Editorial: Freno a un negocio mortal

Editorial: Freno a un negocio mortal

30 de septiembre 2013 , 08:05 p.m.

En menos de una década, la producción y comercialización de medicamentos falsos se convirtió en un negocio tanto o más lucrativo que el de las drogas ilícitas. Semejante afirmación aparece contenida en el último informe del Instituto Internacional de Investigación de Falsificación de Medicamentos (IRACM).

Este perverso negocio, que comenzó en manos de pequeños traficantes y particulares, hoy es un gigantesco mercado manejado por sofisticadas redes transnacionales, capaces de permear gobiernos, sistemas de salud y redes hospitalarias.

El informe de Iracm señala que China es, por encima de la India y Rusia, la principal fuente de medicamentos fraudulentos en el mundo, algo en lo que Colombia no se queda, infortunadamente, atrás: el Pharmaceutical Security Institute ubica al país en el top diez de naciones que más producen y comercializan estos productos.

Hay que poner la lupa sobre esta delicada materia. No puede pasarse por alto el que este negocio, que según las estadísticas más conservadoras mueve unos 75.000 millones de dólares al año, encuentra en la falta de control y la debilidad institucional el ambiente propicio para crecer a sus anchas. Mientras en los países ricos el porcentaje de medicinas falsas en el mercado no pasa del diez por ciento, en las naciones en vías de desarrollo cerca de un tercio son fraudulentas.

Es vital que empiece a dársele la debida importancia al alcance devastador que esta clase de fraudes puede tener sobre la salud individual y colectiva. Y es que estos no solo exponen a los enfermos a efectos secundarios insospechados, sino que los aleja de su posibilidad de mejorar un síntoma o de curarse.

El riesgo es infinito, porque cualquier medicamento puede ser falsificado o adulterado, desde antibióticos y anticonceptivos hasta tratamientos contra el sida y el cáncer.

Mal harían los ciudadanos y las autoridades de salud en quedarse estáticos contra este peligro real. De las debidas precauciones de los primeros, a la hora de comprar fármacos, y del estricto control y seguimiento de las segundas depende empezar a ponerle freno a este negocio criminal y mortal.

editorial@eltiempo.com.co

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