La difícil lucha para salvar a los perros callejeros de Bogotá

La difícil lucha para salvar a los perros callejeros de Bogotá

Darle vida digna a un gozque no es fácil, pues muchos prefieren a uno de raza. Pero ya hay planes.

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05 de octubre 2013 , 10:06 a.m.

Este es un perrito que se llama Obama. ¿Qué cuál raza es? ¿Golden?, ¿labrador?, ¿Bulldog?, no se sabe. Él, simplemente, nació, como muchos perros de Bogotá, sin techo, en medio de las basuras y sin pedigree. Tal cual y como vivía su madre.

Cuando fue rescatado “estaba forrado en huesos y ya tenía más o menos 5 años. Estaba lleno de sarna y sin pelo”, cuanta consternada Isabel García, directora de la Fundación Patitas de la Calle.

Como Obama, se estima que en Bogotá hay cerca de 700 mil animales callejeros, entre perros y gatos, que nacen en la miseria e intentan sobrevivir en el olfateo azaroso del día a día. Aguantan hambre, las inclemencias del clima, la indiferencia, el rechazo y el maltrato de los humanos (lea también: Mascotas abandonadas buscan un nuevo hogar).

Es la historia que vivieron Bombón, Burbuja y Brandy, quienes, como Obama, también terminaron ‘salvados’ en la Fundación. Los rescataron el 9 de septiembre del 2012, en una jornada de esterilización en Kennedy, donde también encontraron 45 cachorros de dos meses, de los cuales pocos sobrevivieron.

Salvar la vida a un perrito de la calle no es fácil. Más que ganar la confianza de estos animales, que muchas veces huyen porque se sienten arrinconados, el lío está en que el Distrito cuenta solo con el Centro de Zoonosis para atender a dicha población.

Este lugar, además de no dar abasto, nunca fue creado para ser usado como refugio. Sus funciones están consignadas en el Artículo 7 del Decreto 2257 de 1986 e indican que éstas se orientaran a vigilar, diagnosticar, prevenir y controlar la zoonosis (enfermedades que puedan ser transmitidas a los humanos).

Los perros que llegan a este centro en condición de “vagos” (así los llama la Resolución 1065) y que no sean reclamados y reúnan las condiciones de temperamento, estado físico, edad y condición higiénico sanitaria, pueden pasar a un proceso de adopción, que en muchas ocasiones es muy largo.

Muchas de las personas consultadas para este artículo temen que los canes que no cumplan con estas condiciones, es decir, aquellas especies que llegan muy desnutridas y con condiciones de higiene deplorables; son sacrificadas en un plazo que no supera las 72 horas, versión que no confirman las fuentes aquí consultadas.

Esa tendencia de ver a estas mascotas como un problema que debe ser eliminado, y no como un ser vivo que merece respeto, parece estar cambiando en los últimos meses en Bogotá. Este año, la administración Distrital ordenó la construcción del Centro Ecológico de Protección y Bienestar Animal o “Casa Ecológica de Animales”.

Serán 8 mil millones de pesos que se destinarán a esta obra, según el Decreto 85 del 6 de marzo del 2013, que busca seguir con la protección de los animales, con programas como el que sacó de las calles a decenas de caballos que antes eran usados como “zorras” por los recicladores informales.

El terreno ya fue donado por el Departamento Administrativo de la Defensoría Pública a la Secretaría de Ambiente, y este mes se podría realizar la licitación para la adjudicación de la obra, asegura el secretario Néstor García, uno de los promotores del proyecto.

La construcción estará lista para el 2015 y durante el 2014 se trabajará en la creación de un plan integrado para el cuidado de los animales domésticos, admite Carmen Rocío González Cantor, quien es la líder del proyecto y en la actualidad se desempeña como subdirectora de Silvicultura, Flora y Fauna Silvestre.

El tiempo pasa…

Pero mientras esto ocurre, decenas de canes siguen expuestos en las calles o sometidos a largas esperas para ser adoptados porque el interés por un animal criollo o gozque, como dicen algunos, es menor frente a los que sí tienen pedigree. ¿Qué hacer? Una propuesta es imitar la exitosa campaña de Razas Únicas que nació en Costa Rica.

En la casa de adopciones Territorio de Zaguates, observaron que el 90% de perros rescatados son de “raza mixta” y al momento de la adopción son menospreciados sobre los de “raza pura”. Los voluntarios Lya Battle y Álvaro Saumet encontraron la forma para atacar la indiferencia y el desinterés. Querían cambiar la “percepción y aumentar el interés en perros mestizos”.

Encontraron expertos caninos para que seleccionaran perros de refugios y detectaran todas las razas presentes en ellos. Después de eso, los especialistas hallaron en ellos un detalle propio, dando como resultado: una raza única.

Luego los perros se ilustraron, fotografiaron y dibujaron, como si se tratara de un libro especializado. Y ya pintados, se pusieron a buscar nuevos nombres para bautizar a estas nuevas razas. Y el resultado fue tan sorprendente y peculiar, como Dobernauzer Alemán Rabigordo o Alaskan Collie Pelucherrier.

Para finalizar se hizo una campaña por medios de comunicación y redes sociales, que en pocos minutos fue casi viral, dando como resultado “el interés de las personas”. Se iniciaron muestras de arte, desfiles y estos animales pudieron estar en exposiciones caninas, como nunca se había pensado. Al final, después de que estas razas fueron reconocidas, se aumentó el número de adopciones en 1.400%.

“La Secretaria de Ambiente aún no ha hecho grandes pronunciamientos ya que hasta ahora está conociendo el tema de los animales de la calle y hay documentarse de la manera adecuada”, cuenta Roberto García Rubio, jefe de Comunicaciones de la Secretaría de Ambiente, pero ya se analiza dentro del presupuesto la creación de campañas en búsqueda de generar conciencia hacia la adopción.

Al Secretario de Ambiente la idea de Costa Rica le pareció atractiva, y aunque en el momento no hay previsto un presupuesto para este tipo de campañas, todo se está estudiando y se espera que pronto los animales domésticos que viven en la calle tengan un apoyo real y trascendental.

De hecho, la administración Distrital ya está emitiendo comerciales en televisión para apoyar la adopción de razas criollas o mestizas en Bogotá.

Hasta hoy, el Centro de Zoonosis seguirá aplicando las medidas de control de salud pública y cuando la Casa Ecológica de Animales entre en funcionamiento, el centro retomará sus funciones originales y solo debe recoger y controlar animales que tengan enfermedades peligrosas para el ser humano o letales para el animal.

Obama, al final, pasó por muchos tratamientos de recuperación, y él, a diferencia de otros otros animales rescatados, tuvo una madrina salvadora que persistió en su atención. Después de varios meses empezó a responder a los medicamentos y pasó de ser “un esqueleto ambulante a un perro feliz, sano, amigable y amado por la bella familia que lo adoptó”, dice Isabel García, feliz y satisfecha por cada historia que puede contar de esta manera.

El cambio más importante que se espera es el de conciencia de los bogotanos, que cambien las estadísticas que muestra el último censo canino, donde el 65 % de los perros que viven como mascotas son “de raza”, y que al igual que ha aumentado el interés por los rescates aumente también, en igual proporción, el número de adopciones.

LILIAN MARIÑO
UNIVERSIDAD JAVERIANA

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