Cuando perder era cuestión de método ... (Opinión)

Cuando perder era cuestión de método ... (Opinión)

Colección de hazañas y derrotas de la Selección Colombia.

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12 de octubre 2013 , 11:43 p.m.

Hubo una época en que Colombia estaba acostumbrada a ver perder todo el tiempo a sus equipos de fútbol. Perdía la Selección Nacional, perdían los equipos que la representaban en la Copa Libertadores. De vez en cuando se producía alguna hazaña aislada, como la clasificación al Mundial de Chile o a los Juegos Olímpicos de Múnich. O el subcampeonato en la Copa América de 1975. Pero de aquellas proezas aisladas poco o nada quedaba, salvo el recuerdo y una enorme carga de nostalgia.

Basta revisar los números de las eliminatorias a los mundiales anteriores a 1990 o las participaciones en Campeonatos Suramericanos (luego Copa América) anteriores a 1987 para encontrarse con un vasto panorama de fracasos.

A partir de 1945, cuando Colombia comenzó a participar en el Campeonato Suramericano, durante décadas las derrotas fueron casi permanentes, y las goleadas estrepitosas llegaron con mucha frecuencia. En sus primeras participaciones en este evento Colombia perdió 9 a 1 con Argentina y 7 a 0 con Uruguay (1945), 6-0 con Argentina y 5 a 1 con Perú (1947), 5 a 0 con Brasil (1949), y 8 a 2 con Argentina y 9 a 0 con Brasil (1957).

Lo mismo se puede decir de las eliminatorias a los Mundiales, salvo la milagrosa clasificación a Chile 1962, en la que un triunfo en Bogotá por la mínima diferencia y un empate en Lima a un gol bastaron para asistir por primera vez al Mundial. Y aunque ese Mundial se le recuerda por la apoteosis del empate 4-4 ante Unión Soviética, en realidad la actuación de Colombia fue muy pobre. Colombia perdió 2 a 1 ante Uruguay y 5 a 0 con Yugoslavia.

Aquel 4-4 ante la URSS fue, durante 28 años, el máximo logro internacional del fútbol colombiano, lo cual habla de la pobreza franciscana a la que parecía estar condenada la afición. De hecho, en las eliminatorias al Mundial de Inglaterra de 1966 se volvió a las andadas, y como gran recuerdo Colombia se trajo de Santiago una goleada 7 a 2 ante Chile. Cuatro años después, la eliminatoria a México 1970, un nuevo fracaso, que tuvo como momento cumbre la goleada 6 a 2 que le propinó Brasil a Colombia y que algunos celebraron porque hacerle dos goles a Brasil en Río “es mucha la gracia”.

Las eliminatorias a Alemania-74 trajeron una nueva hazaña aislada: un triunfo por 1 a 0 a Uruguay en Montevideo. Pero los resultados globales le permitieron a Uruguay ir al Mundial por tener mejor diferencia de goles. En esa ocasión se cumplió otra frase muy colombiana: “Faltaron cinco centavos para el peso”.

El otro oasis de gloria en el desierto de las derrotas y los fracasos fue la Copa América de 1975, en la que Colombia logró llegar a la final luego de barrer a Paraguay y Ecuador en la primera fase, y una épica semifinal ante Uruguay. Pero en la final Colombia enfrentó a gran Perú de Teófilo Cubillas y tuvo que resignarse con un subtítulo y el consuelo de haber quedado mejor clasificada que Brasil, Argentina y Uruguay. Otra vez “faltaron cinco centavos para el peso”.

Tras la epopeya de 1975 parecía que el fútbol colombiano despegaría. Pero no. La eliminatoria al Mundial de Argentina, en la que Colombia nacionalizó a cinco jugadores, fue otro desastre, aunque con un comienzo que emocionó al país, algo que haría sonreír a un aficionado nacido en tiempos posteriores: ¡Un empate ante Brasil en El Campín! Sin embargo, ante Paraguay se perdió 1 a 0 en Bogotá y en el Maracaná de Río de Janeiro Brasil le aplicó seis goles a Colombia. Aquella eliminatoria terminó con un meritorio e inútil empate a un gol en Asunción.

