China para todos

China para todos

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11 de octubre 2013 , 04:49 p.m.

China atrae cada vez más atención, convertida en 20 años en segunda potencia económica. Sus índices y políticas son seguidos al minuto porque afectan a poderosos, emergentes y atrasados. Pero el espectacular crecimiento de dos décadas viene en caída, lo que obliga a reformas inminentes, a las que además se apuesta el plan de duplicar el PIB y el ingreso por habitante para el 2020. Se predice viraje de fuera hacia dentro: consumo interno en vez de exportación; enfriamiento del recalentamiento por endeudamiento excesivo, riesgo común a países que han abusado del crédito, en vez por ejemplo de invertir en infraestructura; más competencia y reforma monetaria; liberalización de la finanza concentrada en bancos estatales; mejora en seguridad social y redistribución de la utilidad empresarial. Se trata de “crecer menos, pero crecer mejor”, según el ex primer ministro Wen Jiabao. Los desafíos son enormes por la enormidad de problemas como incorporar a la actividad económica 800 millones de la periferia, la asimetría regional escandalosa del atraso.

Es el fenómeno socioeconómico más profundo de esta época, que se despacha con descripción sin explicación, en parte por el hermetismo dirigente de lo que por sí solo es un mundo donde conviven múltiples manifestaciones culturales y socioeconómicas; una reciente, el comunismo, primero tan ortodoxo como para descalificar el soviético, luego el pragmatismo como mezcla de socialismo y mercado, este, según un dirigente, “mecanismo importante para lograr cosas, pero tampoco una religión”. Lo que se insinúa es disminuir el control del Estado y la influencia de sus empresas, pero desde el unipartidismo omnímodo, consiguientes restricciones y paradojas democráticas notables, lo que regresa a la cuestión de fondo: el modelo de desarrollo tanto general como sobre todo para sociedades atrasadas, punto que incentiva el reto chino al Occidente liberal.

China continúa bajo la centralización como principio, pero reajustándola como ahora cuando frena, racionalizándola, una productividad a toda costa, mirando más al largo que al corto plazo, atendiendo factores como empleo, bienestar, desarrollo sostenible, el medioambiente, víctima principal del crecimiento salvaje; lentitud en nombre de la calidad, lo que frente a la marginalidad supone aliviar la migración de la ruralidad a la urbanidad y sus oportunidades para aumentar la demanda interna, iniciativa calculada en 400 millones de personas en el resto de la década; la urbanización, una locomotora, como se dice en el trópico.

Se sabe qué piensa el modelo mundial dominante, del chino no tanto, interesante en su trayectoria y más en su evolución porque es más lo experimental que la cartilla del establecimiento, con alcance considerable porque afecta no a un país cualquiera, sino al capaz de inclinar la balanza geopolítica y renovar ideología, economía, demografía, poder en fin, todo lo cual llama la atención general y la de países que de pronto ven que el atraso no es fatal.

Jorge Restrepo

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