Mariano Rivera, el hombre de la recta cortada y la sencillez

Mariano Rivera, el hombre de la recta cortada y la sencillez

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29 de septiembre 2013 , 09:50 p.m.

Herb Raybourn, scout de Yankees de Nueva York, estaba en Panamá viendo a un paracortos. No se impresionó y al año siguiente analizó a un lanzador con recta de 84 millas por hora. Se interesó y lo firmó el 17 de febrero de 1990, era el mismo joven del campocorto: Mariano Rivera, futura leyenda de Yankees y del béisbol de Grandes Ligas.

Nueva York culminó su campaña de 2013 sin postemporada y llegó el final de la carrera del mejor cerrador de la historia, líder en salvados (652). “Me relajaba como catcher y como mánager cuando lanzaba”, fueron las palabras de Joe Girardi, actual piloto de Yankees.

Su legado no se limita a cifras, se retira muy admirado y querido por su manera de ser. “Me siento bendecido, pero el tanque se agotó. No estuve encima de otros, que se me recuerde por dar lo mejor a los demás”, dijo Rivera.

De la pesca a Estados Unidos

Nació un 29 de noviembre hace 43 años (1969) en Ciudad de Panamá, hijo de Mariano Rivera y Delia Jirón, y creció en Puerto Caimito, un lugar pobre. De niño recogía piedras y las mandaba lejos y el deporte de los bates y las manillas lo practicaba con palos, guantes de cartón y bolas elaboradas con red de pesca. Soñaba con ser grande, aunque el béisbol lo jugaba más por diversión y le apuntaba al fútbol.

La pesca es el día a día en Puerto Caimito y su padre era capitán de un barco. Mariano hijo terminó el colegio y luego trabajó en esa actividad, la cual causó la muerte de su tío Miguel Rivera en 1988, suceso que lo marcó y lo llevó más a los diamantes.

Se vinculó al equipo amateur de Panamá Oeste y un día pasó del campocorto a la lomita debido al bajo rendimiento de un lanzador. Sorprendió tanto que sus compañeros Claudino Hernández y Emilio Gáez contactaron al cazatalentos Carlos ‘Chico’ Heron, y Raybourn concretó la firma por 3.000 dólares.

Su destino: la gloria con Yankees

Sus números y dedicación destacaban en ligas menores. Corría 1992 y al intentar mejorar los envíos quebrados se lastimó el codo, cuyo ligamento por fortuna no requirió de reconstrucción. Fue el año del draft de expansión para Marlins y Rockies, que debutarían en 1993, y Yankees no lo protegió.

El exgerente general Gene Michael recuerda que “no era tan especial aún. No había razón para tomarlo”. El propio Michael detuvo en 1995 un movimiento con Tigres que involucraba a David Wells por Rivera al enterarse que el derecho registraba 96 millas por hora.

‘Mo’ o ‘Apaga y Vámonos’, como también se le conoce, debutó como abridor en la ‘gran carpa’ con la franquicia más ganadora el 23 de mayo de 1995, bajo el mánager Buck Showalter, frente a Angelinos. Afrontó antes de los play offs 43 carreras en 67 entradas y en la Serie Divisional contra Marineros mandó el mensaje que su lugar era el bullpen, donde efectivamente el piloto Joe Torre lo utilizaría en 1996.

Antes de aquella temporada de 1996 no había seguridad en torno al paracortos Derek Jeter y Marineros propuso dar a Félix Fermín por Rivera o Bob Wickman. No ocurrió el acuerdo y se acabaron 17 años de sequía: cuatro títulos en cinco años, el del 96 con Rivera como preparador exitoso de John Wetteland, a quien no le renovaron de cara a 1997.

Rivera salvó cinco encuentros en el mismo 96, el primero el 17 de mayo, con Angelinos nuevamente como testigo, y en la siguiente campaña asumiría el rol de cerrador, además de  recibir un regalo divino. 

