Secciones
Síguenos en:
'Esto es como estar en un hotel, pero barato'

'Esto es como estar en un hotel, pero barato'

El 7,4 por ciento de la población en la ciudad recurre a los inquilinatos.

Largos y oscuros pasillos. Baldosas gastadas por el trasegar, manchas y suciedad impresa en los muros. Niños deambulando por escaleras, mujeres que friegan la loza y lavan sus ropas en el patio central. Solo una secuencia de escenas y personas que pasan sus días en inquilinatos.

En la ciudad hay más de 200 de estas viviendas colectivas, en las que varias familias de pocos recursos, comparten una casa o edificación y usan de forma comunal los servicios sanitarios y de acueducto. En ellos, calcula alcaldía de Medellín, podrían residir 3.000 personas.

Para algunos, los inquilinatos son solo lugares de paso. En ocasiones las personas permanecen allí días o semanas, pero al final se marchan. A veces solo duermen y se van.

“Acá viene mucho campesino. Por una época hubo desplazados que salían corriendo de sus pueblos. Algunos llevan años acá, pero otros se han devuelto. Esto a veces es como un hotel, pero barato”, dijo Wilson Rodallega, administrador del inquilinato Los Andes, en pleno corazón de Niquitao.

Sin embargo, hay familias enteras para las que una habitación de inquilinato se ha convertido en su hogar. Es el lugar en donde comparten, duermen, comen, realizan sus quehaceres y pasan momentos de ocio.

Para Alba Cecilia Londoño, quien lleva 13 años viviendo en el inquilinato Los Andes, esa pequeña habitación de 15 metros cuadrados, repleto de trebejos, es su único, aunque caótico, refugio.

La cama hace de comedor, sala para recibir visitas, escritorio, pero también es lugar de descanso e intimidad.

Encima de la estufa hay ollas, platos y vasijas con comida. También, sobre un armario, hay un televisor y un equipo de sonido que, dice, son regalos de Navidad de la suegra de su hija.

Esta familia está integrada por ella, su esposo y su hijo, con quienes comparte habitación y un solo sueldo de 25.000 pesos al día, de los cuales tiene que pagar 13.000 por la habitación. Los sábados paga 16.000 pesos.

“Yo voy al granero con 7.000 pesitos y compro un cubito de jabón rey, un paquetico de arepas, cinco huevitos, el desayunito. Para el almuerzo una libra de arroz, un paquetico de fideos, media libra de papa y 500 pesos de hueso”, dice Alba.

Al lado de la habitación de Alba duerme otra familia. El caso se repite en cada una de las puerta desteñida a lo largo de los corredores.

No más en el inquilinato Los Andes, donde hay 100 habitaciones, duermen solitarios, parejas y familias enteras que se rebuscan el dinero para pagar un techo bajo el cual dormir.

“Acá viven recicladores, trabajadoras sexuales, confiteros, gente que pide en la calle, indígenas, ladrones, normal”, cuenta Rodallega.

En este lugar, aunque no pareciera tener ningún componente tecnológico, hay 16 cámaras de seguridad ubicadas en la puerta principal, escaleras, pasillos, en el patio de ropas y en cada rincón de las zonas comunes.

Aunque Los Andes cierra a la media noche, siempre hay alguien vigilando, observando qué sucede a través de las cámaras o abriéndoles a los que trabajan hasta la madrugada.

“Yo soy nacido en un inquilinato. Mi padre comenzó con este tipo de negocios desde 1965, así que yo crecí en este mundo. Esta es la casa de la familia, a mi casa en Belén yo voy es a dormir no más”, dice Rodallega.

Este hombre recuerda que desde 1990 comenzó a hacerse cargo del inquilinato Los Andes, el negocio familiar del cual viven su madre, sus hermanos, sobrinos y sus cuatro hijos.  

La ciudad tendrá política pública para regular los inquilinatos

La alcaldía de Medellín, en cabeza del Instituto Social de vivienda y Hábitat de Medellín (Isvimed), y la Universidad Nacional invirtieron 712 millones de pesos en un convenio para formular políticas públicas para la regulación, adecuación física y estructural, y la atención integral de más de 2.000 familias que viven en los 200 inquilinatos de la ciudad.

Esta política u hoja de ruta, que se entregará a la comunidad en junio de 2014, establece estrategias claras para la atención de esta población vulnerable.

También pretende generar condiciones dignas de habitabilidad en esta modalidad de vivienda.

Esta política va unida al proyecto de Plan Parcial San Lorenzo, en el que la Alcaldía ha proyectado la transformación de 79.000 metros cuadrados de los barrios Las Palmas, San Diego, parte del Cerro el Salvador y Colón (Niquitao).
Serán construidos parques y un centro de salud.

Paola Morales Escobar
Redacción EL TIEMPO
Medellín

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.