De personajes y alteraciones

De personajes y alteraciones

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02 de octubre 2013 , 07:49 p.m.

‘Renoir’, dirigida por Gilles Bourdos. Respetuosa semblanza familiar del anciano pintor impresionista Auguste, junto a su hijo Jean –cineasta en ciernes que regresa cojo de la guerra–. Emerge la figura emblemática de una joven modelo, musa o elíxir de la juventud para el padre artista y compañera o fiel actriz de las cintas mudas del segundo. En su casa campestre de la Riviera, hacia 1915, el viejo convaleciente busca cierta desnudez femenina para igualar la perfección estética de sus bañistas y lavanderas.

‘La religiosa’ (novela de Diderot), según Guillaume Nicloux. Sin pretender superar la controvertida pero magnífica versión de Jacques Rivette, en 1966, la historia de la monja Suzanne Simonin ocupa un lugar destacado como muestra del período de la Ilustración. En efecto, la joven, internada en un monasterio del siglo XVIII, sufre toda clase de vejaciones y sus libertades son constreñidas al exigírsele los votos de castidad, pobreza y humildad. Tesis final: “Lo más parecido al infierno es un convento”.

‘Adiós a la reina’, del veterano director Benoit Jacquot. Se trata de María Antonieta de Habsburgo, en el fatídico julio de 1789 para Versalles, que a su vez marca una fecha revolucionaria del ámbito popular. Entretenimiento mundano, musicalizado por Bruno Coulais, en torno al presunto lesbianismo de la heroína y su dudosa serenidad ante circunstancias históricas por obra y gracia de una lectora inocente.

‘De óxido y hueso’, de Jacques Audiard. Historia de la crisis actual en el norte del país, con un rebuscador de oficio que lucha por mantener a su pequeño hijo en actividades no muy legales, y la entrenadora de orcas en Antibes, quien sufre un terrible accidente. Marion Cotillard –discapacitada sorprendente– y el carismático actor belga Matthias Schoenaerts protagonizan encuentros y desencuentros que evidencian sus respectivos talantes.

‘Holy Motors’, con puesta en escena de Leos Carax. Delirante recorrido en una limusina blanca por las calles de París, con bodega de utilería y maquillaje, cuyo excéntrico pasajero alterna disfraces o personalidades gracias al camaleónico Denis Lavant. El millonario que hace las veces de banquero y mendigo, de honorable padre de familia y asesino en serie, de víctima y victimario, de acordeonero y moribundo se sitúa en los terrenos del absurdo o sinsentido.

Mauricio Laurens
laurens@etb.net.co

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