El don de Dios y más

Durante una práctica en 1997, Ramiro Mendoza notó un movimiento de la bola que nunca le había visto a su compatriota, lo mismo percibió el catcher del bullpen Mike Borzello. No era un error sino el sello con el que se consolidaría, su recta cortada, que Rivera, quien es cristiano, la describe como un “regalo de Dios”.

Con ese lanzamiento acumuló 42 rescates en postemporada, un honor a su número, aseguró las Series Mundiales de 1998, 1999, 2000 y 2009 y rompió maderos, tantos que Mellizos le dio como homenaje la ‘silla de los sueños rotos’, elaborada con bates quebrados.

Con la recta cortada igual vivió fuertes caídas: Serie Divisional de 1997 frente a Indios, Serie Mundial del 2001 contra Diamondbacks y Serie de Campeonato del 2004. En ese mismo año falló en el cuarto juego y empezó la histórica remontada de Medias Rojas, que estaba abajo 3-0 en la serie. Blown save inolvidable para la afición ‘patirroja’, que en la ceremonia de entrega de anillos en el 2005, previa a un duelo contra Yankees, estalló eufóricamente cuando presentaron a Rivera, quien no se ofendió, sonrió, levantó su gorra y saludó.

Las derrotas le dolían, aunque el dominio absoluto volvía. “No tendríamos cinco anillos si no hubiera sido por él. No era solo talento, también mente”, resaltó su excompañero Jorge Posada, con quien junto a Jeter y Andy Pettitte integraron el famoso Core Four.

 “Enseñó a manejar cada situación, a jugar correctamente, con clase y dignidad”, elogió Shawn Kelley, relevista y compañero en el 2013.

Rivera es la otra cara de una época de trampa y escándalos. “Si pudiera cambiar algo, eliminaría los esteroides”, señaló. El dopaje ha envuelto a la tercera base de Yankees Álex Rodríguez, quien describe al panameño como su “héroe y modelo Es nuestro Roberto Clemente.”

Del susto al retiro por la puerta grande

Otra razón del éxito en las Mayores junto a la consistencia es que se mantuvo sano, solo una grave lesión: rotura de ligamento cruzado anterior en el 2012 cuando atrapaba en los jardines una pelota durante una práctica de bateo. Siempre hacía eso e incluso uno de sus sueños antes de retirarse era jugar al menos un instante como jardinero central.

¡No podía ser el final de su trayectoria en una camilla! Había que seguir oyendo Enter Sandman de Metallica, la cual significaba que iba rumbo a la lomita, y ver la recta cortada al menos un año más, y así lo decidió ‘Mo’.

Cumplió en el 2013 con más de 40 salvados y no pararon los reconocimientos donde Yankees actuó. No importaba el sentimiento hacia los Bombarderos del Bronx. Llovieron las manifestaciones de respeto, cariño y admiración, incluso de hinchas de Mets, la otra novena de la Gran Manzana, y de Medias Rojas, el archirrival.

Rivera también rindió tributo. Se reunió con trabajadores y aficionados en cada parque de pelota para conversar, escuchar historias impactantes, darles las gracias y aprender de ellos. Los periodistas adicionalmente recibieron su gratitud. “Es irreal”, escribió Jack Curry, reportero de la cadena ‘YES’.

Así fue siempre, agradecido con los demás, sus compañeros de equipo y por supuesto con Dios. “Tengo plata y fama, no soy más que el otro. Uno no se imagina cuántas vidas se tocan al ser amable”.

Acumulará más salvados del corazón: dedicará más tiempo a su familia (su esposa Clara e hijos Mariano, Jafet y Jaziel), a su religión y a sus obras de caridad. Su fundación le ayuda a niños en Estados Unidos y Panamá.

Nueva York ya le retiró su número. Su siguiente destino es Cooperstown: nadie ha entrado de forma unánime al Salón de la Fama, que en cinco años le corresponda ese honor al panameño, gran embajador además del 42 de Jackie Robinson, número que nadie más volverá a usar en Grandes Ligas.

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