La bruja que no pide dulces

La bruja que no pide dulces

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30 de octubre 2013 , 07:41 p.m.

Atada a un rudimentario asiento de madera, siente que la falta de oxígeno la hará perder el conocimiento en cualquier momento. Sumergida debajo del agua helada su vestido negro se mueve con el ritmo de las corrientes. La cabellera rojiza ondea, también, con parsimonia.

Justo antes de desmayar, las poleas sacan el asiento de lo profundo del agua, y con él a la mujer. A su alrededor, dos niños pequeños, cuatro mujeres jóvenes y algunos ancianos la miran sin parpadear. No la ayudan, pues son ellos quienes la han subido en ese instrumento de tortura diseñado para que las sospechosas de herejía confiesen su condición ante la comunidad.

-Esta es bruja, dice el hombre que la saca. La mujer no se mueve. Los brazos caen pesadamente a ambos lados. Sus ojos entreabiertos, alucinados, ya no ven. La vuelven a sumergir sin darle tiempo de que respire una última vez.

-Si no es bruja, dicen, no tendrá poderes sobrenaturales para salir del lago. Y entrará a la gloria de Dios. Si lo es, ya veremos cómo convoca a las fuerzas malignas y escapa volando -murmura la gente.

La joven, acusada por una vecina de pactos con el diablo, vuelve a hundirse en lo profundo del lago. Abre sus ojos a la oscuridad y expira. La sacan por última vez, sólo para confirmar que está muerta. Todos respiran tranquilos: no era bruja.

Ahogadas, quemadas vivas, mutiladas, devoradas por ratas, desmembradas, más de 500.000 mujeres fueron ejecutadas por designio de la Iglesia católica durante el Medioevo. Siglos después, asistimos al festejo anual denominado 'Día de las Brujas', donde mujeres y hombres se disfrazan y se embriagan.

Se ha perdido, está claro, el significado original del concepto 'brujería' conectado al asesinato sistemático de medio millón de mujeres. Hoy en día se caricaturiza un concepto que antaño acarreaba la pena de muerte automática. Las "brujas" de hoy en día son más una representación paródica -y erotizada-, usando vestidos minúsculos, que parecieran hechos por hombres y para el disfrute de los hombres.

Esta deformación histórica, con el ingrediente adicional de resaltar el concepto de mujer-objeto resulta ser una doble negación de una tragedia sistemática y sangrienta ejecutada por la Iglesia católica. Cientos de miles de mujeres murieron tras prolongadas torturas sólo para que siglos después la Iglesia "rectificara", reconociendo que las brujas no existen y no, no las hay. La mujer de melena rojiza que murió ahogada en ese lago en el siglo XII jamás sabrá en qué derivó el delito del que la acusaban ni la aceptación tácita de la mujer a este nuevo proceso de degradación llamado, paradójicamente, 'la noche de las brujas'.

María Antonia García de la Torre
@caidadelatorre

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