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Mala conciencia

Mala conciencia

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Un Nobel de economía de este año dice que la desigualdad es creciente y que podría remediarse. “Hay más conciencia de inequidad económica, exclusión y otros tipos de injusticia…”, dice Moisés Naim. “No podemos dejar que más de mil millones padezcan pobreza extrema cuando disponemos de instrumentos y recursos para mejorar sus condiciones… es una mácula en nuestra conciencia”, dice el Presidente del Grupo Banco Mundial. La desigualdad es más entre naciones que entre personas, aunque la internacional ha aliviado, la personal poco, según el índice, apenas 1.4 del 2002 al 08. El 5 por ciento más pobre no ha tenido mejora alguna, mientras el 8% coge la mitad de la utilidad. Hay emergencia notable de clases medias, pero poca en zonas de África y Latinoamérica. El mal ejemplo viene de arriba, del país líder. Que algunos países mejoren muestra que la política puede contra lo que se cree fatalidad mercantil, global o tecnológica. Políticas de liberalización tributaria y financiera explican que un 1 por ciento aumente su ganancia en 22 por ciento en un año, en contraste con los 27 millones de desempleados en Europa por la crisis cuyo manejo suscitó el debate entre austeridad o inversión públicas. La asimetría viene de paradojas como austeridad general en nombre de prosperidad particular, como restricción laboral y alivio empresarial; si así aumenta la desigualdad, corregirla debe hacer el recorrido contrario.

La explicación no solo económica, área tan solo depositaria del poder social, que se vuelve individual en cuanto la persona lo interioriza. Dice alguien la productividad remplazó la religión en la socialización, también la política como efecto de su rendición y sus agentes, cuyo desprestigio motiva hoy un malestar público sin mediación, o cuando la hay defectuosa. Ni tecnocracia ni empresa ni privatización poseen la universalidad que requiere el manejo social que les delega el Estado. Aunque sin caer en otro reduccionismo, el maximalista de la izquierda equidistante del de derecha, la economía mercantil da beneficios que crean expectativas que sustentan la organización actual pero con daños graves como la desigualdad.

El mundo, el país, abundan cada vez más en opinión y discurso, como en la tempestad de demagogia que se abate sobre un país ya martirizado cada vez que la politiquería profesional asume la tarea cada vez más titánica de darle credibilidad a su reelección. Aunque ahora al menos no puede evitar que se le haya atravesado la negociación en curso que hace inocultable la mala conciencia de la violencia y su causa, inevitable como lo prueba la división oficialista entre quienes quieren o no reducir la campaña a la competencia caudillista aislándola de realidades como la desigualdad y la posibilidad de superarla, que obligan a tomar partido sobre algo que compromete a todos.

Jorge Restrepo

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