¿Decantar o no decantar? / Hablemos de vinos

¿Decantar o no decantar? / Hablemos de vinos

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05 de octubre 2013 , 03:00 p.m.

En principio, y si se hace con gracia, puede ser un muy bonito espectáculo. Traspasar el contenido de una botella de vino a un decantador, esos recipientes de vidrio de las más variadas formas y tamaños; ver cómo el líquido va cayendo, el sonido que hace...

Hay muchos motivos para decantar una botella. Muchas veces, por ejemplo, es solo un show que se hace en algunos restaurantes elegantes, y para vinos especiales (y usualmente caros) con el objeto de justificar la inversión o de impresionar al cliente y a quienes están con él. Como dije, la decantación puede ser un espectáculo muy lindo.

Otras veces se hace para eliminar depósitos. Algunos vinos viejos, o nuevos que no han sido filtrados, tienen depósitos que muchas veces no son bienvenidos por los consumidores. Decantar un vino previene que estos sólidos pasen a la copa y uno, en vez de beber vino, también lo coma. Personalmente, no tengo nada contra los depósitos. En el caso de los vinos dulces de Oporto, por ejemplo, hasta me gusta untarlos en el pan.

La razón principal

La mayor parte de las veces los vinos se decantan porque necesitan respirar. ¿Qué significa eso? Algo bien simple. En la botella, el vino se encuentra en un ambiente anaeróbico, encerrado. Y a medida que va ganando oxígeno, sus aromas se revelan con mayor claridad. De la misma manera, el oxígeno ayuda a que vinos muy astringentes se suavicen un poco.

La práctica de decantar para oxigenar es común en vinos viejos, que han pasado muchos años en ese ambiente anaeróbico, y que al abrirlos se sienten más bien tímidos. Una buena decantación ayuda a que –como se dice técnicamente– el vino se ‘abra’. Otros, sin embargo, prefieren que ese pequeño espectáculo de ver al vino despertarse suceda en la copa. Hagan la prueba y vean cómo el vino –cualquier vino, la verdad– va cambiando a medida que está en la copa y a medida que ustedes lo van bebiendo. Los aromas se transforman, la textura también.

Como en todo tema más bien menor, hay grandes discusiones respecto de decantar o no decantar, de cuándo hacerlo y de por qué. De hecho, a mí me gusta decantar los espumantes, cosa que provoca sonrisas de desaprobación y hasta de burlas entre mis amigos y colegas.

Como siempre, en el vino uno hace lo que le plazca, aunque yo igual los invito a jugar con esto de la decantación y ver los cambios que experimenta el vino. Y, mucha atención: no necesitan gastarse una fortuna en esos elegantes decantadores de cristal. Con que usen la jarra del jugo, basta.

PATRICIO TAPIA
ESPECIAL EL TIEMPO

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