Diálogo y elecciones

Diálogo y elecciones

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21 de octubre 2013 , 05:16 p.m.

Lo mejor que le podría pasar al diálogo de La Habana sería que el próximo debate electoral se convirtiera en un escenario de discusión, análisis y refrendación de sus alcances.

La búsqueda y logro de la paz deben ser una motivación nacional que movilice al conjunto de la sociedad. Claro, también permite a los que defienden una posición opuesta ventilar sus argumentos ante los potenciales electores, para que estos dispongan de suficientes elementos conceptuales a la hora de decidir.

Infortunadamente, en la mesa de negociación en Cuba se repiten las situaciones que han llevado al fracaso intentos similares: las Farc vuelven a exagerar sus apreciaciones frente a los micrófonos, en lugar de entregar mensajes que generen optimismo en el país y en la comunidad internacional. Desbordan los contenidos de la agenda y sobredimensionan su capacidad de negociación. Usan este escenario para alentar a sus militantes, porque temen ser percibidos como traidores. Manosean la oportunidad histórica de resolver las causas del conflicto vía diálogo, al entenderlo como producto de una situación obligada por circunstancias ajenas a su voluntad. Creen que el Gobierno Nacional aceptará todo lo que pidan y le restan valor al apoyo de la comunidad internacional.

Frente a este panorama, dos verdades de Perogrullo: la lucha armada no es opción de poder en Colombia. Aunque se mantienen muchos de los aspectos estructurales del conflicto, ha perdido vigencia en los últimos años. Dilatar las negociaciones es restarle oportunidades a una solución negociada en el contexto del DIH y de los DD. HH. La otra verdad: son diferentes los tiempos de la guerrilla y los del Gobierno. Pero aquella debería saber que no está en sus manos definir el escenario que lleve a una pronta negociación.

El Gobierno se la ha jugado por un acuerdo. Incluso, busca el acompañamiento de la comunidad internacional y su comprensión en relación con un tema clave: la justicia transicional y el modelo que requiere nuestro país. La absurda oposición del uribismo no lo amilana. A pesar de los bajos índices de credibilidad, mantiene tonificado el discurso de la paz, prepara escenarios y presenta leyes que ayudarán a su concreción. Pero su interlocutor poco valora estos esfuerzos.

Y en últimas, ¿se requiere un cese temporal de los diálogos durante el debate electoral? Tal vez no sería el mejor escenario, pues los afectaría. Y si los avances de la agenda no constituyen fundamento para la campaña electoral, ¿cuál sería entonces su razón de ser?

Jaime A. Fajardo Landaeta
fajardolan@une.net.co
@JaimeFajardoLan

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