En los dos primeros mundiales de los años 80 se hizo el esfuerzo de preparar un equipo competitivo. El país tuvo la ilusión con Carlos Salvador Bilardo (1981) y Gabriel Ochoa Uribe (1985), pero el resultado fueron dos nuevas frustraciones, alternadas con flojas presentaciones en las Copas América de 1979 y 1983.

Entonces Francisco Maturana tomó el mando de la selección Colombia y, a partir de un trabajo pensado más en el mediano plazo, Colombia entró en la senda del éxito. A partir de la gran actuación en la Copa América de 1987, se inició un proceso continuo que, más allá de algunos cambios menores, se mantuvo a lo largo de la década de los 90. Tras salir tercera y ganarle a Argentina en su propia casa, Colombia logró despertar toda suerte de elogios de la prensa mundial por la calidad de su juego.

Una gira europea en 1988, con un empate a un gol frente a Inglaterra en Wembley, refrendó lo hecho un año atrás. Y si a esto se suma la dramática clasificación a Italia 90, la llamada era Maturana fue sin duda el primer suceso exitoso de la historia de la selección.

En Italia 90 Colombia accedió a octavos de final tras un empate memorable a un gol frente a Alemania. Colombia ya era un equipo que le jugaba de igual a igual a cualquiera, sin complejos. El alto nivel se mantuvo en las Copas América de 1991 y 1993, en las que obtuvo cuarto y tercer lugar, y sobre todo en la eliminatoria al Mundial, la del famoso 5 a 0 a Argentina.

Un partido de ‘trámite’

Vino después el aterrizaje de barrigazo de Estados Unidos luego de que el país entero se había preparado para celebrar un título mundial. A pesar de la conmoción que provocaron las derrotas ante Rumania y Estados Unidos, a Francisco Maturana lo sucedió su asistente de campo, Hernán Darío Gómez, con lo cual se mantuvo más o menos en pie el proyecto, lo que le permitió a Colombia asistir al Mundial de Francia de 1998, donde tuvo una muy discreta actuación.

Vino luego la era de Javier Álvarez, a grandes rasgos continuador del trabajo de Maturana y Gómez, con una destacada actuación en la Copa América de 1999, la del triunfo 3 a 0 frente a Argentina.

Con la llegada del nuevo siglo Colombia volvió a la senda de los perdedores. ¿La razón? Un partido que en principio era de trámite hizo regresar a Colombia a épocas que parecían superadas. En efecto, la derrota 9 a 0 ante Brasil en el preolímpico de los Juegos de Sydney 2000 supuso la salida de Álvarez y la llegada, un mes antes de que arrancara la eliminatoria a Japón Corea 2002, de Luis Augusto el Chiqui García.

De nuevo Colombia cayó en el reiterado error de cambiar técnicos sobre la marcha, apagar incendios en vez de trazar procesos, y el resultado fue la eliminación de Colombia en los tres siguientes Mundiales, más el espejismo de haber ganado la Copa América del 2001 ante rivales poco calificados y en un clima enrarecido. Colombia volvió a caer en la irregularidad, perdió identidad (en cada partido jugaba diferente) y se volvió, otra vez, un equipo de mitad de tabla en el concierto de Suramérica.

La llegada de José Néstor Pékerman a la Selección Colombia en el 2012 trajo de nuevo los vientos favorables de la era Maturana. Colombia ha vuelto otra vez a ser una potencia respetada, no sólo por la calidad de sus jugadores, que siempre los ha tenido, sino por la solidez de su juego. Con Pékerman Colombia se volvió más incisiva en ataque y, más importante aún, ha vuelto a ser un equipo sólido y coherente, lo que de nuevo le ha permitido jugar de igual a igual y sin complejos ante cualquier rival que le pongan enfrente.

¿Cuánto durará esta nueva luna de miel entre Colombia y la élite del fútbol mundial? Esa es la gran pregunta que se hace un país que vuelve a ilusionarse como en tiempos del 5 a 0 a Argentina y que no quisiera sufrir otro guarapazo.

EDUARDO ARIAS
*Periodista independiente y amante del fútbol. Presentador del programa ‘Todo lo que vemos’, de Señal Colombia.

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