'El gringo' que dejó atrás la calle

'El gringo' que dejó atrás la calle

Jaime Alberto Ramírez vivió 8 años en las calles. Hoy se destaca por las artesanías que hace.

20 de octubre 2013 , 07:28 a.m.

Después de vivir durante ocho años en las calles de Manizales, en medio de la drogadicción y con un extenso prontuario criminal en Estados Unidos, Jaime Alberto Ramírez comenzó a recuperar su familia y se convirtió en un modelo de superación personal y laboral.

Este caleño de 45 años fue el invitado especial en la Feria Empresarial que organizó la Fundación Universitaria Luis Amigó en la capital de Caldas. Allí, llegó algo tímido y ansioso por presentar sus artesanías al público, pero dispuesto a dar ese paso para darse a conocer como un hombre nuevo.

“Apenas me estoy conociendo, no sabía quién era yo, lo que sí puedo decir es que me encanta la artesanía, y siempre sacaba tiempo para esto. Cuando era criminal o habitante de calle me sentaba a hacer cosas”, dijo Ramírez, quien está trabajando en su portafolio de productos que realiza con una técnica que él mismo ideó cuando vivía en Estados Unidos.

“Utilizo una tablita de 9 pulgadas de largo por 6 de ancho, esa es mi máquina, la velocidad que le meto compacta el papel y lo enrolla, en el filo le meto el Colbón y lo dejo en varillas que parecen madera”, explicó.

Un llamativo modelo a escala de una chiva de marca Ford, con el nombre La Cotorra, con pasajeros, gallinas y hasta bultos de comida a bordo, se robó las miradas en la Feria. Se trata de la creación más especial para el artesano.

“Le puse la marca Ford porque me gustan esos carros. La hice en Estados Unidos para representar a Colombia en un concurso, luego se la regalé a mi hija y ahora se la pedí prestada para exponerla aquí”, contó Ramírez.

Atrás quedaron esos días oscuros que él vivió cuando fue miembro de los Reyes Latinos, una temida pandilla en ese país, adonde llegó con su familia en los años 70 para cumplir el sueño americano.

“En el 2011 los marshals (policías) me trajeron a Colombia y me entregaron al DAS porque yo pertenecía al crimen organizado, bandas, narcotráfico, todo eso”, dijo Ramírez, quien no soportó que sus vecinos en Cali lo vieran en ese estado, por eso decidió abordar el primer bus que viera en el terminal, así llegó a Manizales.

“Probé el bazuco y fue el mejor aliado para la depresión”, narró ‘el gringo’, como lo conocían en la zona de El Cable de esta ciudad por su fluido inglés, y agrega que para sobrevivir se dedicó a reciclar, pero lo que ganaba en la mañana, lo consumía en las tardes mientras seguía haciendo manualidades y árboles con cobre.

“A la gente le aterraba ver a una persona mal vestida y de mal aspecto hablando inglés con los turistas, pero no sabían el dolor que yo tenía. Muchas veces me vi tirado en un andén llorando, pensando en mi familia”, dijo.

El 24 de diciembre del 2011 Ramírez decidió recuperar su vida. “Dije no más. Me metí a una fundación y terminé el proceso de rehabilitación. Salí y busqué a la Unión de Protección a la Vida UPV (programa de la Alcaldía de Manizales que apoya a los habitantes de la calle), porque necesitaba más apoyo psicológico".

A ‘el gringo’ le faltan 8 de los 20 años que debe esperar (por los delitos que cometió allá) para presentar sus papeles a migración y poder regresar a Estados Unidos, donde están sus papás y su hija. “Claro que pienso volver, allá está mi pasado y mi familia”, aseguró y añadió con orgullo que “esta ciudad y su gente me enseñó que sí se puede vivir sin drogas. Aprendí a respirar, ahora hasta el aire tiene aroma”.

Su segundo hogar es una posada

Vivo en una posada con muchos habitantes de calle. Trato de aconsejarlos, no tengo plata pero siempre hay algo para darles, así sea un tinto y un pan”, señaló Jaime Alberto Ramírez, y agrega que en el hogar de paso Nuestra Señora del Rosario encontró una familia.

El diácono Silvio Montes, coordinador del lugar, aseguró que allí “está Cristo con los brazos abiertos para darles una oportunidad a los hombres que han sufrido por la drogadicción”. A cambio de dos mil pesos, cada persona tiene derecho a comer, bañarse, dormir y desayunar. También tienen apoyo psicológico.

Mónica Arango Arango
Corresponsal de EL TIEMPO
Manizales

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