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La tienda Devotion, la primera farmacia del café en Bogotá

La tienda Devotion, la primera farmacia del café en Bogotá

Allí su dueño experimenta con más de 1.000 componentes orgánicos que tiene el grano.

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Suena Louis Armstrong y desde la tienda se ve una ciudad que corre bajo la lluvia, sobre la carrera 7.ª. No se siente el agite.

Sobre la mesa sirven un café que se excede en aromas y sabores. Es la tienda Devotion, un lugar que se pensó para vender al mundo la bebida más selecta.

Steven Sutton llega de afán, se sienta, saluda y al instante expone la variedad de sabores y aromas que se hallan en su tienda, servidos en una taza de café o dispuestos como en un botica, en frascos de laboratorio. “En una taza de café encuentras notas raras, herbales, y al final puedes sentir un recuerdo a durazno”, dijo.

Háblenos de usted. “¿De mí? No hay mucho que decir”, responde. Al final cuenta que es paisa y que su familia lo envió a los 14 años a vivir a Estados Unidos para alejarlo de la violencia que, en los años 80, desbordaba lo imaginable en esa ciudad, y que por eso estudió en ese país en trece años de su vida.

Pero cuando empieza a hablar de los orígenes de Devotion no deja escapar detalle.

“Trabajé en una empresa de café. Devotion era una marca que se pensó para que visitaran a Colombia y se maquilara un café con las normas de la Federación, bueno, bonito y barato. Era un producto corriente”, contó.

El negocio no funcionó y fue cuando Steven propuso que se hiciera un producto muy fino. “Todos los socios dijeron que no y por eso me devolví a Colombia”, contó.

En el país, la marca que otros despreciaron era suya. Así surgió Devotion, una empresa colombiana que trabaja con granos únicos de todo el país. Esa última parte le ha costado a este empresario, y a su equipo de treinta expertos, irse de travesía por toda Colombia a buscar cultivos únicos y a realizar un compra directa con el caficultor. No importa que sean zonas rojas.

Con esa idea en la cabeza llegaron, entre muchas otras regiones, a Guamal (Caldas) montados en un jeep. Allí nadie daba razón de sembrados de café porque los nativos contaban que se habían volcado hacia el negocio de la caña.

Cuando se creía todo perdido, una habitante del pueblo advirtió de un cultivo sobreviviente a la crisis. Hasta allá llegó Steven, pero solo se veían cañas y matorrales. “Esto lleva 20 años abandonado. De vez en cuando me levanto de la hamaca y me pagan 300.0000 por un bulto de café en el pueblo”, contó la mujer.

Al empezar a indagar dentro de los matorrales y a pisar, literalmente, montañas de cerezas pudriéndose quedaron asombrados. Así consiguieron diez fincas con características similares, que al igual que otras 500 de origen familiar, en departamentos de todo el país, hoy producen café de forma exclusiva para Devotion. Tesoros perdidos entre hierbas, árboles y arbustos son los lugares donde, según Steven, nacen los sabores de su empresa. “Lo que marca la diferencia son los frutales o las hierbas que siembran al lado. Hasta el pajarito cagando encima de las cosas”, dijo. Ahí, es donde la magia se convierte en una taza de café.

Esta empresa le paga al caficultor el doble o más de lo que cueste la carga en el mercado, y se le devuelve el 5 por ciento de las ganancias porque lo que le importa a Devotion “no es lo que valga sino a lo que sabe”, contó Steven.

Así es como algunas familias han terminado con acueducto, otras con un sistema de filtración y hasta con baños dignos para sus colegios.

Comunidades indígenas, campesinas, afrocolombianas, muchas con historias de la violencia que terminó con sus familias, se han visto beneficiadas.

Este hombre no busca competirles a Juan Valdez o a Starbucks. Su negocio es tan selecto que hoy trabaja con el 80 por ciento de los restaurantes de categoría de Bogotá. Hoy, la tienda Devotion se vuelve famosa en el mundo. Están tan seguros de su marca que dicen con tranquilidad que allí se puede degustar el mejor café del mundo de la mano del mejor servicio del mundo, y que eso mismo se va a vender en el 2014 en el condado neoyorquino de Brooklyn, donde abrirán su próxima tienda.

Para Steven, este café también tiene una intención cultural porque está convencido de que lo masivo no explica todos los componentes ni la historia que hay detrás del café de Colombia.

La tienda es una botica llena de frascos, cada una con uno de los mil componentes orgánicos que tiene el grano. “Tiene más de 900 aromas; el vino, 800”, comentó Steven.

La idea que para muchos era traída de los cabellos se consolida como roca, porque ahora Devotion lanzó Café Mi Selección, la nueva marca de la Federación Colombiana de Fútbol, que estará en el mercado colombiano.

Steven se despide mientras recoge los granos de café que regó sobre la mesa con desparpajo. No le importa. Esta pepa le dio vida a su idea.

CAROL MALAVER
Redactora de EL TIEMPO

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