Techo de la deuda: la pelea que viene

Techo de la deuda: la pelea que viene

Para el Departamento del Tesoro podría ser 'catastrófico' y causar una crisis peor que la de 2008.

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05 de octubre 2013 , 11:13 p.m.

Aún sin resolverse el impasse que llevó al primer cierre del gobierno federal en casi 18 años, Estados Unidos enfrenta desde ya otra crisis cuyas consecuencias podrían ser aun peores.

Si para fines de octubre el Congreso no aprueba una ley para elevar el techo de la deuda, EE. UU. comenzará, por primera vez en la historia, a incumplir algunas de sus obligaciones financieras.

Esta semana, el Departamento del Tesoro publicó un reporte en el que sostiene que tal posibilidad sería “catastrófica” y que, de hecho, podría enviar al país a una nueva recesión, como la que se vivió en el 2008.

El problemático concepto de ‘techo de la deuda’ se deriva del hecho de que Estados Unidos gasta más de lo que recauda a través de impuestos, por lo que debe pedir prestado el excedente para financiar sus operaciones. La mayor parte de esa deuda está en forma de bonos del Tesoro, que son comprados por individuos particulares y gobiernos alrededor el mundo.

A lo largo de los años, el país ha ido acumulando una deuda que hoy día llega casi a los 17 billones de dólares. Esa deuda tiene un límite máximo y, cuando se cumple, el Congreso debe aprobar una ley que autorice la ampliación del llamado ‘techo’. El límite actual es 16,7 billones de dólares, una cifra a la que se llegó en mayo de este año.

Desde entonces, el Tesoro viene utilizando medidas extraordinarias y maniobras contables para continuar cubriendo sus gastos. De acuerdo con el gobierno, a partir del 17 de octubre ya no podrá seguir cumpliendo con todas sus obligaciones financieras si no se eleva el techo.

Si para esa fecha no se ha elevado la capacidad de endeudamiento de EE. UU., el Tesoro ya no podría adquirir más deuda, por lo que no pagaría a tiempo –o al menos no totalmente– sus obligaciones. Entre estas se cuenta el pago de los intereses que debe por la deuda, el pago puntual a los pensionados, a los empleados federales, contratistas, veteranos de guerra y muchos más.

Esto jamás ha sucedido en la historia del país. Esa es precisamente la razón por la cual otros gobiernos e inversionistas alrededor del mundo compran bonos del tesoro estadounidense, pues los consideran una apuesta segura.

Desde 1940, el Congreso de EE. UU. ha elevado el techo de la deuda en 79 ocasiones. Por lo general se hace una o dos veces al año, en un trámite que suele ser rutinario. Pero desde que los republicanos tomaron el control de la Cámara en las elecciones del 2010, las cosas se han complicado.

Aunque este partido tiene como bandera la disciplina fiscal y empuja por nuevas reducciones al gasto público, un sector –al que la administración Obama denomina ‘extremistas’– ha decidido llevar su pelea hasta las últimas consecuencias.

Dado que las leyes deben ser aprobadas por ambas Cámaras (los demócratas controlan el Senado), el techo de la deuda ha sido utilizado, al igual que el presupuesto de gasto del gobierno, como palanca para obtener concesiones del presidente y de su partido.

El ‘Obamacare’

A cambio de su visto bueno, los republicanos exigen no solo recortes al gasto sino ajustes al ‘Obamacare’, la reforma de la salud que se aprobó en el 2010, además de varias otras cosas, como la construcción de un oleoducto entre Canadá y Texas.

El presidente ha dicho que no cederá ante lo que considera que claramente es un chantaje, y menos cuando, en sus palabras, “se toma como rehén” la estabilidad de la economía estadounidense. La gran ironía de esta disputa es que el techo de la deuda debe ser ampliado para poder cumplir con obligaciones que el mismo Congreso adquirió en el pasado.

En cuanto a qué puede pasar si el país incumple sus pagos, “nadie lo sabe porque nunca antes había pasado”, explica Lloyd Blankfein, ejecutivo en jefe de Goldman Sachs y para quien, en todo caso, sería “un escenario devastador”.

El Tesoro, en su informe, lo pone así: “Un incumplimiento tiene el potencial de ser catastrófico: el mercado de crédito se congelaría, el precio del dólar se desplomaría, las tasas de interés se dispararían, sus efectos le darían la vuelta al mundo y podría desatarse una crisis financiera y una recesión similar a la que se vivió en el 2008 o peor”.

Sergio Gómez Maseri
Corresponsal de EL TEMPO

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