Nobel de la Paz fue para la lucha contra armas químicas

Nobel de la Paz fue para la lucha contra armas químicas

La OPAQ lidera la destrucción del arsenal sirio. Con el fallo, el premio vuelve a sus raíces.

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11 de octubre 2013 , 07:28 p.m.

Oslo (Reuters y Efe). La Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAQ), que supervisa la destrucción del arsenal de Siria, es la ganadora del Premio Nobel de la Paz 2013. Por segundo año consecutivo, el galardón se lo llevó una organización y no un individuo. Esta vez una pequeña –con un presupuesto modesto–, que ganó visibilidad en los últimos meses por la labor que realiza en medio de la crisis siria.

La OPAQ envió a sus expertos a Siria luego de que un ataque con gas sarín causó la muerte de cientos de personas en agosto. Su despliegue, respaldado por la ONU, ayudó a evitar una intervención militar estadounidense.

No obstante esa coyuntura, el Comité Nobel explicó que la OPAQ es merecedora del Nobel no solo por este caso particular sino por sus “extensivos esfuerzos por eliminar las armas químicas”, si bien destaca que “los recientes eventos en Siria, donde han vuelto a ser usadas armas químicas, subrayan la necesidad de mejorar los esfuerzos para eliminar este tipo de armas”.

La misión de la OPAQ no tiene precedentes en medio de una guerra civil, que ha devastado Siria y causado la muerte de más de 100.000 personas. Miembros del organismo con sede en La Haya quedaron bajo fuego el 26 de agosto en Siria. La inspección y la destrucción de las armas químicas continúa, con un equipo de 27 expertos en el campo.

Este reconocimiento para la OPAQ marca de alguna manera el retorno a las raíces clásicas del Nobel de la Paz, relacionadas con el desarme, luego de algunas premiaciones recientes como las de la Unión Europea en 2012 y el presidente estadounidense, Barack Obama, en 2009 (véanse notas alternas).

La OPAQ es la entidad encargada de aplicar la Convención contra las Armas Químicas, la cual entró en vigor en 1997 y que ha sido suscrita por 189 Estados. El director general del organismo, Ahmet Uzumcu, afirmó: el premio refuerza “nuestra motivación y dedicación para conseguir la paz en Siria”.

Uzumcu espera que este premio “sea una motivación para que los seis países que aún no se han sumado a la Convención de Armas Químicas de 1993 lo hagan”, en referencia a Israel, Egipto, Angola, Corea del Norte, Sudán del Sur y Birmania.

Thorbjoern Jagland, jefe del comité del Premio Nobel de la Paz, dijo que el galardón era un recordatorio para que las naciones con grandes reservas de armas químicas, como Estados Unidos y Rusia, se deshagan de sus propios arsenales, “especialmente porque están demandando que otros hagan lo mismo, como Siria”.

La Comunidad Internacional se congratuló de la concesión del galardón a este organismo. El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, destacó el hecho de que la concesión del Nobel de la Paz a la OPAQ se haya producido 50 días después del ataque con armas químicas registrado cerca de Damasco.

El Gobierno de EE. UU. felicitó al organismo y sostuvo que ese premio reconoce su “valentía” y “determinación” para llevar a cabo su “vital misión” en medio de una guerra en Siria. La UE, por medio del presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, celebró el Nobel de la Paz porque “reconoce a la OPAQ sus esfuerzos para reducir el armamento químico, y en especial por su labor en Siria.

¿Por qué no ganó Malala Yousafzai?

Aunque capturó la atención mundial y era dada como la gran favorita, Malala Yousafzai no se llevó el Premio Nobel de la Paz 2013. La niña, que recibió un balazo en la cara por defender el derecho a la educación femenina en Pakistán, perdió frente a la Organización para la Prohibición de Armas Químicas (OPAQ).

Pero, lejos de jugar en su contra, las razones por las que Malala perdió validan su perfil como figura internacional y la ponen entre las favoritas para llevarse el premio en el futuro más o menos cercano.

A sus 16 años, Malala habría sido de lejos la persona más joven en recibir un Nobel de Paz. De hecho, habría tenido la mitad de la edad que tenía cuando ganó la periodista yemení Tawakkol Karman, que lo recibió en 2011, a los 32 años.

Esto quiere decir que Malala podría recibir el Nobel dentro de 15 años y aun así ser la galardonada más joven.

El Comité Nobel le apuesta a este hecho, que además le permite a Malala ganar experiencia, terminar la escuela, avanzar en su recuperación y habituarse a su papel de ícono mundial de la defensa de la educación.

El Comité noruego ha dado a entender que consideró el impacto que el premio puede llegar a tener en una persona tan joven, pero además las implicaciones en materia de seguridad. Si bien Malala ya es un símbolo internacional, un Nobel la pondría en una lista en la que aparecen figuras como la Madre Teresa, Nelson Mandela y Martin Luther King, lo que la convertiría en un blanco mucho más valioso para sus enemigos talibanes o cualquier grupo extremista.

Finalmente, al optar por premiar al OPAQ, el Comité usa el Nobel para visibilizar la causa del desarme químico, que tiene en Siria un desafío monumental y un momento de verdad. El premio es justo y, con perdón del lugar común, necesario. En todo caso, no es como si el Comité Nobel no hubiera ignorado antes a personas que se merecían ganar. Basta recordar que el ícono mundial de la resistencia no violenta, Mahatma Gandhi, fue obviado en 1937, 1938, 1939 y 1947. Solamente tras su asesinato, en 1948, el Nobel reparó en su omisión, por lo que muchos creen que a eso se debió que ese año fuera declarado desierto. La pacifista de EE. UU. Jane Addams fue nominada 91 veces entre 1916 y 1931, cuando recibió el premio.

Realidad o expectativa

Eduard Soto
Editor Internacional

El Nobel concedido ayer a la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAQ) no hace más que confirmar una tendencia en la que el Comité Nobel premia a un organismo o a un personaje no por sus logros de paz sino para impulsar una causa de paz. Un galardón no a las realizaciones, sino a las expectativas.

El Nobel para el presidente estadounidense Barack Obama cuando llevaba poco tiempo en el poder, e incluso el del año pasado para la Unión Europea, que entonces atravesaba lo más duro de su crisis económica, confirman las motivaciones aspiracionales que viene manejando el mayor reconocimiento del mundo y su afán de impulsar procesos, no realidades.

El premio para la OPAQ justifica ese principio. Aunque parece beber de las fuentes fundadoras del galardón, probablemente, sin el mandato otorgado por el Consejo de Seguridad para encargarse del desarme químico de Siria, que de paso evitó –de momento– una intervención militar de Occidente, el reconocimiento hubiera caído en otras manos. No en las de la OPAQ, un organismo de un perfil hasta ahora discreto que si bien ha hecho importantes contribuciones al desarme en aplicación de la convención sobre las armas químicas, no competía en favoritismo con otras candidaturas, entre ellas la de la adolescente paquistaní Malala Yousafzai. Por ahora, la OPAQ vive los gozosos, pero habrá que esperar cuando empiecen a aparecer obstáculos a su misión en la guerra Siria.

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