Uribismo

Uribismo

notitle
31 de octubre 2013 , 06:21 p.m.

Que nadie desprecie al uribismo: en Colombia hay libertad de cultos. Pero que no se pierda esta oportunidad única y feliz de interpretar las escenas de la convención en la que el movimiento proclamó a su candidato a la presidencia –que sean evidentes la omnipotencia ridícula pero también trágica del expresidente Álvaro Uribe, la sospecha de que la elección de Óscar Iván Zuluaga, un hombre serio reducido a “discípulo amado”, no fue democrática sino “a dedo”, y la cara de “yo qué diablos estoy haciendo acá” del candidato que ganaba las encuestas hasta el día anterior, Santos, Francisco– como un rosario de pruebas de que estamos frente a la empolvada presencia del populismo, frente a la promesa inconfundible, mejor, de un gobierno que haga por “la gente” el trabajo sucio que alguna vez hizo el caudillo.

“Esta es la nariz de nuestro líder –señala un alienado en El dormilón, de Woody Allen–: creemos que muy pronto, si logramos clonarla, lo tendremos a él por completo”.

Algo así está buscando el uribismo. En sus ceremonias paganas suelen rezarse los cinco pilares que el maestro nos enseñó (“seguridad democrática”, “confianza inversionista”, “cohesión social”, “Estado descentralizado”, “diálogo popular”), pero no se propone una profunda transformación de la sociedad ni una ampliación de los canales de participación ciudadana ni nada que no sea eslogan, sino que se anuncia, como una amenaza, una reacción belicosa –contra el gobierno de Santos, Juan Manuel, “el hombre que traicionó a Uribe”– que recobre la popularidad del Estado, restaure un discurso digerible que dé miedo y alivie al mismo tiempo, y devuelva el poder a los uniformados y a los políticos descalzos que hayan perdido la moral en los años de “la paz”. En otras palabras, se pregona la resurrección de un salvador que fue traicionado para nada: para cambiar la palabra “terrorismo” por la palabra “conflicto”.

Se canta que regresó “la horrible noche” en la que se le tiende a la guerrilla una mano cachaca e indiferente. Y se repite que a Zuluaga le corresponde salir a pedir dulces disfrazado de Uribe.

Hace ocho días conocí el Centro de Memoria, Paz y Reconciliación que se construyó en el Cementerio Central de Bogotá. Y, mientras recorría, mudo y con gripa, las seis habitaciones de la exposición que cuenta la historia de nuestra violencia política, tuve la sensación de que quizás el uribismo sea la más popular encarnación de lo que suele llamarse “la versión oficial de los hechos”: esta promesa, reaccionaria y falaz, de un pasado glorioso; esta vocación a sepultar, a la manera de una religión, la historia de las minorías que encararon los autoritarismos; esta tentación de reducir a “terrorismo” todo aquello –lo bueno, lo malo y lo feo– que signifique redistribuir el poder en la sociedad; esta habilidad para convertir a los desposeídos en defensores acérrimos de la propiedad.

Yo espero que no sea así. Pero hay días tan lúgubres, tan lúgubres en los que todo el mundo parece uribista. Y en los que, alimentada por este último gobierno cuya verdadera traición ha sido su negación de la realidad, su ambigüedad y su desconcierto, la nostalgia por la fuerza va colándose en las conversaciones, en los gestos. Pensaba la semana pasada, en los pasillos de aquel centro de memoria (y, pensándolo bien, lo pienso ahora), que votar por el uribismo es creerse las mentiras de siempre: que va siendo hora de otra retoma del poder, que a la guerra solo la acaba la guerra, que lo más seguro, en estos climas malsanos, es respirar por la nariz de Uribe.

El uribismo está plagado de dogmas de fe: “Uribe existe”, “Uribe es uno y trina...”. Que no haya una sola memoria, sino muchas, es lo que está en juego esta vez.

www.ricardosilvaromero.com

Ricardo Silva Romero

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.