¿La próxima joya de Colombia?

¿La próxima joya de Colombia?

Dos puñaladas casi lo sacan del deporte.

20 de octubre 2013 , 09:47 p.m.

El joven pesista bogotano Nicolás Sánchez Quinchía terminó su sesión de entrenamiento de levantamiento de pesas en el coliseo Cayetano Cañizares de la localidad de Kennedy, uno de los tres sitios más poblados de la capital del país.

Cansado, con la cabeza pensando en hacer tareas para cumplir en el estudio, caminaba rumbo a su casa ubicada en el barrio El Amparo situado detrás de Abastos, una de las zonas más violentas de la ciudad en la que con mucha frecuencia se presentan atracos, consumo de droga, asesinatos y microtráfico.

A pesar de que conocía el peligroso barrio, a Nicolás nunca le dio miedo, tampoco cambió la ruta. Un día lo abordaron varios hombres, lo intimidaron con cuchillos, lo robaron y recibió dos puñaladas: una en el costado derecho de su cara y otra en el pecho. Fue llevado rápidamente a un hospital. Los médicos lo trataron y tras un tiempo le dijeron que no podía seguir en el deporte, pues la puñalada de la cara fue delicada y podía sufrir una lesión más grave por la fuerza que debía hacer al levantar la palanqueta. De eso ya hace dos años.

“Lo que me importaba era volver a entrenar. Al día siguiente del asalto debía viajar a Tuluá (Valle), a concentrarme para un torneo Sub-15 en Ecuador, pero no pude ir. Pensé que no volvería a las pesas, pero a los médicos les dije que continuaría y hoy no me arrepiento de nada”, dijo Nicolás, que nació en Bogotá el 25 de febrero de 1996.

Vive con sus padres Leonel Sánchez y Noraida Quinchía. Sus hermanos son Fredy, Diego, Santiago, Brayan y Gabriela. Después de estudiar en varios colegios por fin se graduó de bachiller en el Instituto Mercantil. “Casi que no salgo (risas)”, recordó.

“No era mal estudiante, lo que pasaba era que me tocaba entrenar e ir al colegio, algo que no es fácil. Es más, me gusta ir a las aulas. Ojalá el Instituto Distrital para la Recreación y el Deporte (Idrd) pueda conseguirme una beca con la Universidad de la Sabana o la Nacional, porque quiero ser fisioterapeuta”, afirmó.

Llegó a las pesas por su hermano Fredy. Él, hacía parte de la selección Bogotá y un día lo acompañó a la terminal de transportes de Bogotá, pues el grupo se iba para Cartagena a competir.

Nicolás ya había escuchado las historias de Fredy. Le encantaba que su hermano le contara cómo eran las ciudades que visitaba, cómo eran los hoteles y le llamaba la atención hablar de las competencias.

“Ese día aproveché y le dije al entrenador, don Julio, que quería ir al coliseo, pero me respondió que no, que yo tenía que esperar un año más, pues recibía los primeros niños a los 10 años y yo tenía 9. No hubo remedio, me tocó esperar”, recordó.

El 19 de marzo del 2006 fue por primera vez a un entrenamiento. Julio lo recibió. Ya lo conocía. Acompañaba a Fredy a las prácticas, por lo que le era familiar. De una se encariñó con los discos, barras, palanquetas, plataforma, en fin, con todo lo que se utiliza en esta disciplina.

Su gran ídolo es Óscar Figueroa, medallista olímpico en Londres-2012. Lo conoce, pero poco ha hablado con él. “Es un duro. Ese día que ganó la medalla confiaba mucho en él. Sabía que en la concentración había levantado el peso ideal y no nos falló. Vimos la competencia en una tienda cerca al coliseo y luego corrimos a celebrar”, aseguró Nicolás, sin pensar que casi un año después, él sería uno ganador de una medalla mundialista.

El bogotano fue seleccionado para competir por Colombia en el Mundial Juvenil de Pesas de Uzbekistán este año en la categoría Sub-17. Fue a probar. No tenía mucha esperanza de ganar. Tanto, que el peso que pidió lo mandó a la competencia del grupo B, en el que ubican a los que poca opción tienen de ganar.

Nicolás hizo su trabajo. Levantó lo que pudo. “Váyase para el hotel”, le dijo el DT. Él, le contestó que quería quedarse a ver el resto de la competencia de los 56 kilos. “Es mejor que se vaya y se relaje. Coma algo”, le replicó el técnico. Nicolás hizo caso. Cogió el bus de la organización, llegó a su habitación, prendió el computador y por Internet vio el final de la prueba.

“Cuando faltaban cinco pesistas del grupo A, yo era primero en el arranque. Sudaba. Rezaba para quedar. Hice cuentas. Tal vez quedaría de cuarto, pero de un momento a otro me vi con el bronce y celebré. Lloré, no me da pena decirlo”, recordó.

El técnico le dijo que se fuera para el coliseo, que debía estar en la premiación y por eso volvió al bus y orgulloso se subió al podio y se colgó el bronce.

“Sé que tengo con qué llegar lejos. No es fácil que a uno le digan que puede ser campeón olímpico. Hago mi proceso. Soy joven, pero mi objetivo es, quizás, en dos olimpiadas subirme al podio, como lo hizo Figueroa el año pasado en Londres. Sé que lo puedo conseguir”, dijo Nicolás, el pequeño que no abandona El Amparo, su barrio, donde vive, a pesar de que en ese episodio del 2011 pudo perder la vida y Colombia a un gran campeón.

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LISANDRO RENGIFO
Redactor de EL TIEMPO

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