'Crisis que vivimos en España es también cultural': Miguel Riera

'Crisis que vivimos en España es también cultural': Miguel Riera

El dos veces directivo de la revista de izquierda 'El viejo topo' habla sobre su país.

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29 de octubre 2013 , 05:49 p.m.

Miguel Riera estaba en la universidad cuando se le ocurrió crear, con un par de amigos, una revista. Era 1975 y en España la represión franquista caía sobre estudiantes, obreros, sindicalistas. Sobre quien pensara diferente. Querían hacer una revista que le abriera espacio al pensamiento de izquierda. Querían cambiar el mundo. Así nació El viejo topo, que se convirtió pronto en un referente no solo en España, sino en América Latina. Con la censura encima, alcanzaron a circular con 50.000 ejemplares al mes. Hoy, los tiempos son otros, pero la revista continúa en los quioscos gracias a su creador.

Sigue vivo ‘El viejo topo’...

Es difícil que la maten. Siempre hemos tenido una cuota de suscriptores suficiente. Claro, la crisis nos llevó a hacer la revista en blanco y negro. Solo la portada se mantiene en color. Estábamos preocupados, pero nuestros lectores lo han resistido. Ha sido un trabajo de años de paciencia. La revista nació con el propósito de que las diversas izquierdas dejaran de acuchillarse entre sí y tuvieran un campo de debate neutral; también, de dar cabida a nuevos movimientos sociales y recuperar cosas que se habían extraviado por la censura franquista. Fue un combate que nos llevó al secuestro permanente de los ejemplares y a querellas en contra.

Fundó la revista en 1976, pero se fue en 1980. ¿Por qué?

Al comienzo éramos tres codirectores y resultaba muy fácil consensuar. Sin embargo, cuando llegó el año 79 y se vio que el PSOE iba a ser un partido de gobierno, algunos colaboradores y uno de los codirectores comenzaron a acercarse al poder. Yo estaba en contra de eso. Hubo trifulca interna. Hicimos una asamblea, en la que perdieron los que querían arrimarse al Gobierno, pero quedamos tan quemados que decidí irme. Además, pensé que la transición iba más de prisa que la evolución política de la propia revista, y que en ese momento la lucha cultural era más importante que la lucha política directa. Entonces hice la revista Quimera, que se sigue publicando.

¿Cómo ve la izquierda hoy en relación con la de entonces?

En aquella época éramos jóvenes, bastante menos listos, y revolucionarios. Pensábamos que se podía construir una España republicana y socialista y que había elementos suficientes para luchar por ello. Éramos radicales. En la segunda época de la revista (que se inició en 1993) gobernaba el Partido Socialista. Precisamente, la razón fundamental por la que quise volver a publicar El viejo topo fue porque había aparecido el terrorismo de Estado y eso me parecía impresentable en un partido que se llamaba Socialista. La corrupción sumaba por todas partes. La izquierda de aquel momento fue evolucionando a posiciones neoliberales, lo que se llama hoy socioliberalismo, donde el capitalismo no es cuestionado en ningún aspecto.

¿Ve fortalecida la derecha?

Está creciendo porque hay un corrimiento de la izquierda hacia la derecha. Pero si hiciéramos una encuesta en España, el 70 por ciento diría que es de izquierda. Lo que pasa es que no sabría muy bien qué es ser de izquierda. En general, la gente desconfía. En las encuestas, la clase política se ha convertido en el segundo problema del país. El terrorismo ya es el noveno o el décimo. El paro es el primero. En este momento tenemos cuatro millones y medio de familias en las que no hay ningún miembro que tenga ingresos. Las pensiones de jubilación de los abuelos están sirviendo de cobijo a padres, hijos y nietos. Es muy grave.

¿Y la juventud?

Empieza a despertar, pero no vislumbra un proyecto alternativo. El 55 por ciento de los jóvenes no tiene trabajo. Hoy leí la noticia de que hay 10.000 solicitudes de ingreso en el Ejército, de soldaditos, en busca de los mil euros de salario. Está el 15M (movimiento creado a raíz de la manifestación, sobre todo de jóvenes, el 15 de mayo del 2001), que fue impresionante y no ha desaparecido. Pero, como siempre pasa con la izquierda, el 15M se fragmentó y están desanimados.

En ese panorama, ¿cómo cuadra la familia real?

Pues está muy desprestigiada. Que el rey fuera a Botsuana a cazar elefantes sentó muy mal, que fuera con una amante sentó peor, y que fuera y se rompiera la cadera... Además, está el tema Urdangarin y el de la infanta Cristina, que a los ojos de la población está imputada y condenada. La impresión de que la realeza se ha dedicado a hacer grandes negocios la tienen todos. Eso no quiere decir que si se pusiera a elegir entre monarquía y república no acabara ganando la monarquía. La gente tiene una formación política muy baja.

