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El reverdecimiento de la economía debe ser el motor para el desarrollo

El reverdecimiento de la economía debe ser el motor para el desarrollo

Pavan Sukhdev, gurú de la economía ambiental, busca detener el uso ilimitado de recursos naturales.

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Todos los días, sin excepción, usamos recursos que la naturaleza nos da gratuitamente. Pero, ¿y qué tal que tuviéramos que pagar por tener aire para respirar? ¿O por la existencia de la selva del Amazonas, que regula nuestro clima? ¿Se imaginan pagar por el trabajo de polinización que hacen las abejas, por el agua que recibimos cuando llueve o por la fertilidad del suelo? A pesar de la trascendencia de esos servicios, la naturaleza nunca nos manda facturas por lo que tomamos de ella.

Un economista ambiental llamado Pavan Sukhdev está tratando de que, precisamente, comencemos a ser conscientes de eso. Para que pensemos en que estamos montados sobre un desarrollo económico de desgaste, que usa ilimitadamente recursos sin reponerlos, que extrae sin resarcir.

“Es la economía marrón”, dice. “La que no beneficia a toda la sociedad de manera equitativa y crea problemas de pobreza. Impulsa riesgos como el cambio climático, incrementa la escasez ecológica de los recursos como el agua y reduce la tierra fértil. La que debe moverse hacia un modelo de desarrollo más sustentable”.

Sukhdev se expresa generalmente con calma, sin entusiasmo aparente, pero con una gran convicción. El experto habló con EL TIEMPO días antes de su llegada a Bogotá, donde el miércoles pasado (durante el VI Congreso Internacional de Medio Ambiente, evento que organiza cada año el Centro de Estudios para el Desarrollo Sostenible –Ceid– al cual vino como invitado de honor) lanzó la versión en español de su libro Corporación 2020.

Precisamente en ese documento, cuyo título señala sin disimulo el año que, según Sukhdev, debe imponerse la humanidad como plazo para que aquella economía marrón haga un cambio radical hacia la sustentabilidad, plantea otra de sus teorías principales: el papel clave que deben jugar las empresas en esa transformación.

Por un lado, los gobiernos, además de ir reduciendo los subsidios por el uso de combustibles fósiles que emiten gases de efecto invernadero –explica– deben modificar el enfoque de los impuestos.

Por lo tanto, las empresas deberán dejar de pagar gravámenes por sus ganancias, para hacerlo por aquellas actividades o productos que provengan de la extracción de recursos naturales.

Él argumenta que con el modelo actual de consumo, en el que los niveles de producción deben ser muy altos para que las compañías puedan pagar esos impuestos, se incentiva un comportamiento erróneo con respecto a la sustentabilidad.

En cambio, al imponer entonces un costo a la extracción y empleo de la naturaleza, las empresas tenderán a usarla menos o con más eficiencia, para abaratar sus costos. De esta forma se fomentaría una cultura de consumo verde que “gravaría lo malo en lugar de lo bueno, porque estamos tratando al medioambiente como un bien público, como una riqueza común, pero no lo respetamos colectivamente”, afirma.

Sukhdev nació en India. Su vida comenzó como banquero. Pero con los años fue tomando un rumbo poco usual para un profesional acostumbrado a generar utilidades a toda costa. Se transformó en un economista ambiental. Con cuatro amigos fundó, sobre el 2004, el proyecto ‘Contabilidad verde’, para averiguar cómo afectan al Producto Interno Bruto (PIB) sucesos tan comunes en esta época como la reducción del agua o la pérdida de un bosque.

Pero sin duda lo que lanzó a la fama a este profesor emérito de la Universidad de Yale, embajador ad honórem del Programa de las Naciones Unidas para el Medioambiente (Pnuma) y personaje del año del 2010, según el prestigioso portal Environmental Finance, fue ser el responsable del estudio ‘Economía de los ecosistemas y la biodiversidad’, conocido en inglés como TEED y financiado por el Grupo de los 8 (G8) y Brasil, China, India, México y Sudáfrica.

Este documento, terminado en el 2008 y presentado oficialmente en el 2010, se ha transformado en el trabajo de referencia más importante de la historia para dar los primeros pasos hacia esa economía menos cobriza, que impulse el bienestar humano, la escasez ecológica y que le fije un precio a la biodiversidad.

Trabajo que terminó por graduar a Sukhdev como el gurú mundial en este tema.

Entre otras cifras, él pudo establecer en esa investigación que la pérdida anual sufrida por el mundo ante la desaparición recurrente de bosques y la contaminación de los ríos está entre 2,5 trillones y 4,5 trillones de dólares (dinero con el que se podrían hacer casas para 600 millones de personas), y podría llegar a comprometer el 7 por ciento del Producto Interno Bruto mundial en el 2050. Allí mostró varios ejemplos de lo que significa usar recursos sin entregar nada a cambio.

Uno de ellos, la desaparición del mar de Aral –considerado un siglo atrás como el cuarto lago más grande del mundo–. Para incrementar la producción de algodón en esa región de Kazajistán y Uzbequistán, donde está situado, se aumentó el área de regadío con las aguas del lago de 5 a casi 8 millones de hectáreas a partir de los años 60.

Esto, sumado al aporte cada vez más reducido de agua de los ríos donantes que lo formaban, hizo que el mar de Aral comenzara a perder hasta 30 kilómetros cuadrados de superficie cada año, al punto de que hoy casi no existe.

Con esto, la pesca, que daba 80.000 puestos de trabajo colapsó. Para no ir tan lejos, basta analizar la pesca en el Pacífico, que Sukhdev también menciona. La extracción continua de los bancos de peces por flotas industriales ha llevado a que muchas especies comestibles estén sobreexplotadas y se generen pérdidas por más de 100 millones de dólares.

Otras consecuencias analizadas por este experto no son tan obvias, porque se presentan como riesgos para el futuro. Por ejemplo, si la deforestación continúa a la velocidad actual en la región amazónica, no solamente las instalaciones hidroeléctricas tendrán problemas de sedimentación acelerada.

Además, el clima regional cambiará de forma significativa, ya que una gran parte de la lluvia en la región continental de Suramérica, y el mantenimiento de los Andes como cordillera nevada, procede del agua que sale de los bosques. Todos esos daños, dice Sukhdev, estarían avaluados en 7.300 millones de dólares al año.

Por eso es por lo que él dice que el reverdecimiento de la economía no debe mirarse como una carga sobre el desarrollo, sino que debe transformarse en un nuevo motor para el crecimiento de la riqueza y el empleo decente, y para la reducción de la pobreza persistente en todo el mundo.

Plantea, además, que a todos los recursos naturales habrá que darles un valor expresado en términos de precio; por eso, las empresas deberán comenzar a reportar y a administrar los costos de sus impactos en la naturaleza y la sociedad, en una suerte de estado de pérdidas y ganancias ambientales.

Cierra algunos de sus planteamientos advirtiendo sobre la publicidad engañosa, que lleva al uso desmedido de productos; lanza una alerta sobre el denominado green wash, que se aplica a las empresas que quieren mostrarse aliadas del medioambiente, cuando son todo lo contrario, y llama a que la gente del común sea el principal motor del cambio.

“El consumidor final tiene el poder de ponerle veto al uso masivo de uno u otro servicio contaminante o dañino. El ciudadano de a pie es el verdadero líder de esta nueva revolución industrial que debe comenzar a forjarse”.

JAVIER SILVA HERRERA
Redacción Vida de Hoy

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