Al borde de la desesperanza

Al borde de la desesperanza

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15 de octubre 2013 , 08:41 p.m.

A pesar de que el ministro Alejandro Gaviria haya hecho un llamado a todos los actores del sector de la salud a continuar aportando sus ideas para que se superen las dificultades que afronta el sistema, e invitado a no caer en la desesperanza, tal como van las cosas se presagia que la tan anhelada reforma marcha hacia el fracaso.

Si se hace un seguimiento al itinerario que ha llevado, podrá advertirse que desde un principio se le imprimió un rumbo equivocado. El Ministro de Salud, con buena intención pero de manera apresurada, puso a consideración del Congreso un proyecto de ley ordinaria divorciado de una ley estatutaria.

En su momento manifestamos que se estaba colocando el carro por delante del caballo. Explicable, entonces, que la propuesta gubernamental, por exhibir contradicciones y mantener vicios de la Ley 100, no haya tenido buen recibo en los sectores conocedores del problema.

En su trámite por el Congreso, el proyecto ha comenzado a ser descuartizado y a soportar remiendos, no todos acertados ni desinteresados. Piénsese que por la trascendencia y las implicaciones de distinto orden (económicas, políticas, regionales, etc.) que conlleva una ley de tal naturaleza, su suerte está sujeta a muchas presiones que, inevitablemente, inciden en las decisiones de los parlamentarios. Si se tiene en cuenta, además, que la actual es una época preelectoral, propicia para que intervengan intereses personales, la posibilidad de obtener una eficaz reforma es muy remota. Todo hace suponer, entonces, que lo que ocurrirá será una réplica de la malhadada reforma de la justicia.

El actual gobierno se halla en la recta final de su mandato con tiempo y espacios reducidos para maniobrar, es decir, para proponer y ejecutar. No obstante, es posible que aún pueda lograr cambios trascendentales, de fondo, como el que pretende hacer en el sector agrario. El país viene clamando a gritos que se haga una reforma del sector salud, pero una Reforma –con mayúscula– de verdad histórica. No son pocas las propuestas que circulan al respecto, algunas bien orientadas, que deberían canalizarse y aprovecharse en un ambiente ponderado, alejado de intereses distintos a los puramente sociales.

Hace un año, desde esta misma columna, propuse que se propiciara una concertación a través de una comisión presidencial, compuesta por representantes de los sectores más comprometidos con la suerte de la salud, para que se encargara, en un tiempo prudencial, de redactar una ley ordinaria, que contemplara todo lo requerido para obtener la reforma anhelada. Un proyecto surgido así, mediante sano e inteligente consenso, que no diera lugar a desvíos ni a suspicacias, tendría que ser aprobado por el Congreso sin mayores dilaciones.

Frente al destino que lleva la ley ordinaria, debo declararme pesimista, es decir, situado al borde de la desesperanza, aun desconociendo la suerte de la ley estatutaria, hoy en manos de la Corte Constitucional.

En medio de esta encrucijada, vuelvo a considerar que lo más razonable sería que el Gobierno retirara su propuesta y convocara, con carácter urgente, una comisión de concertación, liderada por el Ministro de Salud, encargada de elaborar un proyecto de ley consensuado para ser presentado en la primera legislatura del 2014.

Señor Presidente: en sus manos está la suerte de la salud de sus compatriotas.

Fernando Sánchez Torres

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