culturas. Mis sentidos todos, vibraron de placer con el Funchi, que probamos ese día. Entonces nos hicimos la promesa de probar un plato típico cada día de nuestra estadía y fue así como aún recuerdo con placer especialmente El Pan Bati, la sopa de carne, los Pastechis, la salsa de maní, la variedad de mariscos y muchas otras delicias que me hicieron aumentar un par de kilos, que no me remuerden! Si hubiera tenido el tiempo para visitar los más de 200 restaurantes de comida internacional y local que hay en Aruba, lo hubiera hecho aunque hubiera subido 100 deliciosos kilos.

Finalmente solo me subí un par de kilos gracias a que mientras no estábamos comiendo pudimos realizar muchas actividades extraordinarias. Hoy puedo dar fe de que Aruba es la isla ideal para hacer mil cosas diversas y optimizar el tiempo que pareciera que allá corre más lento.

Mariposas en el estómago.

Apenas toque la arena con mis pies, me empecé a dar cuenta de por qué la gente siempre habla de Aruba como un sitio romántico, sus arenas realmente blancas y su mares azul aguamarina con el sol poniente en un cielo de atardecer teñido de rojo… llenaron mi estómago de pequeñas mariposas que revoloteaban y me llevaron a imaginar la boda de mis sueños ahí, justo en la playa, Felipe y yo de blanco y descalzos, la brisa moviendo mi velo, los invitados brindando con un Ariba Aruba, la música caribe sonando al vaivén de la brisa…. En fin, aterricé cuando Felipe me abrazó y me dijo: te casarías aquí conmigo? Y así nos lo prometimos.

Como teníamos ganas de aprender de todo, hicimos la primera parada en Moomba Beach en donde encontramos tres posibles opciones: Segway Tours, Jolly Pirates y tenis de playa.

Terapia anti-estrés: Viento, playa, sol y mar

Hay tantas y tan hermosas playas que mientras descansábamos -después de una noche de casino y rumba- sobre unas cómodas asoleadoras bajo las palmeras, pude observar en una playa cercana a varios jóvenes que estaban haciendo surfing y otros deportes llenos de color y emoción como Kitesurf y Windsurf. Nos animamos a intentarlo, fuimos hasta allá y para nuestra sorpresa nos encontramos con un instructor colombiano que lleva viviendo 15 años en la isla, nos comentó que es bueno que los turistas tomen unas clases básicas y que dependiendo de la habilidad de cada persona se pueden tomar o no, más clases. El agua en está playa no es muy calmada pero tampoco es demasiado agresiva, por esto es un punto ideal para hacer este tipo de deportes. Jamás imaginé que lo lograría, pero hoy ya ocupa un lugar entre mis mejores recuerdos mi experiencia con kitesurf con un instructor colombiano en Aruba, quien nos dijo además que la isla es el mejor sitio para hacer buceo de naufragios, y que otras opciones para explorar el mundo submarino eran el Snorkel, Sea Trek, o un tour en submarino o pesca subacuática. Felipe y yo siempre cómplices, nos aventuramos. En la primera inmersión el impacto fue tremendo: ver este gran arrecife de corales que tiene Aruba y la inmensa variedad de colores majestuosos, así como históricos buques que reposan allí desde la II Guerra Mundial junto a tantos miles de peces multicolores. Comprobamos que Aruba tiene un paraíso secreto bajo sus aguas. Inspirados en esta primera experiencia submarina, seguimos todas las recomendaciones de nuestro instructor colombiano, terminamos haciendo Sea Trek –una magnifica forma de caminar bajo el agua- y un tour en submarino. Lo que no logramos hacer en este viaje fue la salida a hacer pesca subacuática.

Con los pies en la tierra

Ser pareja no implica que siempre nos guste lo mismo. Lo tenemos muy claro. En un bar con una decoración muy típica y ecléctica, conocimos a Ainoa y Jordi, una pareja de españoles que estaba en nuestro mismo plan y con quienes aun conservamos contacto.

Gran debate de parejas, ellos amantes del golf, a nosotras nos aburre. Así entre unas y otras, definimos que al día siguiente ellos se irían a jugar golf y nosotras dos a una aventura por la isla.

Ellos discutieron acerca de en cuál de los tres campos de 9 y 18 hoyos utilizarían para su día libertario.

Nosotras lo teníamos claro, optamos por tomar un safari en jeep por el Parque Nacional Arikok. Este es un sitio que cualquier turista que visite la isla feliz debe conocer ya que cuenta con piscinas naturales, puentes de piedra, grutas escondidas y una variedad considerable de fauna y flora, entre otras cosas. Encontramos algunos turistas en el camino, algunos con hijos pequeños iban al mariposario y al santuario Los adolescentes hablaban entre si en medio de una cabalgata, algunos otros viajaban sobre cuatrimotos hacia las piscinas naturales, lugar mágico donde casi todos nos reencontramos para sumergirnos en estas refrescantes aguas marinas en total calma. Una experiencia inigualable.

Ainoa y yo, llegamos rendidas, un cóctel junto a la piscina, un merecido spa y la promesa de volver a sacar tiempo solas para ir de shoping. Al dia siguiente nos volamos a dos centros comerciales donde nos dimos gusto en las tiendas Gucci, Cartier, Carolina Herrera, Bulgari y Michael Kors. La conclusión a la que llegamos es que todas ellas tenían buenos precios, incluso más económicos que en Estados Unidos.

Bajo un velo de estrellas

Es sorprendente, todas las noches las estrellas y la luna acompañaron nuestros momentos románticos en discretos restaurantes y bares en donde ratificamos nuestro amor, renovamos nuestros votos y nos comprometimos para iniciar una nueva etapa juntos. Que mejor manera de tentar a la felicidad para acompañarnos en nuestra vida.

Así me propuse averiguar qué tipo de propuestas hay para los enamorados y encontré cosas que les podrían servir a las parejas.

Todos los hoteles de la isla son conscientes de que deben brindarles una experiencia seductora a las parejas que visitan Aruba. Y aunque es difícil imaginarse algo más romántico que las playas y ambientes naturales de la isla, los hoteleros reciben a las personas que van en luna de miel con una botella de champaña, una decoración romántica para su cuarto y descuentos en diversas actividades, como por ejemplo ver el atardecer en un catamarán.

Solo necesitaba desconectarme y terminé encontrando la felicidad en Aruba.

Yo solo necesitaba desconectarme, relajarme de este ritmo infinito que me implica mi trabajo y la vida en la ciudad, y reencontré la magia que solo se vive cuando el tiempo pasa lento, el placer de lo sencillo, el impacto de la aventura que nos lleva a descubrir nuestro “yo” extremo, la emoción del sol tocando el mar al atardecer mientras llena de colores el cielo, una buena charla en torno a una buena mesa y una copa de vino.

En nuestro siguiente encuentro con Marcela y Lorenzo, les agradecí con un inmenso abrazo el haber compartido su experiencia con nosotros, y simplemente concluí: Aruba sí es la isla feliz.

Costal de emociones (así me dice Felipe)

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