Alrededor de Space, decenas de personas viven en la desesperanza

Alrededor de Space, decenas de personas viven en la desesperanza

Los rostros de unos 300 damnificados por el desplome de la torre 6 del edificio lucen cansados.

15 de octubre 2013 , 09:34 p.m.

Llevan cuatro noches sin dormir y no tienen una idea clara de lo que pasará con sus vidas. Permanecen reunidos en el salón Antioquia del Hotel Intercontinental. Desde este lugar, a pocos metros del que fue su hogar, buscan cómo salir adelante tras el desastre. (Vea acá: La otra obra que tiene en la mira a la constructora del edificio Space).

Han permanecido unidos. No solo los del bloque que se desplomó, sino todos los propietarios del lugar y los residentes del edificio Asensi, ubicado frente al Space, construido también por CDO. La desazón es permanente entre todos. (Vea en fotos la tragedia).

“Aquí quedó mi trabajo de 12 años. Hoy no tengo nada, solo una deuda con el banco. Ni siquiera pude disfrutar del apartamento porque me lo entregaron hace tres meses y tuve que hacerle remodelaciones por las averías que tenía”, dice Paula Andrea Mazo, médica y dueña del apartamento 303 del bloque 5, que será demolido.

Permanecer organizados y juntos no ha sido fácil. “A mí ya se me está acabando la batería, se me acaba la fuerza, no física, sino logística, y apenas estamos empezando”, manifiesta Santiago Uribe, uno de los voceros de los afectados ante la constructora y la Alcaldía.

“Hemos recibido un subsidio de 3 y medio millones de pesos para un mes de arriendo. Nadie arrienda un apartamento por un mes. Es verdad que hay que agradecer que estamos vivos y sanos, pero hay un vacío muy grande; nos quitaron todo, no fuimos escuchados”, agrega Carlos Ruiz, otro afectado.

De otro lado, a unos cuantos metros del hotel donde permanecen concentrados los afectados de Space se encuentran los familiares de los once hombres que permanecen desaparecidos. A un lado del edificio, acomodados en carpas y acompañados por organismos de socorro y la Cruz Roja, están juntos y con la esperanza de que aparezcan con vida sus seres queridos.

Ellos no perdieron sus casas ni pertenencias. Tienen a sus hijos, primos, padres y hermanos debajo de los restos de un edificio que la constructora pretendía que arreglaran. Uno de esos obreros es James Arango, un joven de 27 años y padre de un niño de un año de nacido. Trabajaba desde hacía 14 meses en la empresa Concretodo (cuyo gerente general es el hijo del dueño de la constructora CDO) como soldador.

Es delgado, alto y de ojos verdes, según su padre, William Arango. Es también el menor de cinco hermanos que hoy permanecen con sus esposas e hijos en las carpas esperando noticias.

Desde el sábado, prácticamente han vivido allí. En ese lugar comen, duermen, lloran, aguantan. Escasamente se relevan para ir a bañarse y cambiarse de ropa.

“Estamos muy consternados por lo que pasó; él no sabía nada de lo que pasaba con el edificio, simplemente lo mandaron a realizar arreglos. Aquí hemos estado todos acompañándonos en el dolor”, declaró Arango.

Buscan llegar al cuarto piso

Mientras Román Arango Mesa tomaba tinto sin saber de la suerte de su sobrino James Arango Pulgarín, uno de los 10 hombres que aún están bajo la montaña de concreto, los organismos de rescate seguían con las labores de remoción de escombros en la torre 6 del Space.

Al llegar la noche empezaron a usar la grúa pluma para iniciar el movimiento de placas y poder llegar hasta donde se presume están los desaparecidos: en el cuarto piso de lo que antes fue un edificio de 22.

Según el director del Sistema Nacional de Gestión del Riesgo, Carlos Iván Márquez, luego de estos trabajos seguirá la labor de los rescatistas, que con cámaras térmicas y perros de búsqueda tratarán de hallar los cuerpos. Los hombres que se encuentran desaparecidos son los obreros Diego Hernández, Álvaro Bolívar, Albeiro Alcaraz, James Arango, Ricardo Castañeda, los hermanos Juan Carlos y Jaime Botero, Luis Marín e Iván Gonzales, así como el vigilante Ubéimar Contreras.

Pese al paso de los días, Arango Mesa no pierde la esperanza de volver a ver con vida a su sobrino, a quien lo espera en casa un niño de 13 meses.

REDACCIÓN MEDELLÍN

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