artBo

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25 de octubre 2013 , 06:47 p. m.

Apagaron las luces y todavía había ríos de personas entre los stands. La inauguración de artBo es, sin duda, uno de los grandes eventos sociales de Bogotá. Y no hablo de “evento social” como un lugar donde la gente se encuentra, se toma un trago, se toma una foto y se cita para un almuerzo; es un evento donde más de un millar de personas hablan de arte y discuten –por ejemplo– sobre el Símbolo patrio, de Edwin Sánchez (una instalación con una impactante foto de una Mini Uzi); o lo hacen al lado de las fotos de guerra de Jesús Abad Colorado. O sienten cómo se les eriza la piel con la obra de Juan Manuel Echavarría, en la sala de proyectos individuales, y se quedan sin palabras cuando se dan cuenta de que las fotos de insectos de colores encerrados en una caja de casete son los regalos que les preparó a sus hijos una bióloga secuestrada en la iglesia La María, de Cali, en 1999.


Es un lugar donde hay espacio para el asombro: ¿cómo no admirar la magia visual de la argentina Graciela Sacco con unos ojos que, por el reflejo de una lámpara, salen disparados de unos cuchillos clavados en la pared? ¿O cómo no quedar con una sonrisa en la cara con la obra sobre Las ciudades invisibles, de la mexicana Mónica Bravo? artBo permite reunirse alrededor del Pelotón, del cubano Adonis Flores, un inmenso balón de fútbol, hecho de caucho, del que sale un sinnúmero de botas de militares; o formar un corrillo alrededor del hombre de cera –con la cabeza clavada en una plancha de cobre caliente– de la brasileña Tatiana Blass.


Y también hay momentos para encontrarse con obra gráfica de Chillida, Christo, Kuitca o Tàpies; o descubrir artistas como el peruano Fernando Bryce o el tremendo boliviano Gastón Ugalde; o recordar a Manolo Vellojín; o celebrar el talento de Nicolás París y Miller Lagos; o ver las nuevas maravillas de Nadín Ospina y reencontrarse con Víctor Laignelet y con las esculturas de Lucas Ospina. Y hay artistas jóvenes que vale la pena ver como Camila Botero o el descarado (y divertido) Nicolás Cadavid con Los artistas lo tienen grande. En estos días, Bogotá es un fiesta; la gente aguanta los trancones porque hay una cita que siempre vale la pena. Porque también está la Feria de Arte Contemporáneo Odeón (cra 5.ª n.° 12c-73) y la Feria del Millón (cra 54 n.° 5c-33). Y exposiciones por todas partes. Por eso hay ríos de gente.

Fernando Gómez Echeverry
@LaFeriaDelArte

 

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