¿Cómo ve a América Latina?

Se está produciendo un fenómeno político de gran envergadura, que algunos, incluso, han llamado “la segunda independencia de América Latina”. Colombia no. Colombia está en el Pacto (Alianza) del Pacífico, con México y Chile. Pero lo que está pasando en Venezuela, Brasil, Argentina, Uruguay –con matices políticos, por supuesto– está consolidando una América Latina diferente. Es la primera vez en la historia que en una cumbre de estos países se le dice ‘no’ a Estados Unidos, como pasó con el tema de Manuel Zelaya, por ejemplo. Es un proceso complejo, con una dinámica novedosa. Por otro lado, está la contra, que configurarían Colombia, Chile y México, sobre todo, y que veremos cómo evoluciona porque puede haber un contagio. A veces tengo la impresión de que en Colombia algo de contagio puede estar habiendo, en el sentido de una reivindicación mayor de la soberanía nacional frente a Estados Unidos. Puedo estar equivocado, no sé.

¿Y desde lo cultural?

Hace nueve años que no venía a Latinoamérica. En España veo que autores latinoamericanos publican con facilidad en buenas editoriales. Lo que pasa es que la crisis que vivimos, también cultural, hace que no tengan la proyección de nuestra época. Nosotros vivimos el boom y el postboom latinoamericano. Hoy es diferente. Las tiradas se han derrumbado, los buenos escritores tienen ventas limitadas. En mi editorial, 1.500 ejemplares de venta son un éxito.

¿Hay factores distintos de la crisis económica?

Se suma todo. Se suma una universidad que ya no motiva a la lectura, una red de distribución y de librerías muy castigadas, el tema de Internet, el libro digital (aunque no tanto), la política cultural de los medios de comunicación masivos y, sobre todo, que la cultura hoy no es un valor en España. Felipe González nos sumió en la ruina moral e intelectual. Su política cultural –con la movida madrileña, todo tan superficial– ha conducido a una condición en la que hoy ser culto no vale. Saber de Messi y de Cristiano Ronaldo, en cambio, sí es un valor.

¿A qué se refiere cuando habla de política cultural de los medios?

Antes, los medios tenían influencia cultural. Babelia, de El País, por ejemplo. Pero esos medios finalmente se pusieron al servicio de determinadas editoriales o líneas ideológicas. Ante el público lector culto se desacreditaron.

¿Tiene futuro el libro físico?

Un grupo de editores de izquierda nos reunimos hace cinco años y fundamos una cosa que se llama Contrabandos, con la idea de crear una plataforma para el libro digital. Empezamos a trabajar y llegamos a la conclusión de que no tenía sentido poner esfuerzos ahí. Todos creen que el libro digital se impondrá. De momento, lo que sucede es que no se impone, tiene un porcentaje muy bajo y he observado directamente –no sé si se puede extrapolar– a personas de mi entorno que han empezado a usarlo con entusiasmo y al cabo de un año han vuelto al papel. Tengo la impresión, quizá porque estoy viejo, de que el papel no va a desaparecer.

¿Y los periódicos?

Están muertos. Se tendrán que pasar a digitales o reciclarse en forma de revista.

No parece optimista.

Soy muy pesimista. No veo salida ni proyectos políticos alternativos, ni fuerzas para implementarlos. El sistema, a décadas vista, se derrumbará. El capitalismo no puede seguir. La parchará y dentro de unos años volverá la crisis. Llegará el momento en que esa masa de dinero será imposible. No veo qué puede hacerse.

¿Cree que la salida del conflicto colombiano debe ser por medio del diálogo?

Sin duda. Llevan más de 50 años así y eso no puede seguir. Tendrán que hallar una solución. Porque hoy las Farc son menos que antes, pero pueden volver a crecer. Y una victoria militar es muy difícil. Entiendo que el perdón es complicado. Si me hubieran matado un hijo, me costaría. ¿Pero qué otra solución hay? ¿Seguir así 30 años más? Hay que hacer un cambio. En el seno de la izquierda fui de los primeros en abjurar de Eta. Creo que tuvieron un sentido en determinados momentos –aunque el terrorismo nunca tiene sentido–, pero con la llegada de la democracia ya no. Se equivocaron. Por la vía política habrían llegado a lo que pretendían.

Dicen que uno es de izquierda a los 20 y luego de derecha...

A mí me pasó al revés. En esa época yo era el moderado. Hoy me consideran un radical. Parece que decir verdades es una cosa radical.

MARÍA PAULINA ORTIZ
Redacción EL TIEMPO

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