Sin embargo, se mueve

Sin embargo, se mueve

Vistazo a la prensa cultural de ayer y hoy.

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29 de octubre 2013 , 12:51 a.m.

No fue LECTURAS POPULARES, que surgió el año en que se descubrió el Parque Arqueológico de San Agustín, el primer suplemento literario y tampoco el último, en un país que ha sido considerado tierra de letrados, sus periódicos catalogados como los mejor escritos en Iberoamérica y por supuesto, sus páginas culturales casa de escritores.

“La política colombiana desde 1819 a mediados del siglo XX se hace en los periódicos y muchos de los grandes políticos debieron su poder no a la riqueza o la familia, sino a periódicos en que lograron fama de intelectuales. Murillo Toro, Santiago Pérez, Caro, Núñez son ejemplo de políticos que hicieron su fama como periodistas o intelectuales; a comienzos del siglo XX llegan a la presidencia Carlos E. Restrepo, Marco Fidel Suárez y José Vicente Concha, Enrique Olaya, Eduardo Santos, Laureano Gómez y Belisario Betancur, con experiencia como periodistas y editores. Hasta Pedro Nel Ospina, paradigma de empresario, sacó revistas literarias y escribió cuentos y ensayos”.

El historiador Jorge Orlando Melo afirma: “las páginas culturales fueron motivo de orgullo de los periódicos. Según sus investigaciones La Estrella Nacional es primer diario cultural, aparecido en 1836. Como dato curioso cita que entre 1880 y 1910, Medellín, con escasos 40 mil habitantes, contaba con una docena de revistas o periódicos culturales, 3 de los cuales tenían como objetivo publicar partituras para piano.

Otros investigadores consideran al Papel Periódico de Manuel del Socorro Rodríguez, 1791, como la semilla de la prensa literaria, ya que colaboradores y suscriptores eran aficionados a ciencia y letras y se reunían en un grupo ‘patriótico-literario’, bajo el nombre de Tertulia Enciclopédica, del que fue órgano oficial el semanario de Rodríguez, como lo registra Gustavo Otero Muñoz en su Historia del Periodismo en Colombia.

Gilberto Loaisa, profesor de historia de la Universidad del Valle, en el número 67 del Boletín Cultural del Banco de la República, da cuenta del periódico El Mosaico. El escritor costumbrista, Eugenio Díaz, le propuso a José María Vergara, fundador de la Academia Colombiana de la Lengua en 1871, la creación de un periódico que publicara cuadros costumbristas. Durante 14 años, interrumpidos solo por la guerra y la pobreza, el semanario se dedicó a registrar de manera exclusiva la incipiente creación literaria.

Con estas publicaciones y muchas otras como precursoras de la prensa cultural, los diarios El Colombiano, el Heraldo, Vanguardia Liberal y casi todos los periódicos del país crearon, después de EL TIEMPO, su suplemento literario. En 1915, El Espectador dio vida al suyo que llamó La Semana, aparecía los domingos primero en Medellín y luego en Bogotá. En 1920 se llamó Suplemento Literario Ilustrado. En los 40 cambió a Magazine, después a Fin de Semana y en los 50 se denominó Magazine Dominical, nombre que conservó hasta su desaparición.

El siglo XX vio nacer revistas como Voces que se editó entre agosto de 1917 y abril de 1920 en Barranquilla, dirigida por el catalán Ramón Vinyes, con una plantilla de colaboradores nacionales y extranjeros de lujo. La característica de toda esta prensa cultural, salvo algunos magazines de los periódicos, fue una existencia de corta duración; pocos llegaron a celebrar su quinquenio.

Mujeres como Soledad Acosta, quien murió hace un siglo, crearon semanarios literarios, históricos, antropológicos, científicos y culturales como alternativa a la lectura de la encarnizada prensa política y religiosa que reinó durante años. Soledad Acosta fue fundadora, editora, directora y colaboradora de folletines o revistas efímeras como La Mujer, la Familia, Lecturas para el Hogar (1884-1885) y otras.

