Los engaños del venezolano que mató a su novia y se lanzó de edificio

Los engaños del venezolano que mató a su novia y se lanzó de edificio

Parientes de Carla Mejía revelan que tras su crimen hubo complicidad de la familia del victimario.

06 de octubre 2013 , 10:58 a.m.

El día en que el venezolano Jorge Enrique Vergara asesinó a Carla Cristina Mejía fue tan dramático como aquellos en los que estuvieron enamorados. La engañó de principio a fin. Cuando se conocieron él se presentó como Daniel Molina. No podía usar su nombre verdadero porque en Venezuela lo buscaban por la muerte de la actriz Sabrina José Contreras, con quien también sostuvo una relación sentimental y a la cual secuestró, torturó y violó en el 2010 tras culminar su noviazgo. Así lo hizo con Carla el pasado sábado 28 de septiembre.

Esa tarde, ella confió en que se vería con la madre del hombre de 25 años, quien –según un correo electrónico que le habría mandado tres días antes– viajaría hasta la ciudad para intermediar en la situación que en las últimas tres semanas –desde que lo abandonó– se había vuelto caótica. Vergara amenazaba con matar a toda su familia si esta no volvía con él.

El viernes, según su prima María Eugenia Ramírez, recibió la llamada de la mujer: “Me dijo que era la mamá de él. Yo le pregunté que si estaba segura y me dijo que si”.

Nunca hubo duda, pues según Ramírez, su prima la conoció en marzo de este año, cuando se enteró del verdadero nombre de su pareja y del pasado que le había ocultado.

El 6 de enero de 2013 la Oficina Central Nacional de Interpol Bogotá registra la captura de Vergara en un centro comercial de Medellín. Desde esa fecha, y durante dos meses, Carla no volvió a tener noticias de él. Pero una llamada de los padres de Vergara le devolvió el alma al cuerpo.

“La hicieron viajar (a Bogotá) y allá dizque le explicaron que era mentira de lo que acusaban a su hijo en Venezuela”, aseguró María Eugenia, quien denunció que su prima le había contado que la libertad de Vergara le había costado mucho dinero a la potentada y reconocida familia venezolana.

Por ese antecedente fue a la cita que le pusieron en un edificio de El Poblado y, aunque no tenía miedo, su prima no la dejó ir sola. Algo le decía que era un engaño.

Ideó un plan con el que pensó proteger a Carla por si algo salía mal: “Le dije que dejara la llamada abierta que yo le haría apenas se subiera al ascensor. Si era la mamá de Jorge, tenía que decirme: ‘tranquila, pero si era él, tenía que gritar”.

Y así fue. Más que un grito, lo que escuchó la mujer, fue una expresión de horror. Inmediatamente llamó a la Policía. Llegaron en pocos minutos. María Eugenia recibió dos llamadas más. En una de ellas escuchó la voz amenazante del asesino de su prima: “Dígale a su prima que se vaya y no le hago nada”. Fue lo que alcanzó a oír.

Afuera, los agentes y bomberos que habían llegado hacían esfuerzos sobrehumanos por ingresar al apartamento del piso 13 donde la tenía encerrada. Pero fue imposible. La puerta de este y sus ventanas eran blindadas.

El suplicio de Carla duró alrededor de dos horas. El del hombre continuó durante tres horas más. Al verse acorralado por la Policía, con la imagen del cuerpo inerte de la mujer postrada en la cama y rodeada de cuchillos ensangrentados, saltó al vacío.

Solicitud de extradición

EL TIEMPO tuvo acceso a la solicitud de extradición que hizo Venezuela al enterarse de la captura de Vergara. Aunque el proceso lo inició el Juzgado Noveno de Primera Instancia del estado de Aragua el 17 de enero (11 días después de la detención) solo hasta el 4 de abril se mandó a Colombia. Sin embargo, este ya estaba en libertad.

Eso, precisamente, es lo que no se explica la familia de Carla, que se enteró, tras su muerte, de que la Interpol le había expedido la circular roja tres años antes. El crimen por el cual lo buscaban lo perpetró el 18 de julio del 2010. Secuestró a Sabrina Contreras en un parqueadero, delante de su hermana menor.

Tres días después (21 de julio) de la desaparición, el hombre salió del aeropuerto Maiquetía con destino a Bogotá. Así consta en el Servicio Administrativo de Identificación, Migración y Extranjería de Venezuela. El cuerpo de Contreras fue hallado el 28 de julio en la población La Victoria del estado Aragua.

Los padres del hombre admitieron que sabían que su hijo viajó a Colombia, pero lo que se negaron a revelar fue su ubicación exacta. Dijeron que no tenían información al respecto.

Sin embargo, la vida de Vergara en Medellín fue llena de lujos, aunque no tenía parientes en la ciudad. Por lo que la Fiscalía de Venezuela –según consta en el documento– no tuvo duda en que su familia quiso “interferir” en el proceso.

Lo más aterrador, para los investigadores colombianos y venezolanos, fue la sevicia con la que asesinó a las dos mujeres que le dieron su amor. De ambas abusó sexualmente, las golpeó y al final las acuchilló hasta la muerte.

Pero el dolor de la familia colombiana pudo ser evitado si la Justicia –dijo María Eugenia– hubiese actuado con “responsabilidad”.

Así quizá, Carla estaría aún alegrando sus vidas con la inagotable sonrisa que la caracterizaba.

YEISON GUALDRÓN
REDACTOR DE EL TIEMPO

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