El dólar y el sistema monetario internacional

El dólar y el sistema monetario internacional

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18 de octubre 2013 , 08:04 p.m.

Una de las dimensiones más preocupantes del deplorable espectáculo que protagonizó la Cámara de Representantes de los Estados Unidos durante las últimas semanas es el impacto sobre el sistema monetario internacional, que descansa desde hace cuatro décadas sobre el dólar como moneda fiduciaria.

En tal sentido, la crisis, que fue postergada más que solucionada, tiene dos implicaciones. La primera es la incertidumbre sobre los títulos del Tesoro de los Estados Unidos, que se consideran los activos financieros más “seguros” del mundo, como reflejo del papel del dólar en el sistema. No en vano, los principales poseedores de dichos títulos, China y Japón, protestaron con vehemencia ante la eventualidad de una suspensión parcial de pagos.

Expresado de otra manera, el sistema monetario internacional gira en torno a un régimen político disfuncional. Cabe recordar que hubo otro episodio similar hace dos años y seguramente se presentará otro a comienzos del 2014.

La otra implicación es menos conocida. En el 2010 el Grupo de los 20 llegó en Corea a la decisión, catalogada entonces como “histórica”, de duplicar el capital (cuotas) del Fondo Monetario Internacional y aumentar en un modesto 5 por ciento el poder de voto de los países emergentes y en desarrollo. Esta reforma no se ha hecho efectiva porque Estados Unidos no ha aportado los recursos adicionales y tiene un poder de veto efectivo sobre las decisiones del FMI.

Por este motivo, el mundo debe utilizar esta coyuntura para rediseñar a fondo el sistema monetario internacional. Hace cinco años hubo un acuerdo sobre la necesidad de reformar el sistema monetario y financiero del mundo para garantizar su estabilidad. Se ha hecho bastante en materia financiera pero prácticamente nada en materia monetaria.

Toda reforma relevante en este campo debe partir por darle un papel más claro a la única moneda verdaderamente internacional que existe, los llamados derechos especiales de giro del FMI. Estos derechos fueron creados en 1969 para enfrentar otra crisis del dólar. Los miembros del FMI aceptaron entonces que se convertirían en el principal activo de reserva de los bancos centrales del mundo, lo que hasta ahora ha sido letra muerta.

Lo que esta nueva reforma implicaría es que el FMI se manejaría de manera más parecida a un banco central. Emitiría derechos especiales de giro durante las crisis, como de hecho se hizo en el 2009 (emitió derechos por 250.000 millones de dólares), y los recogería, si lo desea, durante las épocas de abundancia. Los países “depositarían” esos derechos en el FMI, que a su vez los utilizaría para financiar sus programas de crédito. Hoy en día, los derechos pueden ser utilizados por los países para cubrir sus déficits, pero no para financiar los programas crediticios del FMI.

Esta reforma debería estar acompañada de al menos tres elementos adicionales. El primero es utilizar al FMI, en vez de al G-20, como el organismo de coordinación macroeconómica mundial, ya que, pese a los problemas de representación del primero, incluye a casi todos los países del mundo.

El segundo es reducir la inestabilidad de los tipos de cambio que caracteriza al sistema actual y su causa básica, la volatilidad de los flujos de capital. Estos últimos deberían estar adecuadamente regulados, como toda operación financiera.

El tercero es una reforma en la gobernabilidad del FMI, que aumente la participación de los países emergentes y en desarrollo en el organismo a lo que representan hoy en la economía mundial y elimine el poder de veto de los Estados Unidos.

José Antonio Ocampo

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