La lista es larga a la hora de hacer inventario de las más importantes publicaciones culturales y de sus directores. Algunas de ellas son: Jorge Zalamea fundó Critica, antecesora de Mito; Sanín Cano, la revista Contemporánea; Germán Arciniegas estuvo a la cabeza de la Revista Universitaria y Correo de Los Andes; Hernando Valencia, Ernesto Volkening y Juan Gustavo Cobo fueron timoneles de Eco; Enrique Uribe White concibió la Revista Pan y Jorge Gaitán Durán, Mito. En la segunda mitad del siglo XX en lo que corresponde a revistas culturales en Bogotá, sin tener cuenta la prensa universitaria, se destacan Golpe de Dados del fallecido poeta Mario Rivero; Pie de Página de Moisés Melo; Puesto de Combate de Milcíades Arévalo; Arquitrave de Harold Alvarado Tenorio; El Malpensante de Andrés Hoyos y Número, hoy desaparecida, bajo la conducción de Guillermo González. En este siglo surgió Arcadia de Semana, que dirige Marianne Ponsford. Así opinan algunos de quienes han tenido que ver con el género.

Guillermo González, director del Magazín de El Espectador, Gaceta de Colcultura y de Número: “A comienzos de los 80 transformamos el Magazín en revista cultural viva, ampliando la concepción de cultura a una visión que va más allá del arte y que abarca las formas de ser, sentir y relacionarse de los individuos y de ellos dentro de los grupos sociales; modas y costumbres; las formas de comer, vestirse y relacionarse. Pasamos de ser un tabloide en blanco y negro a una revista de formato universal a color, en la que incluimos diversos géneros periodísticos. En 1993, con unos amigos, creamos la revista Número, usando un formato con algo de color y visiones renovadas de la imagen, y a un proyecto cultural más amplio, que abarcó la publicación de libros y la realización de encuentros, foros, mesas redondas y talleres. Estuve al frente 18 años, hasta 2011, cuando renuncié, cansado de buscarle financiación”.

Marianne Ponsford, de Arcadia: “Las revistas culturales están vivas, circulan y tienen lectores. La red se fortalece, crece sin parar y cambia los paradigmas. En la gran prensa nacional, los espacios dedicados a los hechos y debates culturales son cada vez más amplios, si bien la calidad no siempre es la mejor, y en internet suelen ser un desastre mayúsculo. Pero los lectores están ahí. Consumen, buscan, quieren. Hoy casi todas las grandes plumas del país tienen columnas o escriben cuando quieren tanto en los medios tradicionales como en los nuevos medios en la red. Los que no lo hacen, es porque no les atrae la idea de escribir en medios. No porque no puedan acceder a un espacio. Claro que todo puede ser mejor, pero el buen periodismo se hace con dinero y estos son tiempos extraños, de redefinición del negocio. Conviven fuerzas opuestas. Una que quiere hacer las cosas bien y otra que cree que el periodismo consiste en “botar contenidos” cada 5 segundos a los portales. Tiende a ganar la segunda, como casi siempre: ese raro furor por el exceso de dinero. Pero soy optimista. Los medios escritos ya no son sinónimo de medios impresos y los grandes medios ya no tienen el monopolio de la información”.

Andrés Hoyos: “Fundamos El Malpensante por razones mezcladas. Unas no parecerán del todo edificantes: nos dolía no tener cabida en los suplementos culturales de hace 17 años -todavía existían- y pensábamos que con algo de mesianismo nosotros sí íbamos a renovar la literatura del país. Otras razones eran más ambiciosas: pensábamos que la única manera de sofisticar al lector era dándole de frente y sin pedir permiso material de altura, que había una obligación moral de descubrir el talento nuevo, que era necesario agregar una voz crítica al conformismo de los medios culturales existentes y que se podía ser malpensante sin ser mamerto. Hoy las publicaciones propiamente culturales de calado y de cubrimiento nacional en Colombia han casi desaparecido. Quedan 2 muy distintas: Arcadia, dedicada a la divulgación de las noticias culturales y El Malpensante, dedicada a lanzar cargas de mayor profundidad y variedad. Número tuvo un entierro lamentable. Con semejante panorama, nadie se podrá extrañar de qué manera la gente siga siendo inculta, crédula y superficial en Colombia”.

