Las lecciones de 'La caída del halcón negro'

Las lecciones de 'La caída del halcón negro'

Entrevista a Mark Bowden, autor del 'best seller' sobre la Batalla de Mogadiscio.

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13 de octubre 2013 , 11:16 p.m.

La misión sería rápida y precisa, como se espera que actúen las fuerzas especiales de Estados Unidos. Pero todo acabó convertido en un verdadero infierno.

Era la tarde del 3 de octubre de 1993 cuando un contingente formado por 19 helicópteros, doce vehículos y 160 hombres salió desde su base en el aeropuerto de Mogadiscio, la capital de Somalia, hacia el centro de la ciudad.

¿Su objetivo? Capturar a importantes miembros de la milicia liderada por el ‘señor de la guerra’ Mohamed Farrah Aidid, uno de los más poderosos en la guerra civil que desgarraba al país. La operación quirúrgica no tomaría más de una hora, de modo que muchos no llevaron ni municiones ni alimentos adicionales.

Pero cayeron en una emboscada. Dos helicópteros UH-60 Black Hawk fueron derribados y las tropas quedaron atrapadas bajo intenso fuego durante 14 horas. Cuando finalmente lograron salir, el balance era desolador: 19 efectivos estadounidenses murieron y 79 resultaron heridos. Los somalíes tuvieron 500 muertos y más de 1.000 heridos. Al año siguiente, el presidente Bill Clinton retiró todas las tropas de Somalia. Precisamente, el mismo país donde nació la milicia radical islámica Al Shabaab, responsable del reciente –y sangriento– ataque a un centro comercial en Nairobi, que dejó 74 muertos.

El periodista estadounidense Mark Bowden –autor de Killing Pablo, sobre cómo fue la cacería de Pablo Escobar– fue quien reconstruyó la historia de esta emboscada a través de una serie de reportajes que publicó en 1997 en The Philadelphia Inquirer y que dos años más tarde se convirtió en el libro La caída del halcón negro.

“En 1993, el país estaba en ruinas. No había un gobierno y la ciudad de Mogadiscio estaba dividida en territorios controlados por los ‘señores de la guerra’. Cualquier vestigio de orden civilizado se había derrumbado y por las calles se veían caravanas de combatientes de las diferentes facciones fuertemente armados”, dice Bowden sobre este episodio ocurrido hace ya dos décadas y que pasó a la historia como la Batalla de Mogadiscio.

¿Cree que el fin de la Unión Soviética y de la Guerra Fría (1991) generaron una excesiva confianza en el gobierno de Bill Clinton al enviar tropas a Somalia?

No lo creo. Una vez que la Guerra Fría acabó, Estados Unidos tenía –y sigue teniendo– la mayor fuerza militar del mundo. Y como resultado, una enorme presión cayó sobre Washington para que actuara en diferentes crisis en el mundo. Como lo estamos viendo ahora con Siria. Pienso que en 1993 hubo una aproximación un poco inocente. Muchos estadounidenses, incluyendo a nuestros líderes, se creyeron invulnerables. Pero fue una experiencia humillante.

¿Cuál fue el mayor error de esta operación en Somalia?

Fue admirable que Estados Unidos interviniera para ayudar en la entrega de alimentos en medio de la hambruna. Pero la idea de arrestar a Mohamed Farrah Aidid fue el gran error. Intervinimos en una guerra civil en la que había muy pocas posibilidades de éxito.

¿Y qué lecciones cree que Washington aprendió tras la Batalla de Mogadiscio?

El país aprendió muchas cosas. La más importante fue que toda intervención militar tiene un costo. Ese es el legado definitivo de Somalia, el cual se ha visto reflejado en el debate en torno a qué debe hacer Estados Unidos ante la guerra civil en Siria. Hoy, ningún político estadounidense va a decir que debemos intervenir con tropas. El costo sería altísimo y probablemente no resolvería la crisis.

En esa época, los estadounidenses vieron por televisión las imágenes de sus soldados muertos y heridos. ¿Cómo afectó eso la opinión pública?

Creo que mataron algo que estaba creciendo: creer que Estados Unidos podía actuar como la policía del mundo y que podíamos usar nuestra fuerza militar para objetivos humanitarios. De modo que, para bien o para mal, EE. UU. dejó de intervenir por motivos humanitarios. Salvo en catástrofes naturales donde los militares no corran peligro de morir.

