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Coronel Plazas... ¡escuche, lea y cierre sus ojos!

Coronel Plazas... ¡escuche, lea y cierre sus ojos!

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Coronel Plazas, al igual que la realidad y todo lo inverosímil e inaudito en ella, la literatura y la ficción también tienen como su galaxia más lejana una metáfora figurada como la cumbre de todo dolor: “Un alma desgarrada / con el alma desgarrada…”. Una analogía, además –para mí–, ya muy gastada. Y no sé qué me produzca más tedio que leer recursos narrativos o descriptivos sumamente utilizados como: “El hombre de sus sueños / La mujer de sus sueños…” ¡Valiente recurso de fetiches ya jubilados! Por esos los clásicos siempre tendrán el lugar que ostentan con la mejor elocuencia para la narración; sin embargo, coronel Plazas, usted sabe muy bien que la ficción –en Colombia– se babea por los “inspirados recursos descriptivos” de una rimbombante realidad pintada por incontables falsos testimonios como los nombrados por Plinio Apuleyo Mendoza en su última columna; y ni qué decir de la riqueza narrativa de nuestra ‘ciega’, emperifollada y ventajosa justicia, cuyos capitales y torrentes de argumentación fiscal son como el misal de un energúmeno inquisidor con aliento de régimen opresor viendo brujas por doquier.

Yo comprendo y vivo su indignación, coronel Plazas. Pero hoy no escribo para reteñir las pruebas de su inocencia, ¡ni a mí ni a nadie le hacen falta! Mas… ¿qué maquiavélico, oscuro y susurrador poder es capaz de eclipsar semejante verdad y sostener tan arbitraria sentencia hilada a punta de embustes y mentiras? ¿Quiénes son los mayores beneficiarios, las Farc, el narcotráfico, ambos? ¿Qué clase de pérfida justicia pasa de largo ante las ficciones de un Alcalde Mayor y las historietas de sus ‘torturas’ cuando usted verdaderamente estaba en Europa? ¿Posee usted, coronel Plazas, el don de la ubicuidad? ¿Acaso no es allí –frente a la mentira y la injuria desmantelada– donde el rigor de una sentencia debe ser un ejemplo social de justicia nacional y, asimismo, el mitómano –hoy ataviado de corbata– debe, por lo menos, rectificar?¡No, coronel Plazas! Es un sueño demasiado esplendoroso; un asunto que jamás ocurrirá en Colombia con una justicia tan permeada: la antítesis de una salomónica imparcialidad con bases en la moral y la razón. Además, el raudal de las coherentes pruebas a su favor superan todos los gritos de un ente acusador que solo se contentará con su humanidad expuesta en una pira de consumación y de ser en plaza pública, ¡mejor! Porque nuestra ‘ególatra justicia’ jamás evolucionó, su descarriada vanidad no le permite reconocer sus más infames errores e, igualmente, a la mayoría de sus fatuas togas, ¡les gusta el show!

Lo que a usted, a su familia y un montón de verdaderos patriotas les han hecho con tan corrompido libreto de ‘justicia’, es la falanga más descomunal; un suplicio sin compasión; y lo peor, coronel Plazas: todos hemos sido partícipes de semejante guion inquisidor. Se salvarán pocos en nombre de los verdaderos héroes como Plinio Apuleyo Mendoza y Eduardo Mackenzie, entre otros. Ellos nunca se han dejado acallar. Renglón aparte merece el coraje de muchas mujeres como su esposa Thania Vega.

Yo –la verdad, y aunque parezca demasiado pretencioso, coronel Plazas– solo quiero intentar llevarlo a un abismo liberador; cocer sus más intimas misantropías para que usted jamás olvide lo que el país entero un día le agradeció y luego –a manos de tan nefasto y vergonzoso péndulo de injuria– lo condenó. Su mirada y su silencio no son la aceptación de un error; es un desmesurado dolor de indignación: usted arriesgó su vida por la Nación y esta misma, desagradecida y corrupta ‘Nación’, hoy lo tortura con un ‘pasado’ que usted jamás ejecutó.

Coronel Plazas, escuche al hombre liberador, ¡aquel que cargó la cruz! Lea siempre y todos los días sus buenos momentos: ¡esos nunca se los podrán inculpar, ni se los podrán arrebatar! Luego, para finalizar, cierre sus ojos y rememore toda su libertad corporal porque toda su conciencia está en paz.

Andrés Candela
@andrescandla

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