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Editorial: La jefa, en el hospital

Editorial: La jefa, en el hospital

El sábado en la tarde, los argentinos sabían que algo estaba pasando en lo más alto del poder ejecutivo. Corrían rumores sobre la salud de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, pero nadie en la Casa Rosada, sede del gobierno, se atrevía a decir si todo era normal o si había surgido alguna novedad. Los Kirchner no son famosos por su transparencia. Néstor, el difunto esposo de Fernández y expresidente de la república, profesaba poca simpatía por la prensa y era renuente a abrir sus ventanas a la opinión pública.

Faltaban once minutos para las diez de la noche cuando se desveló el misterio. El jefe de comunicaciones de la presidencia leyó un boletín según el cual la mandataria sufre una “colección subdural crónica”; es decir, un coágulo en la parte externa del cerebro. El origen del problema fue un golpe sufrido el 12 de agosto pasado sobre el que no se dieron detalles. Tras ocho horas de silenciosos exámenes, los médicos de una prestigiosa clínica de Buenos Aires diagnosticaron el coágulo y recomendaban a la paciente un mes de reposo, lo que implica su retiro temporal de la presidencia.

El momento es complicado para Fernández, pues no solo coincide con la campaña de elecciones legislativas, que finaliza el 27 de este mes, sino que el llamado a sustituirla, el vicepresidente Amado Boudou, está acusado de corrupción y su popularidad anda por los suelos.

La Presidenta fue elegida en diciembre del 2007 y reelegida en el 2011. Desde entonces, las cifras de la sección peronista que ella representa han bajado de manera notable en urnas y encuestas. Precisamente la víspera del golpe que sufrió, Kirchner obtuvo en las elecciones primarias los peores resultados de una década. Si la tendencia se repite el 27, tendrá problemas con las cámaras en los dos años que le quedan en el poder.

El hombre que la reemplaza tiene una larga historia de causas penales –veinte– y afronta ahora dos por corrupción. Una tiene que ver con viáticos no utilizados y no devueltos. La otra lo complica en el rescate oficial de una empresa, Ciccione, con la cual, al parecer, tenía vínculos por debajo de cuerda. Boudou no será una “colección subdural crónica” en la cúpula del gobierno, pero sí, indudablemente, un dolor de cabeza.

editorial@eltiempo.com.co

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