Editorial: ¿Ciao, Berlusconi?

Editorial: ¿Ciao, Berlusconi?

03 de octubre 2013 , 07:39 p.m.

En la política, como en la lucha japonesa cuerpo a cuerpo, la clave consiste en aprovechar la fuerza del rival para derribarlo a partir de su propio impulso. Es lo que acaba de ocurrir a Silvio Berlusconi, maestro italiano en malas artes de la política: intentó promover la caída del gobierno en el que participaba y terminó en el suelo.

El ex primer ministro y antiguo cantante, zar de las comunicaciones, jefe del heteróclito partido derechista Pueblo de la Libertad (PDL) y acusado de varios delitos, formaba parte hasta la semana pasada del gobierno de Enrico Letta, uno más en la larga serie que caracteriza el inestable mar de la política italiana. El anterior se cayó cuando don Silvio lo quiso y el de Letta dependía de la voluntad de un hombre que ha arrastrado 34 procesos a lo largo de dos décadas.

La crisis se precipitó el 17 de septiembre, cuando el Tribunal Supremo ratificó la condena contra Berlusconi por sobornar a un juez a fin de adquirir ilegalmente una empresa. El fallo no solo lo obliga a pagar cerca de 650 millones de dólares a la competencia, sino que se añade a otro que, a principios de agosto, lo condenó a cuatro años de prisión y cinco de inhabilidad política por fraude fiscal. Hasta ahora, Berlusconi había logrado evadir la cárcel propiciando amnistías acomodaticias y amparándose en su fuero de senador. Para zafarse de la última sentencia necesitaba el respaldo del Gobierno y el Senado, y, al negarse Letta, retiró sus cinco ministros del gabinete y se dispuso a quitar el piso a Letta en el Senado. Pero no calculó bien. Primero, uno de sus más cercanos discípulos, Angelino Alfano, anunció que se apartaba de las instrucciones de Berlusconi y apoyaba al Ejecutivo. Y enseguida se formó un motín a bordo del PDL, que el miércoles tuvo amargo desenlace para el controvertido personaje. El Senado respaldó a Letta y a Berlusconi no le quedó más remedio que apoyarlo. Era la única manera de aminorar su derrota.

Muchos dicen que este fracaso entierra a Berlusconi y lo deja a merced de la ley, que por fin podrá atraparlo. Pero en la política italiana hay vivos que están muertos y muertos que resucitan. Ojalá se vaya del todo Berlusconi, que tanto daño ha hecho al país. Pero no lo perdamos de vista, por si acaso.

editorial@eltiempo.com.co

 

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