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El Dane, sesenta años de buenas prácticas

El Dane, sesenta años de buenas prácticas

En el presente mes llega el Dane a los sesenta años de haber sido creado como organismo independiente y autoridad estadística nacional, pues hasta ese entonces sus funciones estaban adscritas a la Contraloría General de la República.

Tengo con el Dane un entrañable compromiso moral, pues allí se inició mi carrera profesional en 1969 y se fortaleció mi formación y experticia al disfrutar de cursos de especialización y seminarios en Chile, Alemania y Francia. De esos sesenta años puedo decir que le he hecho seguimiento a los últimos 45, bien como sea como funcionario, consultor externo o usuario a nombre de otras entidades.

Se trata de la entidad cuya responsabilidad misional es la producción de la información que transformada en conocimiento permite una adecuada formulación y seguimiento de las políticas que, a su vez, son la base de la planeación como proceso.

El Dane tuvo su época de oro cuando el Ejecutivo nacional, a cargo de Carlos Lleras Restrepo, en el marco de una reforma administrativa de todo el sector público, expidió el Decreto 3167 de 1968 que profesionalizó al Dane y lo modernizó, a tal punto que, tres años más tarde, los trabajos de investigación y producción estadística tenían un amplio reconocimiento nacional e internacional y se trabajaba de consuno, mediante alianzas estratégicas, con amplios sectores académicos entre los cuales se destaca el CID y CIE de la universidades Nacional y de Antioquia, respectivamente.

De esa época se destacan el traslado del cálculo de las Cuentas Nacionales del Banco de la República al Dane, la iniciación del programa de la encuesta nacional de hogares, la creación del Sistema Nacional de Inscripción, que con sus registros de personas pretendía mantener una base de datos actualizada de todas las personas que en un futuro reemplazaran los censos, además de un fuerte énfasis en la formación de los funcionarios públicos con responsabilidades en el campo estadístico.

Sin embargo, con el tiempo todo ese gran esfuerzo se fue marchitando en una especie de inercia virtuosa y la situación llegó a extremos de que el Dane, sin presupuesto suficiente, le tocaba vender sus servicios a las otras entidades públicas cuando se puso de moda el paradigma de trabajar en función de la demanda.

En el pasado gobierno hubo un lapso de tres años, 2004- 2007, con el retorno de Ernesto Rojas Morales, en el cual se puso de nuevo de moda el Dane, con la realización del primer censo general 2005 con utilización de un dispositivo móvil de captura de datos que permitió su procesamiento en tiempo récord, y la formulación del Plan Nacional de Información Básica (Planib) que combinaba el tratamiento de la información de campo de censos y encuestas con los registros administrativos de las otras entidades públicas previo un proceso de validación y homologación.

Lo anterior fue un salto tecnológico de grandes dimensiones, pues se pasó de la cultura del papel a la cultura digital, con lo cual el Dane se empoderó de la gestión del conocimiento lo cual aumentó su eficiencia organizacional en lo que atañe al manejo gerencial de la información.

Para ilustración del lector no especialista, podemos citar el caso del censo de 1993 en el que se gastaron centenares de millones de hojas de papel sin que la administración central tuviera un eficiente control del proceso, pues nunca se pudo establecer si el material que se recolectó era el que efectivamente correspondía. En cambio con la aplicación del Dispositivo Móvil de Captura (especie de computador manual) en el censo general 2005, desde el nivel central se podía advertir si un encuestador en campo se salía de su zona o no la diligenciaba completamente, o si en vez de aplicar el formulario ampliado de la encuesta cocensal el encuestador se daba sus mañas para aplicar el formulario básico que era más reducido. Todo ello ameritaba que al final de la jornada el supervisor de turno le hiciera ver al encuestador las fallas en las que había incurrido y le exigía los correctivos del caso de manera inmediata.

Recientemente, Chile uno de los países con mayor tradición y cultura estadística de América Latina, se vio obligado a admitir el fracaso del último censo de población realizado, por los grandes fraudes que se presentaron en el diligenciamiento de la información en papel, con lo cual se perdió una cuantiosa inversión de recursos públicos.

El presente Gobierno ha tenido como una de sus ideas de fuerza el ingreso de Colombia a la Organización internacional para la Cooperación y el Desarrollo Económico (Ocde), cuyo decálogo de buenas prácticas requiere del fortalecimiento del Dane, como entidad técnicamente independiente y creíble y que actúe de acuerdo con los estándares internacionales de general aceptación. Y que además, que sea capaz de transformar una bodega de datos (data warehouse) , en una fábrica de gestión del conocimiento empoderado para apoyar la investigación y la toma de decisiones.

Por los informes que recientemente se han publicado sobre los pasos que el país viene dando en ese proceso, lo hecho por el Dane ha merecido los elogios de los funcionarios de la Ocde, lo cual es un justo reconocimiento a lo que viene haciendo, y caen como anillo al dedo en la celebración de sus sesenta años.

AMADEO RODRÍGUEZ CASTILLA
Economista consultor

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