Autogol en Medellín

Autogol en Medellín

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15 de octubre 2013 , 08:44 p.m.

La madrileña Maricarmen opinó sobre ese derrumbe. Dijo que el querer ganarse el ciento por uno llevó a un penoso autogol a los constructores. Ya soltaron salidas cómicas de los que vendieron esas cajitas de arena, dizque “apartamentos resistentes y ecológicos”. El gerente, Jorge Aristizábal, antes del derrumbe, decía que sobraba abandonar el edificio; “están exagerando”. Y la gerente comercial, doña Eulalia Arboleda, derrochando frescura, declaró que otros serían los responsables y los llamados a devolver el billete a los compradores. Pilas, por ahí camina un ‘conejo’ a los compradores. ¿A quién le cobrarán las víctimas? Creo que a Mafalda o al Pato Donald; es que la letra chiquitica de la compraventa puede decir: “El comprador declara su conformidad total y absoluta y estará impedido para cualquier reclamo”.

¿Por qué el derrumbe de la torre? Según mi amigo Bruno Díaz, músico, teleactor, exconcejal de Bogotá, porque contrataron bacteriólogos en vez de ingenieros calculistas. Es como si mañana nombran director nacional del transporte al hoy concejal de Chía Carlos Martínez, el mágico conductor de la camioneta voladora.

En la peluquería, quince mujeres cantaron su miedo por los altos edificios que han construido sobre la avenida Circunvalar, calles 63 a calle 85 en Bogotá. Y la cartagenera Paulina Padilla dijo que el nerviosismo se debe a que la construcción la manejan con un “ajá, tú tranqui, yo te doy el permiso, es tu problem”. Los curadores son una cofradía que funciona con mucho amiguismo y se declaran apóstoles de la ecología.

Cuando los controles son alcahuetes, pueden hacer edificios de pacotilla. Y por toda Colombia se entregan edificios de chamboneo. Si construyen con arena, cemento, poco hierro y arequipe, hacen billete, pero llega la tragedia. Lo de Medellín parece igualito al petardo de las planchas que Cemex puso en la autopista norte de Bogotá, que se han partido como si fueran galletas de soda Noel. Por ese disparate monumental, la Alcaldía de Bogotá demandó a Cemex por trescientos mil millones. Cemex, defendiéndose, respondió: “Nanay, la culpa es del frío bogotano a la madrugada”. Alcalde Petro: a ese pleito póngale pilas, cobre, exija, acose a los abogados, porque esa multimillonaria suma salió de los paganinis de Bogotá en impuestos. Pilas, revisen las grietas del edificio, pueden amanecer con un ascensor encima. ¡Y sería muy incómodo!

Poncho Rentería

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