'Pazciencia'

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20 de octubre 2013 , 07:18 p.m.

El proceso de conversaciones que actualmente avanza en La Habana pertenece a la categoría de eventos complejos, cuyo mejor entendimiento y comprensión demanda el concurso de las ciencias sociales, puesto que sin el análisis histórico y la discusión sociológica y politológica no se entendería a cabalidad, porque se trata de ponerle fin a más de medio siglo de confrontaciones militares y políticas con características que no pueden ser asimiladas a conflictos ordinarios sin fuerza histórica comparable.

Los exégetas de la guerra –que, desde perspectivas íntimamente vinculadas a obsesiones ideológicas premodernas, desprecian el conocimiento– han dado en la flor de exigir su resolución inmediata y sin concesiones, al ponerle límites perentorios al ejercicio de la reflexión, como si se tratara de las cláusulas inexpugnables de un contrato de adhesión, y rechazar agresivamente cualquier alternativa. En el fondo de este interés se advierte el propósito de hacer “una paz” dirigida a sofocar la lucha insurreccional y, al propio tiempo, mantener inalteradas las condiciones sociopolíticas que privilegian la vigencia del modelo de acumulación neoliberal. A esta presión parece estar cediendo, ya en el atardecer de su mandato y apremiado por los cálculos electorales, el presidente Santos.

El conflicto que se busca superar es atípico y central en la vida colombiana e involucra a más de dos generaciones y está presente en una tercera parte del territorio nacional. La crudeza de su desarrollo, su complejidad y su enorme costo han sido objeto de innumerables análisis por expertos nacionales y especialistas de la comunidad internacional. Muchas de estas contribuciones han recomendado de manera coherente propiciar el clima de confianza apropiado para alcanzar una paz sostenible, en contraposición a la apuesta militar y al unilateralismo autoritario.

A La Habana llegaron las delegaciones, tras las bases consensuadas en Oslo, sin desconocer el amplio consenso pacientemente construido entre investigadores, expertos, analistas y dirigentes democráticos, en el sentido de desarrollar en forma paralela agendas de modernización del Estado, con políticas públicas de inclusión social y participación política, naturalmente basadas en la reivindicación central de la democracia y en el respeto irreductible de los derechos humanos.

Sin embargo, bajo el gobierno Santos –que recibió de su antecesor un país en la más profunda crisis de legitimidad institucional y política–, el leve incremento del gasto público no se ha traducido en el mejoramiento de la calidad de vida ni de los patrones de convivencia pacífica de las mayorías colombianas, toda vez que tales recursos han ido a sustentar la emergencia de prácticas políticas irregulares que favorecen la concentración de oportunidades e impiden la transformación política y la consiguiente reconstrucción socioeconómica de Colombia.

Tal vez por ello mismo las reivindicaciones legítimas a que vienen aspirando campesinos, trabajadores, estudiantes y las llamadas minorías, presentadas por sus voceros en los foros temáticos coordinados por las Naciones Unidas y la Universidad Nacional de Colombia, son tomadas, no como obligaciones inherentes a un Estado social y democrático de derecho, sino como presiones de la guerrilla por fuera de la agenda pactada para el desarrollo de los diálogos.

En este sentido, es preciso recalcar que la sociedad, encabezada por la academia universitaria y las organizaciones sociales, debe desplegar ahora mismo una vigorosa acción en torno al objetivo central de la paz y a afianzar un respaldo colectivo a los acuerdos que se lleguen a suscribir. “La paz es asunto de la sociedad en su conjunto, que requiere la participación de todos, sin distinción.”

Libro recomendado: ‘Raíces del pensamiento crítico’, de Franz Hinkelammert. Se trata de una lectura actualizada y profunda de los fenómenos más agudos de la sociedad. Los diálogos con Benjamin, Agamben, Marx, Zizeck, Nietzsche, Weber y muchos otros grandes pensadores de nuestro tiempo desafían la reconstitución de nuestra forma de pensar y considerar aquellos mundos utópicos como mundos posibles de justicia social. Universidad Distrital, Justicia y Vida. 329 págs., 2013.

Alpher Rojas C.
Investigador en ciencias sociales y estudios políticos

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