Qué hacer para salvar los monumentos de Bogotá?

Qué hacer para salvar los monumentos de Bogotá?

Educación e identidad cultural, las única vías. De lo contrario, el ciclo de maltrato se repetirá.

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10 de octubre 2013 , 10:01 a.m.

Cristóbal Colón y la reina Isabel saludan a quienes, desde el aeropuerto, llegan a Bogotá por la calle 26 en el occidente de la ciudad. Son anfitriones imponentes, pero descuidados y envejecidos. Sus pedestales, repletos de grafitis ilegibles o alusivos a los equipos de fútbol de la ciudad, terminan de empeorar su triste aspecto.

Este monumento, de 120 años, fue elaborado en 1893 por el maestro italiano Cesare Sighinolfi y es solo una de las casi 800 estatuas que existen en Bogotá. De ellas, hay 35 declaradas como Bienes de Interés Cultural y cuyo trabajo de recuperación prioritaria adelanta, desde hace un año, el Instituto de Patrimonio Distrital de Bogotá. (Lea la entrevista con la directora del Instituto, Maria Eugenia Martínez Delgado).

Ser bien de interés cultural significa, según la ley, que se debe garantizar su valoración, conservación y recuperación, para hacer posible su disfrute como bien cultural y garantizar su permanencia como símbolo de identidad.

El monumento de Colón es solo un caso de cientos de maltrato y abandono de las estatuas y monumentos de la ciudad. Y para salvarlos no basta la limpieza, la restauración o la reubicación. Expertos consultados por ELTIEMPO.COM coincidieron en que el problema es de fondo, de identidad cultural e histórica de los bogotanos.

El que no conoce, destruye

Para Fabián Sanabria, director del Instituto Colombiano de Antropología e Historia (Icanh) el Distrito debería, como primera medida, retomar la Sociedad de Mejoras y Ornato de Bogotá y darle fuerza convirtiéndola en parte del Instituto Distrital de Patrimonio de Bogotá, lo que garantizaría recursos y mayor capacidad de acción.

"Esta entidad fue creada precisamente para eso, para velar por los monumentos y el patrimonio de Bogotá" dijo Sanabria. Sin embargo, aclaró que el tema no es sólo de entidades o de dinero. "Es clave que haya campañas en escuelas y colegios de la ciudad para que entiendan que los monumentos no son objeto de burla o mofa, sino que narran la historia del país. Por eso hay que respetarlos y valorarlos".

Y agregó: "Me temo que los jóvenes no tiene conciencia alguna de la historia ni de aquellos a quienes se les yergue una estatua. Eso es ignorancia pura. Por eso las destruyen y las maltratan, porque la ignorancia es atrevida".

En ese aspecto coincidió la profesora María Isabel Mayorga, arquitecta experta en patrimonio de la Universidad Nacional de Colombia. "El patrimonio está ligado a lo que nos pertenece, los monumentos no nacen como tales, sino que se convierten en representativos por el valor que le da la gente. Si la gente no conoce su historia y no se identifica con estos objetos, sencillamente no le duele destruirlos", explicó.

Ella misma, incluso, ha liderado iniciativas con varios colegios de la ciudad en las que se hace un recorrido por el centro histórico. En esas caminatas, se detalla la historia de monumentos y construcciones históricas y se crea conciencia sobre la necesidad de conservarlas.

Se trata de enseñarles que la calle o la plaza no es son una entidad, sino de todos. Por eso tenemos que cuidarla, evitar que se lastimen andenes, no llenar de grafitis los monumentos porque hay espacios para ese tipo de expresiones. Alterarlos es pasar por encima de los derechos de una comunidad".

Trabajo conjunto entre sociedad, colegios y educadores

Maria Victoria Uribe, directora de la Sociedad de Mejoras y Ornato de Bogotá, considera que la labor para salvar los monumentos de la ciudad tiene tres componentes: educativo, sancionatorio y ciudadano. Por eso, propuso la creación de un grupo interdisciplinario encargado de velar por la preservación de los monumentos de la ciudad.

"Debería estar liderado por academias de historia y colegios para que se reviva la cátedra de democracia, donde se aprenda a ser ciudadano y conocer la historia. Además, es necesario fortalecer y hacer valer las sanciones por parte de las autoridades. Castigar a quienes dañen un monumento. Incluso, se debería obligar a quienes los destruyen a trabajar para devolverlos a su estado original", explicó Uribe de Guzmán.

Todo eso se sumaría a lo que la experta llama "equipos de unión" entre los ciudadanos, que incluyan brigadas de vigilancia y aseo. "Tenemos poca vocación de voluntariado y creemos que es sólo responsabilidad del Estado. Pero no es así. Ellos, con sus funciones específicas, se pueden convertir en nuestros aliados. Por ejemplo, si hay poca iluminación en un monumento, es clave acudir a la Empresa de Energía y acordar las soluciones al respeto", dijo la directora de la Sociedad de Mejoras y Ornato.

Al final, todas las voces consultadas coincidieron en que, si no hay sentido de pertenencia, si no se conoce la historia y no se siente la ciudad como propia, será muy difícil respetar y ayudar a preservar los monumentos de la ciudad. Como dijo Fabián Sanabria: " quien los daña debería sentir que adquiere una deuda simbólica con la cultura. La gente debería ser capaz, si odia al personaje de la estatua, de hacer una manifestación artística paralela en vez de destruir".

REDACCIÓN ELTIEMPO.COM

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