La Paz, donde el café lo cosechan manos de mujer

La Paz, donde el café lo cosechan manos de mujer

En esta finca de Palestina (Caldas) solamente hay recolectoras. La mayoría son maduras y casadas.

13 de octubre 2013 , 10:37 a.m.

Ligia Argote, una mujer sesentona, rememora que hasta hace pocos años la recolección de café era un trabajo casi que exclusivo para los hombres. Las mujeres solamente podían dedicarse a hacer de comer a los recolectores.

Hoy en día, ella y otras ocho mujeres son las protagonistas de una nueva historia. En la finca La Paz, de Palestina (Caldas), solamente hay recolectoras de café.

Aunque Ligia se sigue levantando a las 4 de la mañana, de lunes a viernes, para despachar a su esposo y a sus hijos, quienes se desempeñan en las labores del campo, después se afana para cumplir con las obligaciones a las que la mujer campesina pareciera estar reservada: barrer, lavar la ropa, dejar el almuerzo listo para que cuando su marido o sus hijos regresen encuentren que comer.

Cuando termina los quehaceres del hogar, Ligia se alista para marcharse para su trabajo en La Paz. En esta época, cuando se recoge la cosecha grande de café en Caldas y el Eje Cafetero, en esa finca amas de casa y mujeres cabeza de familia demuestran sus capacidades, no solo para recolectar el café, sino para pesarlo, lavarlo, secarlo y empacarlo; labores que muchos consideran solo pueden hacer bien los hombres.

Diariamente, las nueve trabajadoras actuales de La Paz llegan felices a su segundo hogar, una parcela de tres hectáreas enclavada en las montañas caldenses, donde su esfuerzo es bien remunerado y, lo mejor, valorado. En el ‘pico’ de la cosecha el número de recolectoras podrá aumentar a 20.

‘Son cuidadosas’

El maquillaje y el color del esmalte se desvanecen con el roce de los rústicos tallos del café y la humedad de sus hojas. Ellas no pierden la vanidad, aunque la meta diaria sea llenar sus costales con al menos 50 kilos del grano, que puede representarles 16 mil pesos (les pagan a 320 pesos el kilo recogido).

“Aunque no son igual de veloces a los hombres para recolectar el grano, sí son cuidadosas, tiernas y curiosas, y además, ganan lo suficiente para sus gastos personales”, comentó Angélica María Escobar”, propietaria de La Paz. Ella no les exige a sus recolectoras que madruguen, como en otras fincas, porque sabe que deben dejar sus casas en orden y hasta hacer el almuerzo.

El equipo de trabajo de estas recolectoras es un balde, una estopa y una escalera, por si tienen que trabajar en la altura. Algunos de los palos de café son muy altos.

Fanny Cardona, de 60 años, otra de las recolectoras, lleva ocho años moviéndose en un ambiente que suele ser machista, pero hasta el momento este trabajo le ha permitido costearle la carrera de Enfermería a su hija de 18 años.

La confianza que ha depositado María Angélica en estas maduras chapoleras para recoger y vender sus cosechas le ha dado prestigio a La Paz, no solo por la cantidad sino por la calidad del grano, ya que es óptima.

“Una cosa queda clara, el hombre es fuerte, vigoroso y rápido, y eso es necesario en la recolección, pero el café también necesita ternura y delicadeza, además de meticulosidad, y eso solo lo ponemos las mujeres”, comentó María Angélica.

JOHN JAIRO BONILLA
Para EL TIEMPO
PALESTINA (CALDAS)

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