Pasear por el barrio que impulsó el arte chino

Pasear por el barrio que impulsó el arte chino

Recorrido por el Distrito 798, en Beijing, la ventana más contemporánea de china para el mundo.

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19 de octubre 2013 , 01:33 p.m.

Al noreste de Beijing hay un lugar en donde antiguas bodegas, fábricas de armamento y maquinaria pesada carcomida por el óxido se funden con esculturas regadas por las calles, galerías y estudios de arte, cafés y restaurantes. Se trata de un barrio ocupado por artistas. Sus calles muestran la confluencia de tiempos y de gente, desde magnates en carros de último modelo hasta artistas novatos. Es el Distrito de Arte 798, la ventana del arte contemporáneo chino para el mundo.

Recorrer las calles de esta zona es asomarse a la historia reciente de China. Desde la incipiente industria de los 50 y 60, pasando por la producción de armas y su abandono en los 80, hasta la invasión del movimiento artístico chino y el capitalismo desmedido.

La historia del acero industrial que se vuelve arte se remonta a 1957. Dashanzi, una zona que para ese entonces podía ser considerada la periferia de Beijing, fue el lugar perfecto para crear la Fábrica Conjunta de Beijing 798, una zona que en la naciente República Popular China fue el centro del poderío armamentístico.

Gracias al apoyo de los aliados, la Unión Soviética y Alemania del Este, el diseño de las fábricas se hizo bajo el concepto artístico y cultural denominado Bauhaus, que aprovechaba al máximo el espacio y la luz natural.

La década de los 80 vio una breve apertura del arte en China; una liberalización del fuerte control implementado por la Revolución Cultural, que culminó en 1976. En esa época surgieron nombres de la talla de Ai Weiwei, Hou Hanru y Gao Minglu.

Sin embargo, tras la masacre de la plaza Tiananmen de 1989, la escena artística de Beijing fue de nuevo censurada por el Gobierno y todos los movimientos de masas volvieron a ser considerados insurgentes. Los artistas se convirtieron en seres periféricos, sin un lugar para desarrollar su arte, especialmente el pop político y el realismo cínico.

Movimiento underground

La crítica internacional acogió estos movimientos como representantes de un arte ‘underground’ y disidente bajo un régimen comunista. Irónicamente, tal interpretación de una lógica de la Guerra Fría condujo al éxito comercial de los artistas. Algunos empezaban a exponer –y otros a vender– sus obras en países extranjeros, y se hizo evidente la necesidad de tener un espacio físico para trabajar y desarrollar nuevas corrientes. El 798 se ofrecía como un espacio perfecto: fábricas con mucha luz y a bajos precios.

En 1995, la Academia Central de Bellas Artes fue una de las primeras en identificar el potencial de la zona, cuando utilizó el área de Dashanzi para una exposición. En el 2000, Sui Jianguo, decano del Departamento de Escultura, abrió su propio taller en el área, y luego fue seguido por decenas de artistas plásticos.

El barrio empezó a ganar popularidad y se consagró como zona artística con la llegada de Huang Rui, uno de los fundadores del movimiento de arte contemporáneo chino. Con Huang Rui comenzó la gran metamorfosis de Dashanzi, pues fue él quien lideró el movimiento.

Entre el 2000 y 2002 la zona fue ocupada por artistas que buscaban un espacio propio, y el movimiento no sólo atrajo chinos. Uno de los primeros en mudarse fue el norteamericano Robert Bernell, quien trasladó su librería Timezone 8 en 2001. En el mismo año, Tabata Yukihito, dueño de la Galería de Tokio, decidió probar suerte en Beijing, y en conjunto con Huang Rui, inauguró Beijing Tokyo Art Projects, la primera galería de arte del 798.

Obras bajo la lupa del Gobierno

El movimiento espontáneo, en el que entre el año 2000 y el 2002 la zona es ocupada por artistas, no estaba en la agenda gubernamental. El proyecto de construcción previsto allí no era uno de artes, sino uno de tecnología, y el Gobierno tenía programada su demolición para el 2005. El 31 de diciembre todos debían desalojar el sector. Muchos artistas, e incluso miembros del gobierno, como el diputado Li Xiangqun, se opusieron a su destrucción. Después de meses de discusión, el Gobierno cedió y el 798 se convirtió en el primer distrito de arte protegido de China. Aunque el Gobierno nunca ha aceptado movimientos contrarrevolucionarios, como son llamados los grupos críticos por el Partido Comunista, el 798 se convirtió en el centro de una conciencia colectiva insurrecta y denunciante, sobre hechos políticos como la Revolución Cultural o el sistema totalitario. La censura es uno de los principales problemas. Si bien el 798 se dio a conocer por la libertad, desde el 2007 agentes gubernamentales frecuentan la zona y todas las exposiciones tienen que pasar la inspección oficial.

ESTEBAN PIÑEROS
Para EL TIEMPO
Beijing

 

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