¡Jaca!

¡Jaca!

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07 de octubre 2013 , 08:53 p.m.

Si algo he esperado siempre de un artista es que logre emocionar con su obra. Que conmueva, que invite a la reflexión, que alborote los recuerdos, que convoque la nostalgia, que arranque lágrimas, que genere preguntas, que despierte la imaginación. Y si parte de esa emoción llega por cuenta de la belleza, si invita a la contemplación y provoca el gozo, mejor aún.

Eso me pasa con la obra del pintor Carlos Jacanamijoy: me conmueve como pocas y me deleita sobremanera; pero me da aún más: me contagia siempre un sentimiento que va más allá del gozo. Un gozo que, cuando uno menos se da cuenta, se transforma en una suerte de experiencia espiritual: además de deleitar, relaja.

Y no me extrañaría que tuviera también poderes sanadores: que contemplar la obra de Jaca pusiera en orden algunos de esos elementos de los que estamos hechos y que no logramos identificar.

No me extrañaría: al fin y al cabo, su obra se inspira en gran medida –y está claramente enraizada– en la rica y profunda cultura inga. La de sus ancestros del valle del Sibundoy, en el alto Putumayo. La de una región que vivió durante siglos bajo la sabia influencia de Cuzco. La que ha descifrado muchos de los secretos medicinales de las plantas. La que sabe que la mirada occidental es limitada y que, en busca del supuesto desarrollo, ha dejado atrás muchos valores fundamentales.

Y Jaca, que nació en Putumayo y que viaja con enorme frecuencia a reencontrarse con su familia, a alimentarse del consejo y de la magia de su pueblo, a rendirle homenaje a su fallecido padre –que fue respetado chamán–, ha asumido su arte también como un compromiso con su historia. Un hermoso y fructífero compromiso.

Sí, su obra tiene una afortunada dosis de magia. Allí, en sus lienzos, en medio de las formas, de los colores vivos y alegres, de los trazos magistrales, hay magia. Hay un paisaje que no es el que se ve con los ojos, sino con el alma. Un paisaje que solo logran reconstruir los que han tenido la fortuna de conservar parte de la esencia de los niños, de su sabiduría, de su curiosidad y de su imaginación. Como Jaca.

Las pinturas de Jacanamijoy han viajado y han sido aclamadas en lejanos rincones del planeta. Ahora, con afortunada curaduría de Álvaro Medina, el Museo de Arte Moderno de Bogotá tiene colgada una retrospectiva de su obra que bien vale la pena visitar. Al fin y al cabo, Jacanamijoy es, sin duda, uno de los más grandes pintores de la historia del arte colombiano.

Fernando Quiroz
@quirozfquiroz

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