¿Se le acabó el cuarto de hora a América Latina?

¿Se le acabó el cuarto de hora a América Latina?

Proyecciones del FMI y del Banco Mundial coinciden en que el crecimiento de la región se ralentiza

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20 de octubre 2013 , 10:18 p.m.

¿Se acabó la ‘fiesta’ para América Latina? Esa fue la pregunta que flotó en el ambiente el pasado 9 de octubre, cuando cerca de 25 ministros de Hacienda de la región se reunieron en Washington convocados por Colombia, que ejerce temporalmente la secretaría del grupo.

La reunión, que contó con la presencia de la directora del Fondo Monetario Internacional, Christine Lagarde; del presidente del Banco Interamericano de Desarrollo, Luis Alberto Moreno, y de dirigentes de otras entidades multilaterales, se concentró en mirar la marcha de la zona, ahora que el viento ya no sopla en su favor.

Una prueba de ello la dio el propio FMI al revelar sus más recientes proyecciones sobre la economía global, en el marco de la reunión anual conjunta –hecha en asocio con el Banco Mundial– que tuvo lugar a comienzos de octubre, también en la capital estadounidense. Según el organismo, el crecimiento latinoamericano en el 2013 apenas llegará al 2,7 por ciento, casi medio punto por debajo del pronóstico hecho en abril pasado.

La causa principal de esa ralentización es el mediocre desempeño de Brasil y México, las dos naciones que tienen el mayor Producto Interno Bruto de la zona. No obstante, en general todos los países han sentido el frenazo, desde el Río Grande hasta Tierra del Fuego.

En lo que hace a Colombia, la meta oficial de comienzos del año ha sido revisada a la baja. Si bien el Gobierno insiste en que su nuevo objetivo del 4,5 por ciento de incremento en el PIB es todavía posible, la mayoría de los analistas le apuestan a un dato más bajo. El Fondo, por su parte, habla de un 3,7 por ciento, una cifra también inferior a la prevista hace seis meses.

A la luz de ese comportamiento, hay opiniones variadas sobre lo sucedido. “El aumento del PIB de la región fue alto entre el 2003 y el 2007 y llegó al 5,6 por ciento anual, pero se redujo sensiblemente desde entonces”, sostiene el profesor de la Universidad de Columbia en Nueva York, José Antonio Ocampo. “El alto crecimiento ya desapareció hace varios años y es poco probable que retorne debido a la tendencia a la caída de los precios de productos básicos y a las condiciones financieras, que serán menos favorables”, agrega.

Por su parte, el exministro Guillermo Perry afirma que “se acabó la época dorada”. El experto también señala que la baja en las cotizaciones internaciones de bienes primarios como cobre, carbón, soya, café o mineral de hierro, se combina con el cambio en las circunstancias internacionales relacionadas con la abundante liquidez y tasas de interés históricamente bajas. Ahora que el Banco de la Reserva Federal de EE. UU. se apresta a cambiar su política en este último frente, el periodo del dinero barato y de fácil acceso está llegando a su fin.

Ganadores y perdedores

Por cuenta de esa realidad hay varios debates en marcha. El primero es si América Latina aprovechó la bonanza de mejor manera que en otras ocasiones de su historia. Al respecto, Perry afirma que hay casos de casos. “Venezuela y Argentina la dilapidaron y ahora están sin reservas internacionales, al borde de una crisis. En contraste, Perú y Chile ahorraron bastante e invirtieron bien: son los que más han crecido y lo seguirán haciendo. Colombia y Brasil no lo hicieron tan mal como unos ni tan bien como otros. Aun así, Ecuador y Bolivia manejaron mejor el boom que nosotros”, dice.

Al mismo tiempo, se reconoce que el auge sirvió para conseguir mejorías importantes en materia social. “En lo que sí ha habido una década positiva es en reducción de la pobreza y, para el grueso de los países, de la desigualdad. Esa tendencia sí puede continuar, porque se dan dos coincidencias de más larga duración: el aumento en los niveles educativos de la población y la reducción en el crecimiento de la fuerza de trabajo”, subraya Ocampo.

Precisamente, la discusión se centra ahora en lo que viene. Mientras unos alertan sobre los peligros de haberse ‘gastado la lotería’ otros creen que hay motivos reales para ser optimistas.

“En general, veo un manejo mucho más profesional de los asuntos de la región y un reconocimiento de que todavía faltan muchas tareas por hacer. También creo que estamos mucho mejor preparados para enfrentar con éxito un eventual choque externo”, opina Moreno, del BID, quien en su momento habló de que esta es la década de Latinoamérica.

Dentro de esa lista de pendientes, se encuentran las mejoras en productividad que a su vez dependen de mayores inversiones en infraestructura, avances en materia institucional y especialmente un salto en la calidad de la enseñanza, entre otros asuntos. “Contamos con grandes riquezas naturales y estas son un activo invaluable en un mundo cuya población aumenta y en el cual el tamaño de la clase media se va a triplicar en los próximos 40 años, pero tenemos que trabajar duro para aprovechar la oportunidad”, insiste Moreno.

Al respecto, el connotado analista Moisés Naím piensa que no todos los países del área se comportarán de la misma manera en los años que vienen. “América Latina ha estado dividida en cuanto a su políticas económicas y a su desempeño”, dice. El experto venezolano señala que para naciones como Argentina y Venezuela “la década venidera será de inevitables ajustes económicos que tendrán duras consecuencias sociales”.

Un parte de tranquilidad

¿Y cómo nos puede ir a nosotros? Naím resalta que “Colombia, Perú y Chile vienen de tener una buena evolución y, lo más probable, es que a pesar de que se deberán adaptar a un ambiente económico menos benevolente, seguirán teniendo resultados superiores a los del promedio de la zona”. Además anota que “si México logra implantar a fondo las reformas que se han anunciado nos puede sorprender. Podría tener el mejor desempeño en muchos años”.

De regreso a la cita de Washington, el balance de la reunión de ministros de Hacienda es que el cambio en las circunstancias globales se ve con calma, aparte de las inquietudes que pueden existir en Buenos Aires o Caracas. “Los vientos de cola que nos empujaron en los últimos años se han debilitado”, acepta el ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas. “Para sostener la velocidad vamos a depender más de nuestros propios motores y en el caso de Colombia la mejor apuesta es la infraestructura que tiene un doble dividendo: estimula la economía y aumenta la productividad”, dice.

Por tal motivo, aun si hay tranquilidad, esto no debe ser entendido como un motivo para dormirse en los laureles. Por ello, el FMI insiste en que hay mucho que hacer ahora y que “el principal desafío de las autoridades consiste en lograr una transición sin sobresaltos hacia tasas de crecimiento más sostenibles”. De la manera en que se enfrente ese reto dependerá el futuro latinoamericano, en el que a partir de ahora influirán más las buenas políticas y menos los vientos a favor para regresar a la ‘época dorada’.

RICARDO ÁVILA
Director de Portafolio

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