Martha Guarín Rodríguez, Editora de Latitud. “El periódico El Heraldo, que celebra 80 años, ha destinado por tradición un sitio preferencial a las manifestaciones culturales de la ciudad y de la Región Caribe, a buena cuenta del amplio dique creativo que desde todas las corrientes fluyen desde antes de la entronización del Grupo de Barranquilla. La Revista Dominical, ahora llamada Latitud, ha registrado el acontecer de los consagrados pero también las inquietudes de iniciados, en su suplemento cultural-literario. Más que un rocío de incienso, un camino de flores o tronar de aplausos para el periodismo cultural se debe considerar como el aporte de los que desde sus trincheras no desfallecen en aportar a una causa, la humanística, para que los lectores encuentren en la revista -como si se tratara de la función cultural de cada domingo- la pieza ideal, la que nadie quiere perderse”.

Fernando Araujo Vélez. Editor Cultural El Espectador. “Si bien el Magazín impreso desapareció por la crisis del periódico de los 90, lo hemos resucitado en su versión online, con más de un millón de lectores en 2 años y unos 300 colaboradores del mundo. Infortunadamente los costos del papel y de la impresión ha vuelto casi imposible volver a editarlo en su versión histórica, más allá de un suplemento que publicamos en las ediciones de festivo. Por nuestra nueva experiencia, la opción digital lo ha acercado más a la gente, a los escritores, a los artistas, con unos recursos complementarios y sin fronteras. Los festivos son un periódico distinto, de lectura, sin secciones fijas y con temas que pueden ser de 5 o 6 páginas. Las centrales, como un inserto, son del Magazín. En el puntocom del periódico, en los blogs, está El Magazín, con textos diversos que envían o escribimos acá. Cuentos, reportajes, crónicas, ensayos, poesía, e incluso un par de libros que hemos ido publicando por entregas”.

Felipe Restrepo Pombo, Editor Cultural de Semana. “Al parecer, desde hace un tiempo, el periodismo cultural sufre de una enfermedad terminal. Y tiene los días contados: pobre. Lo curioso de este diagnóstico tan definitivo es que fue formulado por los mismos medios. O mejor: por los sabios asesores que contratan para que les digan qué va a pasar en el futuro. Así, unos señores muy elegantes y expertos en finanzas decidieron que suplementos, revistas y secciones de cultura son obsoletos. Que lo de ahora son las noticias de entretenimiento, ligeras y acompañadas de fotos escandalosas y dibujitos explicativos. Creo que se equivocan. El periodismo cultural está más vivo que nunca. Veo en Colombia ejemplos magníficos: Arcadia, LECTURAS, El Malpensante, El Librero, por sólo nombrar algunos. En países hispanoamericanos ocurre lo mismo: Letras Libres, La Tempestad, Eñe, Orsai, por citar los más famosos. Ni hablar de los nuevos medios independientes que nacen todos los días, que se dedican a cine, arte, literatura, diseño. Esta proliferación se debe a que la cultura es un bien cada vez más apetecido. Sospecho que los propios periodistas culturales, agobiados por la paranoia, decidimos comprar la idea de que a los lectores no les interesa. Por eso, por un miedo infundado, no peleamos por los espacios que merecemos. También caemos en el error de hacerla ver como un vejestorio poco atractivo. Cuando, en realidad, nuestro verdadero trabajo es demostrarle a un público ávido, que pocas cosas en este mundo valen tanto la pena”.

Beatriz Mesa Mejía, editora de Generación, suplemento de El Colombiano. “Tiene 24 páginas y se tratan temas diversos relacionados con literatura, artes plásticas, música, cine, arquitectura, diseño, viajes, gastronomía, moda, medio ambiente, ciencia y tecnología, entre otros asuntos de interés general, pues su objetivo es convocar lectores de perfiles muy diversos, tanto jóvenes como adultos. Es una revista dominical en la cual se da cuenta de un mundo contemporáneo en continuo movimiento. Tiene reflexión, análisis, conexión con la ciudad, el país y el mundo. Gracias a un contrato con El País de España, podemos publicar firmas, entre ellas, Vargas Llosa y a los españoles Rosa Montero, Manuel Vicent, Javier Marías, Vicente Verdú, entre otros. A lo largo del año, realizamos Café Generación, invitación directa a los lectores que asisten a un foro en el que se habla de los más diversos tópicos y que ha tenido excelentes resultados por los expertos invitados. Desde el 2004 la revista tiene este nombre, para recordar el primer suplemento de El Colombiano que se publicó por primera vez en 1939. Otto Morales y Miguel Arbeláez fueron sus fundadores. Es uno de los pocos suplementos de domingo que existen en Colombia”.

MYRIAM BAUTISTA

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