Ejercicio para el cerebro

Ejercicio para el cerebro

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21 de octubre 2013 , 06:33 p.m.

Solo puedo repetir unas pocas de las razones científicas que dan para explicar los beneficios de la lectura. Que al leer crecen, al mismo tiempo, la materia gris –es decir la densidad neuronal– y la materia blanca del cerebro. Que se activan simultáneamente diversas formas de la memoria. Que nos vuelve más veloces mentalmente. Que mientras leemos trabajan tres áreas de la corteza exterior del cerebro que realizan tareas diferentes, todas de gran complejidad.Un artículo que acabo de encontrar –y de celebrar– en la argentina revista Ñ, de autoría de Federico Kukso, lo explica en términos muy sencillos: Leer es para la mente como para el cuerpo ir al gimnasio. Y dice más. Dice que la lectura es el combustible de las neuronas, que nos hace más veloces mentalmente y que parece retrasar los síntomas del alzhéimer.

Un remedio maravilloso, entonces. Pero no de esos remedios que producen arcadas al tomarlos, ni de esos que arreglan un órgano pero echan a perder otro: aunque hay libros que dan en la vena del gusto y los hay que nos generan enorme disgusto. Por eso promuevo siempre el primero de los derechos del lector: el de cerrar un libro en el momento en que nos aburre, no importa cuántas páginas hayan desfilado ante nuestros ojos ni cuánta fama y cuántos laureles adornen al autor.

Y promuevo entre padres y profesores que eviten sofocar a sus hijos, a sus alumnos, con libros que no logran conmoverlos ni despertar su interés: hay tanto para escoger, tantas lecturas divertidas e inolvidables entre esas de infancia que nos marcarán para siempre, que no parece prudente encasillarse e insistir en aquellas que llevan a los niños y a los jóvenes al hastío, pues quizás lo que quede para siempre sea un fastidio por la lectura –y no por un texto en particular– y se habrá echado a perder un lector.

Le estaremos cerrando las puertas de un reino fascinante que alimenta la imaginación, que permite escapar por momentos de los rigores y las túneles oscuros de este mundo para recorrer otros mundos más luminosos, para ayudarlos a inventar, para recomponer el nuestro.

Si era fascinante leer cuando simplemente nos entregaba el placer de viajar en el tiempo y en el espacio desde un sillón en la casa, de alborotarnos la imaginación y llenarnos de preguntas, mucho más ahora que está comprobado que aceita la máquina del pensamiento.

Fernando Quiroz
@quirozfquiroz

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