¿Cómo habría sido la Batalla de Mogadiscio si hubiese ocurrido en esta época?

Dudo mucho que las fuerzas estadounidenses se hubiesen desplegado de la misma manera o usado las mismas herramientas. Las fuerzas militares hoy son mucho más flexibles y competentes al desarrollar operaciones como la de Black Hawk Down. Principalmente por la experiencia obtenida en Irak y Afganistán. Las tácticas y el uso de drones para observación y ataque hoy son mucho más sofisticados.

El año pasado, usted publicó ‘The Finish’, sobre la operación en que mataron a Osama Bin Laden. ¿Cuán difícil fue su investigación?

A diferencia de La caída del halcón negro, donde pude recoger los testimonios de muchos de los soldados que estuvieron en Somalia, la operación en Pakistán involucró un grupo muy selecto, de modo que la posibilidad de hablar con ellos fue mucho más difícil. En el caso de The Finish también tuve la oportunidad de hablar con fuentes de alto rango, aunque el acceso a esas personas significó un gran esfuerzo y una larga espera. Una de ellas fue el Presidente de Estados Unidos.

¿Y cómo fue entrevistar a Obama sobre la muerte de Bin Laden?

Entrevistarlo en la Casa Blanca fue un privilegio; él fue muy agradable y cooperador. Quedé impactado por su fluidez al contar la historia; me ayudó mucho con detalles sobre reuniones y momentos específicos. Desde el comienzo (Obama) se involucró profundamente en este episodio. No podría haber sido un mejor entrevistado.

¿Qué fue lo más sorprendente de toda su investigación?

Hubo muchas cosas sorprendentes y fascinantes. Pero lo que más me impactó fue lo arriesgada que fue la misión, porque las tropas estadounidenses regresaron sin sufrir ninguna baja ni haber tenido que enfrentarse a fuerzas paquistaníes. La sensación de mucha gente es que se trató casi de una operación de rutina, pero cuando se analiza el riesgo que corrieron, resulta extraordinario que hayan entrado a Pakistán con cuatro helicópteros, enfrentaran a Bin Laden y regresaran con su cuerpo en un lapso de 4 a 5 horas sin ser detectados. Pakistán no es un país atrasado en términos militares, tienen una Fuerza Aérea sofisticada, sistemas de defensa tierra-aire y militares muy bien entrenados. Que los Navy Seals hayan podido entrar y salir sin ser detectados es una de los historias más sorprendentes de nuestros tiempos.

Diez años después de este episodio en Somalia, el presidente George W. Bush invadió Irak. ¿Las lecciones de la guerra urbana en Mogadiscio se pusieron en práctica en Bagdad?

Mogadiscio fue la operación de combate más importante de toda una generación. En términos estrictamente militares, sí hubo lecciones aprendidas en Somalia (sobre guerra urbana) que se aplicaron en Irak. Pero fueron circunstancias completamente diferentes. Somalia fue un esfuerzo militar con fines humanitarios a instancias de la ONU, mientras que Irak fue casi una venganza; en parte fue ir tras Saddam Hussein y, al mismo tiempo, un ejemplo de la convicción de que EE. UU. puede enfrentar a sus enemigos en cualquier lugar del mundo y derrotarlos.

Un libro que recoge los dos lados de la batalla

En ‘La caída del halcón negro’ (1999), Bowden reconstruyó la trágica operación en Somalia a través de una serie de reportajes publicados en 1997 en ‘The Philadelphia Inquirer’. Para ello entrevistó a decenas de soldados estadounidenses e incluso regresó a Mogadiscio para recoger los testimonios todavía frescos de los somalíes, un aspecto que el filme basado en el libro –dirigido por Ridley Scott en el 2001– dejó un poco de lado. Dos años después lo compiló y amplió en el libro.

El autor de ‘Killing Pablo’

Mark Bowden es el autor de ‘Killing Pablo: The Hunt for the World’s Greatest Outlaw’ (2001), exitoso libro de investigación en torno a la figura de Pablo Escobar. Allí, Bowden revela detalles inéditos de la persecución de 16 meses que acabó con la muerte del capo. El último de sus títulos es ‘The Finish: The Killing of Osama Bin Laden’ (2012), relato pormenorizado de la cacería mundial para dar con el paradero del líder y fundador de Al Qaeda.

ALBERTO ROJAS MOSCOSO
El Mercurio (Chile)

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